domingo, 29 de junio de 2008

El encuentro

De la tela a la lona

Del caucho a la goma

Esa tarde la vereda venia siendo caminada por mi mientras miraba hacia abajo, ignorando a la gran ciudad, miraba mis pies y en mis pies mis zapatillas de lona y goma.
Mientras pensaba en los recolectores de caucho de las selvas latino americanas, donde erróneamente supongo que se encuentran los árboles de caucho, pensaba en estos trabajadores que día a día recolectan la sabia de estos árboles. Pensaba en ellos, en su mundo el cual es tan diferente al mío, y me preguntaba si en algún momento una persona así se detenía a pensar un momento en la colonización del planeta Marte, si en algún momento de sus rutinarias vidas se detenían para cavilar en el futuro de la tierra y así llegar a la conclusión de una opción b: el planeta Marte.
Mientras miraba mis zapatillas, la vereda siendo caminada por mi y los recolectores siento un golpe seco pero liviano en la cabeza. Freno me desconecto y miro a mi alrededor cuando lo veo a mi costado. Un pequeño avión de papel que me invitaba en segundos a recordar mi infancia, cuando me gustaba tirar avioncitos de papel por mi balcón y trataba de llegar con perfeccionamientos aerodinámicos hasta el edificio del frente.
Me agacho con una sonrisa memoriosa, agarro el avioncito y miro para arriba. Ahí estaba, a diez pisos de distancia, la figura borrosa de un niño que me miraba y se mataba de risa. Cuando pensé en lo divertido que podría haber sido golpear a alguien en la cabeza con mis avioncitos de papel se me ocurrió la idea de pedirle al portero que me deje pasar y preguntarle si en el piso diez vivía un pibito el cual me había tirado con algo y pensaba avisarle a la madre para que lo ponga en su lugar.
- ¡hoó¡ el del piso dieh – me contesto eufórico el portero
- Una veh tuve que pintar todo el palieh de ese piso solo porque al nenito no se le ocurrió mejor idea que agarrah 3 fibrones y hacer “arte” en las paredeh-
Declaración que encontré extremadamente graciosa pero, me tuve que contener y poner cara de “que injusticia” haciéndome cómplice del portero con facilidad.
- Si pasa nomah, es el diez b-
Subí en el ascensor pensando en el arte que desarrollaba en las paredes de mi casa cuando era chico.
Golpeo la puerta y espero en silencio.
Cuando me abren, con gran dificultad para destrabar las trabas de seguridad de la puerta, se asoma con timidez el pibito que me había tirado el avión el cual, para mi desconcertadora sorpresa tenia una peculiaridad especial, ¡era yo!, nada mas que en mi infancia. Cuando era lo mas terrible que podría haber.
Luego de quedarme atontado observándome, cobre conocimiento aun sin comprender la situación, y le dije
- Me parece que esto es tuyo – mostrándole el avioncito de papel.
El se quedo mirándome con esa expresión como queriendo pedir perdón y yo me agacho le sonrío y le digo.
- El problema esta en que tenes que doblar esta parte de acá, si le doblas esa parte vas a llegar al edificio del frente – alcanzándole su avión.
El me miro y largo una de esas sonrisas que hacíamos cuando encontrábamos ese juguete de la propaganda en la juguetería y me dio las gracias.
Lo agarro de los hombros y le digo.
- Acordate Martin, acordate de esto que te voy a decir y presta mucha atención –
Me mira con los ojos grandes y dice – Bueno –
- Acordate Martin de que la vida es muy simple el problema esta en que somos nosotros los complejos –


Y esa frase es todo lo que me acuerdo de este pibe que se acerco a mi departamento para devolverme el avión de papel que le había tirado esa tarde y que misteriosamente sabia mi nombre.


Escrito por: MartiN

sábado, 28 de junio de 2008

"El ojo que todo lo ