viernes, 12 de diciembre de 2008

El corredor

Iba primero, focalizado en la meta, sin parar y a toda velocidad.
Había entrenado mucho para esta carrera, toda su vida pensó la noche anterior. Horas y horas de su vida utilizadas para lograr ese mejor rendimiento que tanto buscaba, ese mejor rendimiento que lo haría alcanzar la meta para poder saborearla.
Como un tiburón que detecta la sangre a kilómetros se acercaba el, a toda velocidad, oliendo el dulce sabor de la victoria. Tenia muchos adversarios detrás, pero bien sabia el que no debía pensar en eso, era una maquina, perfectamente calibrada para mantenerse enfocado en su presente que pronto seria futuro.
Una leve imperfección en el camino hizo que todo se desplomase en el piso, la efectividad de lo inesperado lo dejo tirado en el polvo con la rodilla izquierda dañada.
La “maquina” con su infinidad de puntos débiles, minuciosa y aparentemente controlados, había demostrado que nunca se esta exento de la verdad menos pensada.
El corredor vio como todos sus adversarios pasaban por sus costados, percibiendo en sus ojos esa mezcla primitiva, esa mezcla entre el enojo por ser un estorbo en el camino y el goce por la victoria ahora mas próxima.
Solo y tendido en el piso observo por un momento sus zapatillas para correr. Luego de unos segundos se las quito con disgusto, bronca e indignación.
Ahora la maquina había perdido todo lo que la hacia ser tal cosa.
Ahora el corredor caminaba en dirección contraria, poniendo atención a sus pasos.
Ahora el no estaba solo, se había encontrado con alguien a quien había perdido hace mucho tiempo, se había encontrado con el mismo.
Ahora era autentico, simplemente real.
- Ojala me encuentre con alguien que también haya tropezado y me de un poco de agua- pensó el corredor, mientras caminaba cuidando cada paso que daba.


Por: Martin

jueves, 4 de diciembre de 2008

PERSECUCION




Un día puede ser que te despiertes y no sepas quién sos. A veces puede pasar, y qué hacer cuando no se sabe quién es uno mismo? Qué hacer con ese vacío? A quién mirar en el espejo? La vida sería una empresa en quiebra, que no habría de poder vender mas ilusiones. Los hechos sucesivos en un caso así cobran una tonalidad casi irreal, indiscernibles de las fantasías y los delirios de la locura mas cruel.
Así es que una noche estaba una mujer sin nombre mirando su rostro en el espejo. Lo que le preocupaba no era la soledad, sino el vacío que ésta le provocaba.
Se desplomó en el sofá y quedó mirando el techo, que de pronto parecía que la iba a comer viva. Entonces salió corriendo inmediatamente, pensando que habría comenzado una búsqueda, la búsqueda y encierro, de quienes no tienen identidad. Con esa idea disparatada corrió por las calles del barrio que parecía deshabitado. Mientras se acomplejaba aun más la persecución, se escondió detrás de los tachos de basura de cada esquina, por no más de diez segundos en cada uno, el tiempo que tarda la desesperación en poner en marcha. Y tuvo la idea de que en la luz no iban a poder atraparla. Entonces se paró bajo un farol de la calle y quedó mirándolo. Pero se dio cuenta de que la tenían rodeada, los podía escuchar, aunque no los viera. Corrió de nuevo hasta su casa donde el miedo y el sueño la tenían muy confundida, estaba tan cansada de escapar.
De vuelta en el sofá comenzó a caer lentamente y tomó velocidad. No tenía tiempo para quedarse en el aire, ni de pie. Pero de algún lado que ni ella sabe donde, saca fuerzas y se levanta, todo está inundado. Su casa, la calle, el patio. Y es cuando ve que en frente de su casa hay un camión, con el logo de la empresa cazadora de “gente sin identidad”. Ese logo que aparece en las publicidades y encierra a las personas en estereotipos, los captura con una imagen deseada por todos. Se desespera, sabe que va a explotar, y busca refugio, detrás de la heladera, y cierra los ojos. Siente el calor de la explosión pasar a su lado sin tocarla gracias a la poderosa heladera que sirve de escudo. Y espera un momento a que el fuego se apague. Entonces sale de su casa porque ya no era lugar seguro.
Caminando de nuevo llega a una esquina donde había una casa antigua que funciona como un bar, y entra. Enseguida se da cuenta de que nada es normal en el lugar, no podría serlo. Hay muchas bestias encadenadas y con chalecos de fuerza. Son como una especie anterior del ser humano -piensa ella-, una mezcla entre gorila feroz y humano, un híbrido negro y corpulento. ¿Eso debía significar algo? Cada uno tiene un guardián que le pega con un látigo si se sobresaltan. Están descalzos, los hay por todos lados. Sin importar demasiado el sentido de la situación prosigue.
Entonces se acerca a la barra que queda en el patio trasero de la casa, y ve que todos los que estaban allí eran irlandeses, iguales entre si, con barba rojiza, vestimenta de a cuadros, como la de los escoceses, pero no eran escoceses. Pide una cerveza y se da cuenta de que está con un amigo en el lugar, entonces brindan con todos los irlandeses símiles entre si y derraman cerveza sobre la barra como festejo, ¿de qué? No se sabe. Y recorren el caserón tan extraño. En cada habitación había una música distinta, instrumentos distintos, flautas en una, tambores en la de enfrente, guitarras en otra, violines en la del fondo, etc., y en todas albergaba una bestia encadenada en el rincón, mientras hombres de cabello largo y barba leen partituras. Estaba tan confundida que decidieron salir del lugar, pero cuando iban acercándose al portón ven una carreta en la calle, era donde transportaban a estas bestias, y una se baja y trata de escapar. Viene corriendo hacia ella y ella se asusta, se encoge y queda inmóvil para dejarlo pasar, como en un momento de impotencia, de inermidad de un sueño. Mientras el guardián de esa bestia le grita que no lo deje escapar, que es su primera bestia y lo iban a echar si se le escapaba, entonces tira un latigazo que le roza el brazo, y siente el retumbe de los pasos de la bestia que pasó corriendo como una locomotora y ni siquiera la tocó. Se acordó de los cazadores que la perseguían y se preocupó de nuevo, pero supo, al ver a estas pobres bestias presas en la carreta, que su situación no era tan mala. Y volvió hacia su casa caminando, por la vereda, porque la calle seguía inundada y era como una pileta, ella no estaba de ánimos para nadar.
Llegando al barrio vio que en todas las casas de sus vecinos había fiestas de cumpleaños, muchos niños y globos. Entró en su casa y dejando atrás toda la persecución se acostó en la cama. Las tres de la mañana.
Cuando se despierta se mira en el espejo y le dice a la imagen, -esa sos vos-
Entonces sale airosa a la calle, triunfante de haber recuperado una identidad, vestida para trabajar, camino al trabajo, sube a un colectivo y hay cientos de personas como ella, sin nombres, que van camino a sus quehaceres, dejando atrás la persecución y la desilusión, con alguna identidad asumida para cierto fin. Lo único que le llamaba poderosamente la atención es que haya retornado el color, y en cierto modo eso la dejaba un poco mas tranquila. Ya no había bichos volando en el ambiente.
Tal vez ella solo se había drogado tanto que se desconectó de la realidad, eso también puede pasar. Las drogas son muy solitarias.
-
-
Escrito por: Chespi
-
-
Fotografía: Martin

viernes, 21 de noviembre de 2008

Los perros de Leibig


Esteban, un estudiante de comunicación social a los veinte años le comunicaba a su madre por teléfono que ese fin de semana iría a visitar a su abuela Isabel, que vivía en un pequeño pueblo de Entre Ríos llamado Leibig. El estaba necesitando despejarse de la gran ciudad y que mejor que unos días cerca de la naturaleza.
- Además, le voy a hacer compañía a la abuela que esta sola allá – le dijo a su madre.
El viernes muy temprano en la mañana ya estaba tomando el tren y cerca del mediodía ya estaba observando esos altos pinos que daban la bienvenida al pueblo.
Su abuela Isabel ya lo estaba esperando en la casa con unos tallarines y budín de pan para el postre.
- Hola mijo tanto tiempo, que lindo es tenerte por acá. Deja tus cosas en la habitación que ya esta lista la comida – Dijo la abuela.
- Estos días van a estar muy bien – pensó Esteban, dejando su bolso mientras observaba las fotos de su abuelo que había fallecido hace tres años ya.
Tomar mate a la tarde con su abuela, cuando ya se asomaba el atardecer en Leigbig era lo que hace tanto anhelaba mientras estaba en la gran ciudad. Esas sillas de metal con almohadones floreados, esa mesita, las plantas y la calle de tierra eran la mejor postal de sus recuerdos. No había nada que podía ser mejor en ese momento, cuando de pronto apareció este personaje simpático moviendo la cola de un lado hacia otro mientras jugaba con la abuela que se reía como en otras épocas.
- Donde te habrás metido todo el día? – le pregunto la abuela mientras se reía.
Era un perro, un Border Collie de color blanco y marrón oscuro. Se acerco a Estaban y empezó a jugar entre sus piernas mientras el le hacia cosquillas en el cuello, cuestión que al parecer le agradaba mucho al perro que se quedaba inmóvil con los ojos cerrados.
- Es macho, se llama Titán – Dijo la abuela – Por la luna de Júpiter.
- Hace cuanto lo tenes? – Pregunto Esteban
- Hace ya unos siete meses mas o menos, no le conté nada a tu madre porque viste como es… me hace muy bien su componía en estos días. Me lo regalo el hijo de Marita, le estuve curando unas verrugas y como no me gusta que me den plata me trajo el perro –
- Es perfecto – añadió Esteban
- Si, la verdad es que no pudo haberme podido hacer un mejor regalo este chico –
Titán diviso una perra que paso por en frente del pórtico de la casa y salio corriendo tras ella, Esteban y su abuela comenzaron a reír juntos mientras ella le cebaba otro de esos mates que tenían ese sabor característico. – Los mates de la abuela, que bien pasa el tiempo en este lugar – pensó Esteban – lejos de los apuros, del ruido, ese constante perseguimiento por la inseguridad, el vacío que esconde el no ser nadie entre tanta gente. Cuestión que lo mantenía ocupado pensando, cada vez que viajaba en colectivo.
- Seguís con eso de la curandería? Le pregunto a la abuela.
- Por supuesto querido, como no lo voy a hacer mas? Exclamo Isabel.
Esteban solo atino a reírse tranquilamente y tomar otro mate mientras pensaba en los libros de filosofía que habían hecho hacerlo abandonar toda creencia espiritual, estando cómodo con la posición del ateismo, con el que no debía rendir cuentas a nadie pero que en este momento lo hacia sentir tan vacío. Se reía tranquilo porque le resultaba simpática toda esta cuestión pueblerina de aferrarse a los santos y cuestiones milagrosas, que en efecto hacían que la abuela se sienta mas segura de si misma y le depositaba ciertas dosis de tranquilidad que le hacían mucho bien al parecer.
- Y se le curaron las verrugas al hijo de Marita? -
- Supongo que si mijo – contesto segura la abuela, cuando se acerco de nuevo Titán que venia con la lengua afuera y se puso a tomar agua de su bebedero.
Los dos rieron otra vez y el perro se les acerco moviendo la cola de un lado hacia otro.
- De no ser así este no existiría mijo – dijo la abuela mientras se reía.
Esteban quedo pensando, mientras observaba los helechos que tenía plantados su abuela que usaba para curar los dolores corporales del pueblo. Pensaba en todo el tiempo que llevaba negando la existencia de Dios y el vacío que sentía de pronto al estar solo una tarde en el pequeño pueblo de Leibig.
- Al final quien es el que ignora? – Se pregunto, pero decidió dejar de pensar en ello y se propuso disfrutar del momento. El color naranja del sol del atardecer sobre la calle de tierra y las plantas de su abuela fue todo lo necesario para dispersarse rápidamente y dejarse llevar por un tiempo que no corría como hace mucho en su vida.
Así pasaron los días, Esteba tuvo tiempo para leer, pensar y estar tranquilo. Recorrió las afueras del pueblo en componía de Titán, que ya se había acostumbrado a su presencia y no se le despegaba un segundo.
El domingo a la tarde, en sus ultimas horas en el pueblo, su abuela le pidió que llevase al perro a pasear a la plaza – va a encontrar otros perros y se va a divertir – le aseguró.
Siguiendo las simples coordenadas de su abuela, Estaban se encontró con esta plaza en la que había tres personas con sus respectivos perros. Titán empezó a correr y jugar con los otros perros mientras los dueños intercambiaban opiniones sobre el cuidado de sus mascotas y las miles de anécdotas que habían tenido con ellas. Esteban no tenia anécdotas, pues conocía a Titán hace tres días y mas pobre aun era su conocimiento sobre el cuidado perruno. El encontraba a estas personas de pueblo como personajes risueños y aunque no le interesaba en absoluto sus temas de conversación, no encontraba el momento como algo que le disgustase.
Las otras cinco personas, se habían sumado dos más, lo miraban sospechosamente.
– Vos no sos de acá no? – le pregunto una señora mayor.
- No, solo estoy de visita unos días – contesto Esteban.
- Y a quien estas visitando? – volvió a preguntar insistente la señora.
- A mi abuela Isabel – contesto mirando a Titán que acorralaba a un Caniche
- A ya me parecía que ese era el perro de Isabel – agrego la señora ya en un tono más relajado. Luego el grupo de trece personas, se habían sumado ocho personas mas, siguieron hablando sobre sus perros y cual era su comida favorita.
Esteban quedo pensando en ese conocimiento pueblerino en el que no solo se conocen a todos los que viven en el pueblo sino también, cuales son sus perros. Dejo de asombrarse con eso cuando noto que el grupo de personas ya eran treinta y sus respectivos perros correteaban por ahí, mas la cantidad que se acercaba a la plaza son sus respectivas mascotas.
- Todos son perros – pensó, y al cabo de una hora y media Esteban ya había perdido la cuenta como también había perdido de vista a Titán, había de todas las razas y colores. Ni siquiera podía moverse ya que los perros pasaban por entre sus piernas a toda velocidad desparramándose en el pasto a los mordiscones.
A las tres horas desde que había llegado a la plaza Esteban empezó a preocuparse ya que según sus cálculos debía haber alrededor de mil perros corriendo por todos lados a la par de sus chiflados dueños, ya no les resultaban risueños, y además todavía no encontraba a Titán. Esteban trato de alejarse y se dirigió, con gran esfuerzo, hasta una esquina de la plaza en donde había un gran pino y se subió al cantero para poder tener una mejor perspectiva. Desde ahí arriba estaba medio metro mas arriba del nivel de la locura y el descontrol perruno, desde donde pudo ver una par de situaciones bastante figurativas.
En un momento un señor saca de su bolso un frisbee de color fluorescente y lo arroja al aire lo mas rápido posible. Rápidamente, se genero una especie de ola hecha por perros que se abalanzaban unos sobre otros detrás del recorrido del frisbee, que cuando callo a tierra genero algo muy similar al rompimiento de una gran ola en el cual además de los perros había implicados unos cuentos dueños.
Mas a lo lejos de esta situación había una señora mayor que corría por su vida detrás de unos doscientos perros, al parecer había tenido la brillante idea de sacar una bolsa llena de carne picada para alimentar a un par de caninos nada más.
Esteban observaba a los miles de perros defecando y teniendo sexo por doquier mientras los miles de dueños discutían fuertemente ya que no querían que sus perros de raza se mezclen con los callejeros y los dueños de estos, sintiéndose muy ofendidos ante las declaraciones de los dueños de los perros de raza.
A todo esto Esteban estaba construyendo analogías en su mente cuando de pronto comenzó a notar que la gran cantidad de perros empezó a correr desesperadamente hacia el pino en donde estaba el, y al escuchar los ladridos de furia no lo pensó un segundo y empezó a trepar el árbol con todas sus energías. Al pasar por la tercera rama se dio cuenta del problema, había un gato refugiado de toda la barbarie entre las ramas, se detuvo y al sentir como debajo se asomaba a gran velocidad la gran jauría siguió trepando hasta quedar a salvo. La rama se partió y el gato y los perros se fueron todos al demonio en unos segundos. Esteban solo atino a quedarse ahí arriba hasta que todo se tranquilizara y pueda bajar a salvo de esa locura.
En efecto unas horas después todos los dueños empezaron a sacar pequeñas bolsas para juntar los residuos mientras comentaban lo lindo que había estado esa tarde y se iban retirando tranquilamente cada uno con sus respectivos perros, para disfrutar de alguna cena de domingo. Solo quedaban aquellos que aun todavía no estaban seguros si los perros que habían escogido eran efectivamente los suyos, ya que había gran cantidad de perros bastante similares y algunos habían perdido los cuellos con sus respectivos nombres.
Esteban miro hacia abajo y ahí estaba Titán esperándolo para regresar a la casa.
- Donde te habías metido? – le pregunto al perro mientras lo acariciaba en el cuello.
-No sabes lo que paso en la plaza abuela – le comento con gran entusiasmo a su abuela, que estaba preparando la cena y el aroma a esa salsa se olía a media cuadra.
Luego, Isabel le explicaría a su nieto que aquello que había presenciado no era más que una vieja costumbre en el pueblo que se había originado por tener una sola plaza en Leibig.
- Ya lo se mijo, no tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que estamos en un lugar rodeado de campo y espacios libres, pero es así nomás, que le vamos a hacer –
En ese momento, Esteban entendió que algunas cuestiones sociales no tienen una explicación lógica, simplemente existen y hay que convivir con ellas lo mejor que se pueda.
-
-
-
Por: Martin

jueves, 20 de noviembre de 2008

CACERÍA DE MARIPOSAS

-Vos no me querés mas- le dijo ella, y él, finalmente lo tuvo que aceptar, se convenció de que era así, luego de que ella le pidiera que lo haga. Ella lloró toda esa tarde de domingo de verano, en la cocina de su casa, mientras afuera la gente se daba cita para pasar una tarde cantando, con guitarra y mates.

-No me lo hagas mas difícil, no seas así- le decía ella mientras se secaba las lagrimas que no pudo contener desde el momento en que dijera que todo se había terminado. Él era un masoquista, y ella, la sádica, al mismo tiempo que cada uno relevaba el puesto por el otro, a cada instante, uno y el otro eran, sucesivamente, sádicos y masoquistas.

-Qué hice mal?- preguntaba en vano él, que ya se veía atascado en el laberinto de la pasión, de la bronca y la resignación, porque en realidad no había hecho nada mal, solo estaba creciendo algo que no debía ser. Porque no hay respuestas a esa pregunta, por el simple hecho de que esa pregunta develaría el sin sentido de la determinación de darle fin a un amor en crecimiento. Esa pregunta es absurda, no tiene sentido hacerla. Solamente tenía que convencerse de que no había vuelta atrás. -Veo que tomaste una decisión, y no puedo hacer nada con eso. ¿No es así?- le reprochaba con dolor mientras ella miraba el suelo de la cocina y se secaba constantemente las lagrimas. -Podemos arreglarlo, podemos seguir juntos, deberíamos hacerlo, yo te quiero tanto, ¿Acaso no lo ves? No puedo estar bien sin vos-.

-No se termina el mundo por que vos y yo no estemos mas juntos- ella le seguía convenciendo de que lo que estaba sucediendo no debía afectarlo y que era “por el bien de los dos”. Porque si seguía enamorándose de él no iba a poder dejarlo nunca mas, y era algo que no se podía controlar, y por eso era mejor ser prudente y cortarlo en el momento justo, en donde no ocasione el mal terrible, esa melancolía, que pudiera ocasionar en un futuro, cuando ya no puedan desistir de lo que sintieran, y se vieran tan lejos. -¿De qué bien me hablas? Si me estas matando en vida, ¿Qué bien de los dos? Si estás ahí llorando. No entiendo por qué haces esto, te estas lastimando, y me estas lastimando a mi-. Aumentaba el gemido del llanto de ella.

Y sobre sus cabezas revoloteaban los momentos pasados, perdidos, se chocaban entre sí, y aumentaban a cada minuto. Se había formado un enjambre que sobrevolaba sus cabezas que estaban hartas de pensar en lo que estaban haciendo. Algunos eran incoloros, otros resplandecían y opacaban a los demás, con su brillo, su ruido. Eran de vida corta, como las mariposas, y fueron muriendo a medida que soltaban las palabras.

-Mi mundo es el que se termina- le dijo él. Y ella salio corriendo al baño a llorar desconsoladamente, y no fue solo un lagrimeo, sino una avalancha, un grito que sale desde lo mas adentro y conmueve el cuerpo entero, una descarga aliviante. Vuelve con la cara lavada, refregada, y le pide un último beso. ¿Para qué? Pensaron los dos, pero no podían dejar de dárselo. Entonces de agarraron fuerte de la cara sin pensarlo mucho, y fue el mejor beso de todos, el mas sentido, el mas intenso y mas largo beso que se dieran alguna vez, el mas doloroso beso de adiós. Lo que terminó de aniquilar el revoloteo, subvirtiéndolo a las profundidades de sus almas, reemplazándolo por un nuevo, resplandeciente y eterno momento final.

Mientras afuera la gente seguía llegando, y algunos se animaban a entrar hasta la cocina, felices de que sea domingo y estén por cantar. Pero al encontrarse con estos dos ahí llorando, sin palabras, con una expresión de angustia en el rostro y en sus ojos, se iban silenciosa y lentamente.

Entonces él hace un chiste, para aliviar la tensión, le dice que prepare el mate, que afuera la esperaban, y él no debía seguir evitando el encuentro. Le dijo que estaba bien, que no le insistiría más, pero que no habría vuelta atrás, él no volvería. Y salió con la mejor cara de felicidad que pudo disimular, saludó, se sentó, y pidió la guitarra mientras prendía un cigarrillo. Todos estaban expectantes, silenciosos, porque nadie puede decir nada ni dar consejo alguno en estos momentos. Como cuando alguien se muere. Lo dejaron deleitarse con una sola canción.

Cada nota le dolía, y ella que estaba en la cocina esperando que el agua se caliente, comenzaba a sentir que volvía la avalancha interior, con cada estrofa:

“Yo pienso que, no son tan inútiles, las noches que te di.

Te marchas y qué, yo no pienso discutírtelo, lo sabes y lo sé.”

Ella salió al frente de la casa y se sentó junto a una amiga, lo observó como siempre lo hacía cuando él le cantaba, lo quiso tanto, se arrepintió, pero no podía tirársele encima como antes, porque él estaba convencido de que no la quería, aunque eso no fuera verdad. Ella entendió que esa canción era el adiós, todos lo entendieron. De alguna forma los dos se contuvieron frente a todos, él cantó con los ojos cerrados, encerrando la angustia. Por fin terminó la agonía, saludó y se fue caminando, triste, pero convencido. Agarro su pena y se fue, llevándose un beso eterno, un abrazo sincero, revoleó por el aire su bronca, dejó flotando en el aire la melancolía pesada de una canción de desamor, y echó en la calle su dolor convertido en lagrimas mientras se alejaba pateando piedras del lugar. Habiendo eliminado el revoloteo de mariposas sobre su cabeza, o al menos creyendo, convencido, de haberlo hecho, porque el infierno, esa guerra, ahora se disputaba en lo mas profundo de su estómago. Como estaban ahi arriba, ahora estaban enjauladas en su cuerpo, conmovido éste enteramente por la amarga sensacion de una experiencia vital de angustia, de encierro y sofocación de mariposas.



Por chespi

martes, 28 de octubre de 2008

LA PENA... DE ESTAR VIVO

.
.
Un hombre estaba mirando por la ventana, desde la comodidad de su sillón. Y le vino a la mente un pensamiento llano, más bien simple. ¿Dónde estoy?. Miro a su alrededor para corroborarlo, y dio cuenta de que estaba en su casa. De momento estuvo perdido, pero ahora estaba en casa. Perdido estaba en una pregunta mucho más difícil de responder, acaso de explicar, de esencializar, o de pensar. ¿Quién soy?, estaba tratando de averiguar. ¿Soy lo que creo?
Estaba como en lugares remotos de su infancia, allá lejos, en espacio y tiempo, de donde estaba ahora, y le daba pena estar complicándose la existencia. ¿Para qué?. Cuántas veces ya se habría preguntado quién era, y cuantas veces desistió de saberlo exactamente, o no quiso complicarse. Pues ahí estaba una vez mas, metiendo por milésima vez la mano bajo la piedra, y por milésima vez siendo picado por el bicho que ahí debajo estaba, siempre. Nunca aprendió a no meter de nuevo la mano. Ese era el problema para él, nunca aprendió.
Siempre y nunca.
Se resistió a complacerse con la cotidianeidad, y el transcurrir del tiempo, todo debía tener algún sentido para él. Pero ¿Cuál?. Qué tan significantes habrían sido todos los momentos de su vida, de qué manera lo habrían forjado, y que ahora, él mismo, no podía dar cuenta.
Estaba tan perdido ya en un momento, que pensó, -¿Quién soy ahora? ¿Un niño, o un adulto? ¿Qué tan diferente de aquel niño que fui y que ya no lo tengo, qué soy ahora, que no se que soy? Si antes tampoco lo supe-.
El tiempo es una cosa difícil de explicar cuando se revisa detenidamente. Cuando se quiere ir ahí, al limbo, de las cosas, donde las esencias han desistido de su sustancia. Donde el devenir ha hecho nada de eso que una vez lo fue todo. Este hombre perdido en las dimensiones de su transcurrir se planteaba esta reflexión que ya en otros lados se han hecho muchos hombres, pero que ahora son de él.
¿Será el olvido una manera de volver a encontrar el tiempo?
El hombre se levantó inquieto, y está ahora caminando hacia la ventana. Tiene que ver más de cerca, más comprobablemente, lo que ahí fuera le asigna sentido a su desilusión. El tiempo ha pasado tanto, y tan rápido, y ya no hay nada que hacer para remediarlo.
Este hombre estaba en otros tiempos, sentado a veces en ese mismo lugar, revisando sus escritos, de tiempos anteriores, haciéndolos presentes, pero en un tiempos pasados, a veces, cuando se sentaba ahí a leer. Tenía una pila de libros, donde tranquilamente podía descubrirse, meter la mano debajo de la piedra, y lo ha hecho tantas veces, que tiene la mano mutilada por el bicho, de su verdad, que a pesar de todo resiste al paso del tiempo. Pero el bicho, esa cosa, solo pica, lastima, y no dice nada, al menos no deja ver.
Pero con esas cicatrices, que siempre fueron la marca, este hombre se supo en esos libros. Se supo miedoso a la muerte, solitario, asquerosamente orgulloso, y terriblemente despiadado con las personas.
Se sabía ahora, mas desinteresado que nunca de todo vinculo que lo enlazara con el mundo circundante. Se creía tan superior que ni siquiera necesitaba del mundo para existir.
Pero la desilusión lo golpea de nuevo, cuando entre su arrogancia y lo que lo rodea, indiferente para él, se da la pregunta ¿Quién soy? Evocando con esto tal vez, algo más allá de lo que se puede decir, o aseverar en ese momento.
Mirando la figura de Jesús en un cuadro de la casa pensaba, -Dios no me vengas ahora, que ya tuve suficiente engaño con tu cuentito. No ocultes mas tu traición, nos dejaste solos, y no has de decirnos nunca cuál es el sentido de todo esto. ¿Acaso fuiste el que dictó tantas injurias, para qué, para ponernos de acuerdo, en qué, en que debemos pagar la culpa? ¡Qué clase de castigador eres! No te perdono mas, no te pondero, NO TE CREO NADA.-
El hombre se sienta de nuevo en su sillón, y agarra un libro, mientras prende un cigarrillo y ya comienza de nuevo, como hacia un rato, a separarse de la desilusión de la vida, la pena de estar vivo, y la que tenía con Dios. Para seguir viviendo eternamente en sus mundos relatados, maltratados, acomodados a su fin, que no era mas que resistirle al tiempo, sin importar qué tiempo, ni quién era él. Pues donde no hay tiempo, no hay ser, ni necesidad de saber, qué se es.
Al llegar la noche, cuando todo se hace menos evidente, con la oscuridad, hermosa, que reina en las profundidades del alma para no darle paso a la luz cegadora que destruye todo el mundo imaginario, cuando ya había vencido una desilusión mas, se propuso dormir, agotado de pensar en vano, queriendo soñar.



Por chespi

martes, 21 de octubre de 2008

3 2 1 todo termina

-
-
Ahí se viene, todavía no soy nada pero ya presiento que estoy a punto de ser.
La formula es la indicada. Esta vez puede que se trate de nostalgia, aunque también podría ser ese veneno de la soledad o la incomprensión.
La alegría, también suele ser bienvenida en mi existencia. Mi existencia, que no es más que una muestra fáctica de ciertas cuestiones.
Soy popular en la ficción, pero en la realidad pura suelo ser ocultada y en el peor de los casos, disimulada.
En mi se esconde plasmada, la realidad mas sincera y se desarrolla un goce del cual es difícil hablar. No ocurre así con el sublimar.
Demos un paneo general por este denso exterior, así comprenderemos mejor las cosas.

- Bueno si querés me voy, no hay problema –
Dijo el ya con un agudo vacío en el pecho.
- Si andate – todos miraron como cuando se mira algo que se comprende pero no se entiende.
– Que te pensás que sos, desapareces por un año y ahora venís con esa sonrisa que te la borraría de una trompada mira –
- Bueno pero yo pensé que… -
- No pienses nada, date vuelta y andate. No tenés nada que hacer acá – Le ordeno el otro ya habiéndose parado con su vaso en la mano mientras todos ahí a los costados, acorazados con ese silencio de los momentos incómodos.
El se coloco de vuelta su capucha, abrió la puerta y empezó a bajar las escaleras a toda velocidad mientras detrás lo seguía alguno de esos que sienten lastima y se llaman a misión de rescate para consolar a las pobres almas heridas. Ese rescate que es el suyo y esa demostración de compasión que es tan ficticia como el progreso humano.
Salio corriendo por la calle, perdiéndose de aquel farsante perseguidor.
Trato de imaginar algo que lo haga dispersar, como un plan de emergencia.
Pronto surgió la imagen de un Estornino metálico de cola larga perseguido por el proyectil de un cazador furtivo.
Inevitablemente pensó en todo el tiempo que paso desde…
Y en lo que trató de olvidar esa…

¡Ahí estoy! ahora si, la formula es la indicada

¡Ahí voy!

3-2-1 se derrama en el suelo y…


Todo termina.


Es corta la vida de una lágrima, no ocurre así con la estela de su recuerdo.




Por: Martin

jueves, 9 de octubre de 2008

La guerra del tiempo

Día soleado de octubre, ya entrada la primavera, y en transición al verano. Esos meses de transición que casi nadie tiene en cuenta, ya que solo se esperan los meses de inicio y final de estación. A no ser los divulgadores de palabras que se reinventan en cada momento, de cada mes, de cada estación del año. En fin, un día soleado cualquiera de octubre, un hombre se encadenó al mástil de la plaza principal de la ciudad. Y como suele suceder -este tipo de acontecimientos trascienden rápidamente- se hizo noticia enseguida.

“Un hombre se ha encadenado al mástil de la plaza San martín, reclamando que le devuelvan lo que le quitaron”

Anunciaban las cadenas de TV que acudieron al lugar. Y las personas que no se andaban con vueltas, que estaban trabajando, o en sus casas, o en los cafés de la ciudad, se proponían saber qué era lo que le quitaron a este hombre encadenado ahí en la plaza. Nadie lo sabia, pero como era moneda corriente, seguramente estaría reclamando su empleo, o la parte de su salario que le descontaron, una vivienda digna, justicia por algún crimen o delito que el sistema no haya podido controlar, o no le hayan hecho caso alguno. -“Típico”- pensaba la gente en los cafés, las oficinas y en sus casas.

-Y así cree que le van a dar bola-

-Pero si!! es la única forma de que te escuchen-

-Pero no, lo van a tranquilizar un poquito con promesas y después vas a ver como lo meten preso, por kilombero!!-

Se abría el debate en todos lados, desde diferentes puntos de vista, que emergen en una trama singular en cada lugar de la ciudad, pero siempre en torno a un mismo objeto de discusión, “el hombre encadenado”. Ya que para diferir, es necesario coincidir en algún punto.

Todavía nadie sabía qué era lo que este hombre encadenado reclamaba. Las autoridades municipales no dejaban acercarse a los periodistas para dialogar, siguiendo órdenes del Mayor Céspedes, que alejaba a la gente curiosa que andaba por la plaza, rumbo a las oficinas, las empresas, o bancos de cobro de impuestos, y vivía en vivo y directo el episodio. Se acercaban lo más que podían para mirarlo, y algún desinhibido por ahí acotaba gritando:

-Justicia para el pueblo!-

-Que aparezcan los chantas, que den la cara!-

Aunque nadie sabia todavía qué era lo que él reclamaba. Entonces todos seguían en sus tereas especificas, asignadas, para que la sociedad marche como debe, y el suceso quedaba latente, en los televisores prendidos las 24 hs, y los noticieros retornando cada 10 minutos al móvil en vivo y en directo desde la plaza. Solo para decir lo mismo, y mostrar al pobre desgraciado encadenado, ya que aun no había hecho oír su reclamo, solo había acatado la atención de los medios, que acataron la atención de la masa organizada que marchaba a un ritmo vertiginoso.

Llegado el momento de la orden, un policía del cordón deja pasar a una periodista de la cadena nacional para hablar con el hombre, y así fue que provocó un efecto dominó que el cordón policial no pudo contener, y los periodistas de todos los canales se abalanzaron sobre el hombre como animales feroces sobre su presa. Pisoteando a los pobres policías que estaban allí cumpliendo su deber, como debían, sin importarle a los periodistas, que por supuesto estaban también cumpliendo su deber de llevar la información al pueblo. La primera en llegar y poner su micrófono sobre la boca del hombre preguntó. –Señor por qué esta usted encadenado al mástil, qué reclama?- y su rostro se tapó de micrófonos. A nadie le importaba saber quién era él, que hacia, de donde venia, ni como era, solo saber qué reclamaba a la sociedad, ya que todos los problemas son producto de ésta, según la opinión publica, y el sentido común, que es de lo mas común. Y allí devino, como desde todos los rincones, por las calles, bajando por las paredes de los edificios, brotando del verde de las plazas, de las copas de los árboles, de las ventanas de las oficinas, de las casas, de sus chimeneas, como un estruendo que rugió en toda la ciudad, que estaba en silencio a la expectativa de lo que dijera el hombre, las palabras que escupió con un resentimiento incomparable y súbito:

-Quiero que me devuelvan mi tiempo-.

El desconcierto fue tal, que desfiguró los rostros de toda la ciudad. Esa desfiguración, de ceño fruncido, que expresa la in-asimilación de lo que están oyendo, o viendo. In-asimilación por creer tan disparatado este tipo de reclamo, en lugar de pedir trabajo, o dinero. Este sentido común que sentencia lo que hay que tener, y pedir si no se consigue, exigírselo a las autoridades, para que “hagan algo”.

-Peeeroo, al final es un loco mas nomás!-

-Qué!?-

-No puede ser, para eso tanto kilombo??-

La gente estaba indignada, la ciudad se abría un nuevo debate en todos los ámbitos, con esta vez un objeto de discusión distinto, pero el mismo en todos lados, “el loco del mástil”, o mas bien la locura.

-Hay que meterlos presos a todos los locos esos que andan dando vueltas, molestan nomás-. Decía un viejo cincuentón que tenia las cosas muy en claro, sentado en la barra de su café, con el diario en la mano. –Mirá, estas si son cosas dignas, una marcha pidiendo justicia por el asesinato de…-. Y así, el tema seguía vigente mientras las horas de la mañana se extinguían, y el mediodía se apoderaba de la ciudad con un calor insoportable. Todos resguardados del calor en sus casas y oficinas al soplo de ventiladores y demás artefactos, seguían el noticiero constantemente, este loco había cautivado la atención, y no solo de la ciudad, sino que la noticia ya giraba por todo el mundo, como una gota de agua recorriendo un globo, un globo sin fisuras, sin barreras. En fin, lo que mantenía a todos expectantes era lo insólito del reclamo del hombre, escuchaban una y mil veces la repetición de la explicación que dio a los periodistas.

-He perdido mucho tiempo de mi vida señorita, me la he pasado laburando, rompiéndome el lomo para mantener a mi familia. Y no he vivido nada para mi, porque adónde esta todo lo que trabajé, adónde se fue, eh? Usted sabe? Mi vida entera ha transcurrido de trabajo en trabajo, el poco tiempo que tenia libre lo usaba para descansar-.

-Entonces quiere que le den subsidios por todo lo que ha trabajado? Aportó para su jubilación?- Preguntaba la periodista.

-No señorita, yo dinero tengo, para eso trabajé toda mi vida. Dinero no me falta. Pero míreme ahora, con 65 años, jubilado, viejo, y todavía ando perdiendo tiempo en colas para cobrar mi pensión, y después lo sigo perdiendo en la cola de al lado, para pagar los impuestos. Qué clase de vida es esa eh? Me paso el día perdiendo el tiempo. Yo quiero que me devuelvan todo mi tiempo invertido, ya que mi vida está marchita por culpa del tiempo que perdí.-

Los periodistas simplemente no sabían qué decir, esto no estaba en sus libretos, ni en los apuntes de la facultad de periodismo, ni en cómo hacer una entrevista por un reclamo. La gente estaba igual.

-Qué cosa eh, el viejo tiene razón-. Decía esta vez el cincuentón desde la barra de su café, echando el diario sobre una silla. Pues ahora él estaba pensando en el tiempo que pierde sentado ahí, y en todo el tiempo que ha perdido durante los últimos 30 años, trabajando.

Las familias estaban consternadas, pues las disputas empezaron entre los pilares de todas las relaciones humanas. Los trabajadores comenzaron a reclamar lo mismo a sus jefes, y las mujeres lo mismo a sus parejas, los niños en las escuelas y a sus padres, todos los viejos nostálgicos desde los geriátricos, los médicos en las salas de operación, los abogados a los jueces reclamando prórrogas, los neuróticos en los consultorios de sus analistas reclamando tiempo para tomar las decisiones. Todo el mundo ahora quería tener más tiempo, o que le devuelvan el tiempo perdido. Lo irreversible se había hecho cuestión, y no había solución. Todo era un caos, los bancos no llegaban a cobrar a tiempo los préstamos, las empresas no recibían el pago de los impuestos, ni los servicios, las maestras no enseñaban todo el programa, los analistas no podían analizar a todos sus pacientes por falta de tiempo. Faltaba el tiempo en todos lados, mas bien, cada uno se tomaba el tiempo que creía necesario para hacer lo que debiera hacer. Y eso simplemente era inaceptable para el sistema, que no soportaba el desorden.

El hombre encadenado al mástil se había convertido en todo un líder de la nueva revolución, que esta vez si se estaba concretando, que esta vez tenia una causa justa para todos, una muy noble. Era un líder de cambio, a la vez que sembraba el desorden por todo el mundo. Las fábricas de relojes cerraron, y el tiempo transcurría de un modo no natural en la sociedad. Finalmente la cultura, termino con todo lo que quedaba de natural en el mundo, si es que hay algo que se dé por naturaleza en el mundo, o no haya sido ya absorbido por la cultura. Ya todos tenían tiempo para todo, se lo tomaban a gusto, y la palabra “tiempo” se suprimió de todas las lenguas, hasta el refrán “el tiempo es oro” fue eliminado. La sobredosis de tiempo había creado una inermidad de la sociedad que ni los sociólogos podían explicar.

Todo esto angustiaba cada vez mas a la gente que se tomaba su tiempo, pero quería, como todos los egos, que el otro hiciera las cosas en tiempo. La angustia gobernaba la sociedad estática, que tenia periodos de dinamismo, pero efímeros. Esta lucha contra la muerte, motorizada por la arrogancia del hombre, que cree que puede ganarle a la muerte, ganando en tiempo, ganando en vida, como todo lo que aparece, debía terminar. Para eso era necesario volver al tiempo real, y establecer una ley que castigue a todo aquel que no lo cumpla. La autoridad moral necesaria para semejante reconquista de la humanidad la tomó a su cargo el líder por excelencia en esta tierra, el mas grande de todos los seres, curiosamente asignado a este papel por la humanidad misma, y envió un Mesías para que vuelva a sembrar el orden, y el tiempo vuelva a ejercer su poder. Tal autoridad fue impuesta con terror sobre la humanidad, y el globo que se había mojado entero por aquella gota que hizo agua por todos lados, se volvió a secar y a limpiar, una vez mas, el hombre había terminado con una nueva ilusión propia, para poder seguir viviendo en sociedad, y seguir tirando piedras.

No se sabe bien cuándo fue, ya que es difícil estimar el tiempo que transcurrió en desorden la vida, pero se supone, que fue llegado el verano, porque ya hacia mucho calor, y en el norte nevaba, y como siempre ha sido, la gente festejaba la llegada de la nueva estación. Sin importar los meses de transición que habían transcurrido, y a fin de cuentas el reclamo termino siendo uno mas de tantos otros, quedó olvidado en el tiempo, que todo lo devora.



Por Chespi...

jueves, 18 de septiembre de 2008

Salvarse de la vida



Fabio andaba caminando un dia por ahí cuando le sobrevino un pensamiento que le obligó a sentarse en el cordón de la vereda. Con la mirada perdida en el patio delantero de una casa de, suspiró, y los ojos se le llenaron de lagrimas. No tuvo más remedio que llorar. Luego se secó las lágrimas, se levantó y siguió dando saltos por la vereda, sonriendo muy alegremente y cantando.
Su relación con la realidad era precaria, aunque funcionaban lentamente, en su interior, los ecos del mundo exterior. Él solo parecia ver siluetas, percibía risas y llantos, impulsos, que devenían en episodios como éste, en el que se sentó en la vereda a llorar. Pasaba las tardes en el jardín de la casa hamacándose, tomaba cosas del suelo, y dibujaba. Animales que veía por las calles del barrio, árboles, autos, bicicletas. Le gustaba el pino que había en su jardín, lo miraba mucho, y todos los días lo dibujaba, como si en ese momento del día se diera cuenta de algo, de que algo “había ahí”, y que su forma perfectamente visible podia plasmarse en la tierra del patio con una ramita.
A cada momento se detenía en algún lugar del mundo, cualquiera, a observar, y lloraba, seguía una risa compulsiva, exacerbada, una excitación frenética que lo dejaba agotado, y se dormía.
Más de una vez su madre le proporciono fuertes palizas porque “se tocaba”. Lo solia encontrar en cualquier lugar del barrio masturbándose, poniéndola en ridículo frente a la gente, esa mirada horrorizada de las viejas que vivían para ir al almacén por la media mañana y pasarse la tarde dándole de comer a las mascotas. Pero él no aprendía, siempre lo volvía a hacer. Fabio siempre pareció un niño, no importaba que los años pasen, el seguía siendo el mismo de siempre, cada vez mas introyectado en él mismo, o en quien sabe que lugar. Sin embargo se advertían en él pensamientos, de esos reflexivos, cada vez mas profundos eran, y su madre lo advertía y decía: “no es ningún tonto”.
Años después se lo podía ver todavía, pero esta vez completamente solo, ahí, en el jardín de su casa, perdido en quien sabe que mundo, llorando quien sabe por qué, riendo exageradamente sin motivo aparente. Ya no había nadie que cuidara de él, al fin y al cabo su madre habría de morir.
Todos los “normales” que pasaban por el lugar lo miraban con lástima, entre el desprecio y la compasión, hasta el repudio, porque vivía de esa forma. Pero no había caso, él no entendía, por qué no podía vivir como él quería, sumergido en la inmundicia de sus propias miserias, de su basura, de su peste. Un día un niño le preguntó a su padre por ese hombre ahí sentado siempre, mas bien ese loco que vivía en ese jardín, y el padre le dijo para safar de toda complicación que no había explicación para ese hombre, que no trate de entender, no lo conseguiría. Simplemente “estaba loco” y eso era una desgracia. Todos experimentaban la misma compasión y el mismo asco por el pobre loco que yacía en ese jardín, “el jardín de los sueños” y de la verdad, aparentemente sancionadora, del hombre: no hay vida sin realidad.
Un día, dejó de hablar. Su madre le había cortado la lengua porque decía muchas palabrotas, palabrotas malas. Entonces comenzó a escribir, y a dibujar cada vez mas seguido, lo que no podía decir, y no le dejaron decir, lo escribió en un cuaderno grande que tenia de titulo: “Mi jardin”.
Su madre no murió, se suicidó, se fue para dejarlo solo. Y la gente normal, se preguntaba, ¿Por qué no lo mató a él en lugar de tener que matarse ella? Nadie lo sabe, pero suponen que para una mujer tan concienzuda moralmente era inconcebible una idea así, de matar, y menos a su propio hijo. Antes de tomarse el veneno para ratas, ella le preparó la leche chocolatada, con galletitas dulces. Y esa noche cuando Fabio la vio tirada en la cocina y sin reacción, se acostó a su lado, y ahí se quedó.
Y después de eso nadie le explicó, para qué? si de todas formas no iba a entender. Esa tarde-noche, en el ocaso de una vida miserable y angustiante, el durmió sobre el cadáver de su madre, y a la mañana siguiente cuando la enterraron, lloró en su jardín. Le habían sacado lo único del mundo que le pertenecía, su ancestral causa de supervivencia en la realidad, ahora estaba solo, ya no había nadie más en la casa.
Desde aquel día las horas de los días eran un conteo, que él por supuesto ignoraba, pero que iba consumiendo toda su alma. Sin saber por qué, como siempre, lloraba, tal vez esta vez si tenía un motivo, el mismo que lo hacia reír, ese motivo que aparecía al recordar el juego de las escondidas en el jardín, pero volvía a llorar y así hasta dormirse, hasta el alivio final, a los 24 años, cuando la verdad ultima de todo ser vivo se le hizo inevitable, pero tal vez muy tempranamente.
Los últimos 4 años de su agonía los pasó en un hospital psiquiátrico, donde lo llevaron por denuncia de los vecinos, que no soportaban mas el olor pestilente que había en la cuadra a causa de las inmundicias de este hombre, si se lo podía llamar hombre, porque mas de una vez lo trataban de animal, y cómo no hacerlo si comía insectos y cualquier tipo de bichos, nunca se bañaba, y convivía con ratas del tamaño de un perro. Su cuerpo y su alma expresaban un demonio perverso, habitado de miedo, oscuro.
Ahora si, le habían sacado todo, lo poco que tenía: su madre, y su jardín. Hasta el cuaderno le fue arrebatado por señores vestidos de blanco que intentaban conjeturar algunas hipótesis sobre el por qué de la desgracia de Fabio. El por qué de su pérdida de razón, que cuando falta, es motivo suficiente para que alguien tome a su cargo la vida de un pobre desdichado que nada puede hacer para escapar a eso.
Una noche el Dr. Jeausionne le hablaba para intentar sacarle algún destello de conciencia, y él escuchaba mientras miraba por la ventana de la habitación, escuchaba y escribía en una pizarrita que le dieron, lo único que tenia, en lugar de su lengua y su tan preciado cuaderno. Desde el ventanal de la sala se veían las tres luces de la bajada hacia la plaza. Los tres tiempos del ser humano, los tres momentos de las historias, presente, pasado y futuro, en ese orden. Infancia, juventud y adultez, en orden alterado, y tal vez sea porque siempre volvia a su infancia, la tenía presente, mas que al presente mismo. Él tal vez se quedó ahí siempre.
El hombre de blanco preguntaba, y leía lo que Fabio sentenciaba con una lucidez y una incoherencia desopilante:

-En que pensás…-
-Los últimos 4 años de mi vida, adonde se fueron? Que hago aquí? Mi jardín? Mi mamá? Donde se escondió? Esta jugando?-
-Los años se van Fabio, y las personas con ellos, tu mamá se tuvo que ir. Pero estas aquí con nosotros, que te cuidamos-
-Tengo sueño, pero no puedo dormir, vuelvo a verlos… a ellos-
-Mmm, delirios transitorios- Anotaba el medico en su libreta.
-No… pensamientos, sabe lo que son los pensamientos? Mamá dice que es cuando uno puede decidir qué hacer de un modo fácil. Pero mis pensamientos están habitados por algún mal-
-Y qué dicen esos pensamientos?-
-No importa, vienen del mas allá, hacia el mas acá, desde donde están ellos... que irrumpen en mi jardín… sin odios ni cariños. Sabe lo que es el amor? Mamá dice que es lo mismo que el odio y el cariño juntos, pero no me dice qué son el odio y el cariño. Dónde está ella? Llámela y ella le dirá-
-¿Quienes ellos?-
-Ellos, los que estaban conmigo en el jardín… y el jardín?
-Las cosas que me decís Fabio, no te entiendo, me pierdo a cada momento. Como son ellos? A que se parecen?-
-A nada, son ellos, que no los ve?-
-No veo nada-
-Usted tal vez esté loco-
-Por qué escribiste esto en tu cuaderno?: “Sálvenme de la vida”…
-Por que me está matando-.



Por Chespi

jueves, 11 de septiembre de 2008

El hombre que hecho su cuerpo al vacio

Un hombre estaba tirado en la vereda, aplastado, por el impacto de la caida. Quedo mirando hacia arriba, donde estaba su alma, mirándolo con compasión.

“Este es el lugar que habitabas

No te atrevas a volver

Se te ha hecho tarde

Y has volado muy lejos”

Estaba arrepentido, pero qué podía hacer? No había remedio, él estaba muerto, y ya no había nada qué hacer. Solo aceptar el lugar que ahora le tocaba, el suelo, la tierra, a la que pertenece y ha de pertenecer hasta que su materia se desintegre.

“Ahí es donde te perdiste

Te has quedado dormido

No despiertes en vano

Si ya no suenan las campanas”


Su alma lo miraba con mucha compasión, preguntándose tal vez, por qué habría hecho algo así, tan terrible, este hombre. Recordaba lo bueno que era estar en su cuerpo, ser parte de él, cuidarlo mientras se echaba a dormir, pensar por él cuando se encontraba confundido, soñarle, darle indicios de otro mundo en esos sueños, hacerlo reflexionar sobre todo lo hermoso que hay en lugares de la existencia que él, solía ignorar.

“Has sido mi mejor exceso

Has visto la luna de mis noches

Y el silencio de mis mañanas

Me has visto sonriendo”

Pero ya no mas, pensaba el alma, nada de eso, nunca mas en ese cuerpo, que se ha hecho trizas para no ser de nuevo, un ser vivo, pleno, lleno de esencia.

“Este es el lugar (solitario) que habitabas

Esta es la forma mas simple

Esta es la forma…

De que seas un extraño para mi”

Seguía recriminándole su alma, por egoísta, por haberla dejado ahí sola, y haberse arrojado al vació.

“Estoy deshabitada

En el aire…

Y vos cayendo”

Entonces el hombre pidió disculpas a su alma, por todo lo sufrido, por haberse ido, y quiso hacerle entender que no había mas remedio, ese cuerpo ya no servia para aguantar. Estaba deshecho en vida, y simplemente no había forma de soportarlo.

“Te has hecho polvo en el tiempo

Y yo he quedado sin sustancia

Hemos sido uno

Pero me has dejado flotando

Y te veo estrellado en el suelo”

De tal manera fue que termino aquella relación intrínseca entre un hombre y su alma. Él se precipitó hacia una caida, a sufrir en su cuerpo, y ella quedó sola.






Por chespi

lunes, 1 de septiembre de 2008

Deformidad rutinaria
-
-
A- baño
B- desvestirse
C- taparse hasta el cuello
D- despertador
E- apagar radio
F- apagar velador
G- acomodarse en posición fetal
H- carrar los ojos

Una vez que el proceso para dormirme había terminado me di cuenta de que su fin esa noche no funcionaba en su máximo esplendor.
No lograba dormir.
Prendo la radio y me dedico a escucharla como segunda opción para así lograr entretenerme en un sonido de fondo repetitivamente adormecedor. Cuando empiezo a dormitar, la apago rápidamente y con gran esfuerzo para así dar fin al problema.
Mis pies no encontraban comodidad en su temperatura (algo que es un hastío para mi) cuando estaban tapados conseguían calor y los sacaba fuera de la frazada para que tomen aire fresco y se refresquen pero una vez que se refrescaban demasiado tomaban frió y los volvía a sumergir en la frazada.
Repetición que no me dejaba dormir del todo y poder disfrutar de mi desconexión de la realidad, hacia la otra realidad en la que nos sumergimos sin opción todos los días.

No me podía dormir a las 2 a.m.

No me podía dormir a las 3 a.m.

Cuando se hicieron las 3:30 (supongo) se largo a llover muy fuerte, con grandes truenos que parecían como flashes de cámaras fotográficas en la pieza, parecía que temblaba el departamento entero. Me había despertado del todo ya, pero por alguna razón no quería abrir los ojos, no quería, estaba solo y en la oscuridad intermitente de esos ruidosos truenos además del ruido de millones de gotas arrastradas por el viento violento, que las hacia estrellar contra todo lo que me rodeaba haciendo ese ruido tan pero tan intimidador.
En medio de ese caos imprevisto siento la presencia de alguien mas en el departamento.
Frío por todas mis venas, los ojos bien cerrados y esos ojos clavados en la oscuridad de mi nuca. Trato de prender el velador pero no podía, parecía que mi brazo pesaba toneladas, trato y trato hasta que el miedo vence y logro cambiar la perilla y encender la luz.
De repente, silencio absoluto.
-Era un sueño- pensé, gigantescamente aliviado
Abro los ojos y cuando mi vista se acostumbra, giro mi cabeza y ahí estaba esa presencia. Era una sombra con la figura de un cuerpo humano de gran tamaño, tenia un gran sombrero y lo único que no era negro eran sus ojos blancos que brillaban en ese terrorífico contraste.
Mi mente se nublo ante tal sensación de horror y podía sentir como mi corazón quería salir rompiendo mi pecho.
Apague la luz rápidamente y lo único que hice fue correr hacia la puerta, donde el estaba situado, la cual era mi única vía de escape. Sentí como mi piel se erizo cuando lo traspase y una gran sensación de congelamiento rondo por mi sangre.
Baje los dos pisos en silencio, mi lengua estaba entumecida, pero casi deslizándome y tropezando esos escalones a una velocidad adrenalinica.
Salí a la calle corriendo, hago un metro y medio, me tropiezo con la cabeza negra de esta presencia que se apareció en el piso de un segundo a otro y mientras moría de un infarto en cámara lenta observaba con detención esos ojos blancos que eran mi tumba, cayendo de cara contra un charco de agua que había en esa vereda mugrienta.

I- me despierto
J- me levanto
K- cierro esa puta canilla que goteaba cada 5 segundos
L- me acuesto
M- posición fetal
N- la Nada
-
-
-
-
Por: MartiN

miércoles, 27 de agosto de 2008

Esbozo de una figura (imperfecta)



Agarro una línea, y la voy acomodando suavemente sobre el blanco de mi pensamiento. La voy contoneando, curveando, hacia abajo, ligeramente, midiendo una distancia casi siempre imperfecta. Entonces formo lo que va a sostener toda una estructura que ya está en cierta forma deseada en mi mente. Al llegar hasta abajo, donde no puedo mas que parar, recorro en horizontal sin figurar nada, y trazo un similar contoneo paralelo, tratando de imitar la misma curva, la misma forma imperfecta, hermosa, de la parte del borde que encierra toda la fuerza con la que ha de andar esta cosa.

Llegado a la mitad de la figura, donde había comenzado a bajar, subo apenas la mitad de la distancia que está recorrida mas abajo, porque claro está ¿Cómo lo que mantiene algo podría ser mas chico que lo que está siendo sostenido? A quien se le ocurre semejante asimetría?

En la parte mas alta, sobre los paralelos de las curvas, en el espacio que estos paralelos encierran, hago un circulo, también imperfecto, como toda la figura, mas bien una especie de ovalo, pero deforme, y lo uno a ambos lados con líneas horizontales ligeramente encorvadas, que pueden bien servir de lugar donde apoyar objetos.

Una vez cerrado el seudo-ovalo, le agrego dos huecos, en el círculo de lo alto, y en lo alto de éste, por donde puedan entrar las señales del exterior, las formas. Serian una especie de visores. Entre medio de éstos, y más abajo, dos círculos más pequeños, más juntos, que sirva para la ventilación. Y por ultimo, debajo de éstos, un gran hueco, el mas grande, para meter todo tipo de objetos por ahí, y también para que salgan de vez en cuando algunos signos, o ruidos.

Ahora tengo una figura cerrada, excepto por la parte de abajo, que es la que mas sufre por esto, porque ha de soportar todo el peso, sin algo definido por ser. Debo de darle, entonces, una plataforma dura, resistente, que pueda aguantar el largo recorrido del camino de la vida que ya le he dado a esta estructura.

Tengo entonces la figura acabada, toda la estructura, imperfecta, formada. Un cuerpo, sin definiciones claras, solo una figura, que va a adoptar su definición durante el decurso de su vida, y se inclinará hacia ella, para que una vez que llegue a vivir lo suficiente como para valerse de sí, gracias a todas esas cosas que pueda aprender y que le llegaran por el simple hecho de ser puesto en marcha, comience a definirse como una entidad, por así decirle a esto amorfo que esbozo en mi pensamiento. Y así seguramente irá adoptando distintas formas, se irá deformando, irá modificando la disposición de las curvas, agrandando o estirando.


Así llego a imaginarme en un momento de extrañamiento del mundo a la mujer que amo, y que se ha ido deformando en mis recuerdos poco a poco, por culpa tal vez de sus imperfecciones, de sus indefiniciones. O tal vez y quizá mas acertadamente, por mi imposibilidad de darle una forma certera, de verla claramente, como eso que es y siempre ha sido.

Pues así como me he figurado un ser andante, a través de sus líneas y curvas, imperfecto, indefinido, puedo verla en un momento a ella, la perfección, de lo mas imperfecto, en su expresión tal vez mas fuerte. Su imagen.






Por chespi

domingo, 24 de agosto de 2008

-
Lo que el silencio
-
-
-
-Que cantidad de tiempo desperdiciado- pensó el.
-Dando vueltas tanto tiempo, pero ya esta, se terminó- pensó ella.
-No tengo ganas de ir a ningún lado, ojala me pida que me quede-
-Ojala se quede a tomar unos mates, después de tanto tiempo dando vueltas-
-Mañana le digo a Ro que se termino, que ya no es lo mismo. Acá es mejor el tiempo-
-¿Le habré gustado? seguro que Ro es mucho mejor, ojala se quede un rato-
-Me hubiese gustado que las cosas se dieran de otra manera desde un principio-
-Si me hubiera animado a decirle todo desde el principio ahora seria diferente-
-Si no me pide que me quede es porque la estoy molestando-
-Seguro se quiere ir corriendo, no me soporta-
-Me hubiese dado cuenta, que estupido, como se me va a ocurrir quedarme-
- Porque no se da cuenta que yo no le haría mal como le hace Ro, nunca-
-¿Quién me manda a pensar que quiere estar conmigo?, si con Ro estoy re bien-
-Un rato aunque sea, que se quede, y nos sentamos en la ventana-
-Si, mejor me voy. Se le nota en la cara, quiere que me valla-
-¿Te vas?-
-Si, me tengo que ir-
-Bueno-
-Chau, te mando un mensaje después-
-Bueno, te abro-
-Me hubiese quedado, que estupido, nos sentábamos en la ventana y… que estupido-
-Mejor que se valla, se terminó-
-
-
-
Por: MartiN
Ilustración: Flor

sábado, 23 de agosto de 2008

Psicuestionamiento
-
-
¿Que sentirías si te presionaran toda tu vida?
Y que absolutamente a nadie le importe.
Estar al servicio de la comunidad todos tus días y no recibir nada a cambio.
Que a todos les importe tu existencia solo por un momento efímero, solo segundos.
Que estés destinado a hacer, eso para lo que te crearon y nada más.
Te presionan, te presionan, te presionan y te vuelven a presionar.
Que tus días sean mucho más que rutinarios. Simplemente una agonía repetitiva.
Trabajar, trabajar y trabajar, para darle dinero a tu jefe que ni siquiera sabe agradecerte.
Sentirte manoseado todo el tiempo sin poder pedir ayuda.
Trabajar de por vida con la suciedad de los otros.
¿Qué pasaría si los teclados de los cibers y los timbres de los colectivos de línea, tuvieran la capacidad de razonar sobre su situación?
Seguramente, irían mucho al psicólogo.


Por MartiN

domingo, 17 de agosto de 2008

Comunicación a distancia
-
-
-
Esa mañana Aníbal se levanto temprano como de costumbre, a cumplir con su humilde trabajo. Desayunó con su esposa en un silencio interrumpido por las preguntas rutinarias de la misma, la que con mensajes irónicos le comunicaba que su hijo se iba a pasar el fin de semana en casa de sus tíos – Porque ahí el se entretiene – le decía su irónica esposa demandando peticiones que a el poco le importaban. Solo pensaba en el tiempo que le tomaría hoy encender su estanciera. Herramienta vital para un taxista de campo.
Cuando su herramienta de trabajo estuvo lista partió hacia el bar Scatonne en donde lo iba a estar esperando Gonzales; inconsciente, luego de una noche de alcohol en exceso.
Una de las fuentes de ingreso de Aníbal era la simple tarea de llevar a personas que de antemano le pagaban para que los valla a buscar y los lleve a casa luego de una severa intoxicación alcohólica en tal bar a tal hora, instrucciones usuales en la vida de un taxista de campo.
Cuando llego al bar Scatonne a las siete y cuarto de la mañana, bajo de su estanciera y de la nada aparece este niño parado al costado de su puerta el cual se asoma y le pregunta con pudor – ¿Que estas haciendo abuelo? – y se queda observándolo con tristeza.
Gran confusión por parte de Aníbal, el cual solo tenia un hijo de 10 años que estaba pasando el fin de semana en casa de sus tíos, era imposible que fuera abuelo y además nunca había visto a este extraño niño. (Cuestión contradictoria en los pequeños pueblos de campo, en donde todos se conocen)
Ante la incoherencia del momento le contesto con perturbación…
- Deja de joder nene que estoy trabajando, anda para tu casa –
El niño solo se quedo mirándolo con tristeza sin hacer un movimiento.
- Te dije que… mah si hace lo que quieras pero no me molestes mas –
Aníbal prosiguió a cumplir las ordenes pautadas por Gonzáles la tarde anterior y entro al bar, lo cargo en la estanciera y lo llevo a su casa en donde lo esperaba Matilde, su esposa, acostumbrada ya a la patética situación del hombre que juro respetarla en su casamiento hace mas de 28 años en la iglesia del pueblo a donde todos recurrían sin falta todos los domingos para escuchar la palabra del señor, transmitido por el cura Marcelo.
Después de una ardua mañana tras el volante transportando familias de campo en campo en su embarrada pero bien cuidada herramienta, Aníbal llego a su casa agotado pensando en la siesta que se tomaría luego del almuerzo. Cuando cruzo el portoncito blanco de madera sintió una presencia en su espalda y se dio vuelta rápidamente.
Ahí estaba nuevamente el pequeño que lo interrumpió en la mañana, mirándolo de la misma manera, acechándolo.
- ¿Porque estas tan cansado abuelo? –
Aníbal lo observo con miedo y desconcierto…
- ¿Qué haces acá? ¿Quién sos? Dejame tranquilo –
Angustiado se metió a la casa almorzó en silencio con su esposa y se acostó a dormir la siesta.

Gran tristeza por parte de Martin, quien en vanos intentos trataba de comunicarse con su enfermo abuelo en una soleada tarde en la que el alzheimer se apoderaba de un inconsciente ser querido.

Por: Martin

De mi primer recuerdo... el momento en que nace el alma.

Añadir imagen

Estoy viendo algo, lo sé, pero está oscuro, y es el primer momento que veo algo. De repente abro los ojos, y veo pasto, iluminado por un sol muy fuerte. Es de mañana y estoy mirando hacia abajo. Alzo la mirada, veo que estoy llegando a la calle. No me doy cuenta, pero se a dónde estoy yendo. Entonces cruzo la calle, llego a una casa igual a las demas, y a la mia, una señora muy sonriente me saluda, me pregunta como estoy. Le digo que bien y le pregunto por Gustavo. Me hace pasar, y lo veo ahí, a él, Gustavo, mi amigo de la infancia, al que su madre peina como era habitual, tirando de su cabeza con el peine negro de bolsillo, desporrando el pelo de mi amigo, para salir a jugar.




Por : Chespi

jueves, 14 de agosto de 2008

Deconstruccion de un recuerdo

Las cosas que decís

Me pierdo en ese momento

El lugar de la palabra es oscuro

En que pensás?…

Los años de mi vida

El tiempo no se detiene

Siento el sueño y vuelven

Delirios transitorios

Irrumpen en mi vida… sin odios ni cariños

Es que hay tantas madrugadas que quiero..

Y que puedo ver lo que quiero..

Como un piso sucio he quedado.

Manchas en la pared

Me hacen ver

Que los recuerdos se pueden pintar.

Ya le di dos manos

Y voy a darle una mas.

Hay cosas mas lindas que todavía no has visto.

Mirarse en el espejo, es verse allí

En el pasado,

Presente

Y futuro

Sera el olvido una manera de volver a encontrar el tiempo?

Perdon por molestar, pero es inevitable

Aunque ya lo sabia, preferi preguntar,

Cosa de poder dormir

Mi cabeza piensa en vano y no encuentra tu abrazo

La pared que pinataba… se ha derrumbado






Escrito por: Chespi

miércoles, 13 de agosto de 2008

-

Estupidhumanización
-
-

-
-
-
En el medio de cinco hectáreas de árboles de mandarina hay una palmera, de esas con el tronco grueso y en la punta la copa con esas grandes y largas hojas.
En ella vive un pájaro azul, la palmera es su hogar. La encontró un día que andaba volando en busca de un lugar propicio para instalarse.
En la palmera el lo tiene todo, es el lugar perfecto. Ella le brinda comida cuando deja caer sus yatays de brillante color naranja, simplemente un manjar para el pájaro azul.
En el medio de su tronco supo cavar un hueco que es su espacio para descansar en la noche o resguardarse cuando hay tormenta.
Desde la punta de la hoja mas alta el pájaro azul puede detectar cuando hay peligro cerca y esconderse a tiempo dentro de su hogar.
Cuando ciertas arañas tratan de reclamar un lugar en la palmera, donde suelen esconderse para atacar de improvisto a sus presas, el pájaro azul las elimina de inmediato y después limpia con cuidado las telarañas que tanto le incomodan a la palmera ya que no dejan pasar el agua y hace que se reseque mas de lo debido.
En síntesis el pájaro y la palmera habían logrado una síntesis sin defectos. En una palabra, la perfección.
Un día el pájaro noto en la distancia un recipiente lleno de gusanos, algo que había probado en su pubertad, algo que resulto ser irresistible dado que los recuerdos sin ser físicos pueden ser mucho mas reales que la realidad misma.
No quiso alejarse de la palmera pero no pudo consigo mismo y el deseo lo invadió. Volo rápidamente hacia el recipiente tan rápido como si fuera acechado por la muerte. Cuando recogió algunos con su pico y se apronto para volver se oyó un gran golpe y todo termino. Estaba dentro de una trampa.
Difícil seria describir la desolación que le arremetía ver alejándose a su palmera,
balanceándose dentro se esa jaula de madera.
Ahora esta detrás de un vidrio acorralado en un rincón de un lugar donde venden mascotas. Solo, feo, miserable y estupido se sentía en ese lugar, Sus plumas habían cambiado a un color rojo sangre y su precio había aumentado.
Se pasaba los días pensando en que ahora era dueño de su inevitable verdad, ahora solo era un simple animal. Hasta que alguien que se quedo observándolo unos minutos desde la vereda entro al local y lo compro.
Cuando llego a su nuevo hogar mantuvo ocupadas a un par de miradas por un tiempo y luego fue descartado en ese húmedo rincón en donde la luz solo aparecía dos horas al día. El tiempo lo cura todo y eso fue lo que lo arrojo a ese rincón, cuando el sujeto que lo compro pudo curar su enfermedad narcisista y lograr sentir placer al ayudar a un pobre pájaro rojo que parecía desolado por su destino. Ahí es cuando encontró lugar en el húmedo rincón.
Una noche de tormenta el viento arremetió contra una ventana que se movió bruscamente e hizo que una maceta cayera contra la jaula del pájaro rojo.
La puerta se venció y el pudo ver como lo inesperado le brindaba una oportunidad de ser libre otra vez. Sin dudarlo tomo impulso y se escapo, le costaba bolar, hace meses no lo hacia y se sentía pesado. Habrá sido el peso de la responsabilidad que se le había otorgado con su nueva libertad. Se escondió en una chimenea y espero el amanecer.
Hoy esta volando lejos de la ciudad con su nuevo color celeste buscando un nuevo lugar. Extraña el azul intenso y es que sabe que no podrá encontrar a su palmera, sabe que el color celeste es la estigma de su pasado y la perfección ya nunca mas vendrá.


- Dedicado a los que me enseñaron a no abandonar el azul intenso -




Escrito por: MartiN

viernes, 1 de agosto de 2008

UN PUNTO EN EL UNIVERSO


La luz del sol, que había aparecido de nuevo, luego de la rotación completa que dio la tierra, entro por las ranuras de la persiana vieja, que filtraba vestigios de un día nuevo. Luz blanca hizo su viaje por millones de kilómetros desde una estrella, hasta llegar ahí, a la cara de Pablo, que estaba mudo, con los ojos cerrados, frunciendo el ceño, sin querer dejar de soñar. Finalmente abrió los ojos y emprendió de nuevo un camino que se suspendía por unas horas, mientras la tierra giraba, y a la parte en que el vivía del mundo no llegaba la luz. Su sentido común de la vida le hacia pensar, como a todos, que un “nuevo día” empezaba, al menos para él, y para todos los habitantes de Clorinda, esa ciudad que quedaba en una esquina remota de su país. Empujó las persianas viejas y se cegó con la luz del sol, que lo envolvió, y dio directo en sus ojos,

-Que increíble hermoso día- pensó.

Salió en bicicleta de su casa, con una gorrita y unos lentes, solo para que la luz no lo encandile, porque estéticamente hablando, no le quedaban bien, y él lo sabía. Paseó por el barrio, levantando polvo por las calles de tierra, cruzó la plaza, y ya estaba en el centro, que empezaba justo donde se iniciaba el asfalto. Andaba tranquilo, era sábado, y los días sábados eran tranquilos. Con ritmo marcado, verdadera armonía compuesta por su cuerpo moviéndose, y la bicicleta, con sus ejes y ruedas, que iban lento, como el día, que comenzaba a rodar, lentamente. A pablo le gustaba escuchar el ruidito que hacían los rulemanes de la bicicleta, ese sonido al que la mayoría de los obreros y changarines se habitúan, a él le encantaba oírlo, era como el tic-tac de su corazón, del tiempo verdadero, del que tarda la tierra en girar para traer el día de nuevo, el tiempo que le llevaba llegar hasta la despensa. Le daba vida al tiempo, con el ruidito a rulemanes oxidados. Cuando llegó a su casa de nuevo, observó que el sol ya estaba bien arriba,

-La pucha que pasa rápido el tiempo che- dijo mientras entraba a la casa con el bolso de hilo plástico lleno de los mandados que le encargó la madre. Dejó las bolsas sobre la mesada, cazó una fruta de entre los mandados y salió, mientras la madre le gritaba, -te olvidaste el azúcar hijo!-. Reclamo que ignoró completamente, porque ya estaba imbuido en un pensamiento, al que salia a atender a la vereda.

Levantó la naranja y tapó el sol, lo tapó de sus ojos, anteponiendo la fruta. Después la puso hacia un costado de su cuerpo, a la altura de los hombros. Miró por delante, y miró por detrás. -Que cosa!- pensaba. En ese momento pasaba Don Armando por la vereda, que lo vió y no pudo dejar de preguntarle que hacia.

-Nada Don, estaba viendo como era esto del sol, que cosa loca no?-.

-¿Qué cosa?-

-La luz Don, como ilumina una partecita nomas, lo ve? Esta parte de adelante está iluminada, esta de atrás no.-

-Claro hijo, porque el sol solamente ilumina la parte mas hacia al este de cualquier cuerpo que esté sobre la tierra-

-¿El este? ¿Por qué?-

-Porque el sol sale por el este hijo, que es hacia allá, y se oculta por el oeste, que es hacia allá.- Señalándole los puntos cardinales.

-Ahhh! O sea que si yo miro hacia el oeste miro hacia el sol.-

-Depende del momento del día hijo, si es al mediodía, vas a tener el sol sobre tu cabeza, de la mañana hasta el mediodía va a estar hacia el este, después del mediodía, hacia la tarde, el sol va a estar hacia el oeste, porque ya se va camino a esconderse de nuevo, por el oeste… entendés?-

-Ahhh, y desde el sol se puede ver la tierra? De este a oeste?-

Don Armando sonrió y le dijo –Hay Pablito, sos muy preguntón! Para eso está la escuela hijo… Decime una cosa, está tu mamá?- Y entró.

En ese momento pasaba también por el lugar Juan, el amigo de “macanas” de Pablo, y le gritó –Vamos al arroyo a pescar bagres!- Se levantó sin reparo y agarró la bicicleta, se retiró de la casa explicándole en pocas palabras a la madre, desde la calle, y a los gritos, que vendría al atardecer (cuando el sol se oculte) pensó.

En el camino Pablo le explicaba a Juan que el sol salía por el este y se escondía por el oeste, pero Juan no lo escuchaba, solamente gritaba desde la calle cada vez que pasaban frente a las casas de sus amigos, que irían al arroyo a pescar. –Al lugar de siempre!!- informaba a sus amigos. Y todos salían con sus bicicletas viejas, algunos agarraban las de sus mamás y emprendían camino hacia el arroyo. Cañitas de tacuara, anzuelos, masa hecha con harina y agua, nada mas. Llegados al lugar de siempre, tiraron las bicis en los yuyos, algunos se quedaron en calzoncillos enseguida y se treparon al “arbol trampolín” para zambullir una “bomba”, o un “clavado”. Pablo y Juan fueron mas rio abajo para pescar, y Pablo mientras miraba el reflejo del sol en el agua seguia con sus pensamientos.

-Vos decís que se puede ver Clorinda desde el sol? Será que nos pueden ver? Aca pescando?-

-¿Quiénes?-

-No se, “alguien”-

-No seas tonto Pablo, nadie puede ir al sol, es muy caliente, no te acordás lo que dijo la señorita Sofía? Que ahí la temperatura es muy alta! Nadie podría sobrevivir-.

-Si me acuerdo, pero si te pones cerca del sol, al lado, será que se puede ver hasta acá?-

-Y, si tenés buena vista capaz que si-. Y se rió a carcajadas de Pablo.

Se quedaron callados mirando al agua, con los sentidos al máximo, porque al menor movimiento de tanza saltarían a tirar de ella para traer a la superficie algún bagre. Mientras tanto el brillo en el agua reflejaba un punto mínimo, donde se forma una estrella, o una especie de estrella con el brillo, que se proyecta a miles de millones de kilómetros en línea recta hacia algún otro punto en el espacio. Un punto en el universo, que se proyecta hacia el vacío, hacia la nada del todo, un punto luminoso, en el basto espacio de puntos que se proyectan hacia otros puntos, y determinan las leyes de la física, que alguna vez los científicos escribieron. Cosa que a Pablo lo tenía sin cuidado, porque él ahí, estaba pensando otras cosas, que eran las mismas, pero no estaban escritas en ningún lado. Preguntándose como se vería el arroyo desde el sol, cuántas cosas podrían viajar por ese mínimo de rayo que no ocupaba ni un poquito de lugar? Que era imposible de tocar, solo se podía ver. Qué tan lejos estarían de el lugar donde se reflejaran? Se podrían ver? Llegaría alguna vez?

En el justo momento en que la tanza se movió, y ambos saltaron a conseguir el premio, tiraron fuerte, y salto del agua el anzuelo sin bagre y sin masa, miraron a través del agua y lo vieron… ahí… siendo reflejado, en un punto del universo, a donde llegaba la luz del sol, al muy desgraciado bagre irse con su carnada.





Escrito por: Chespi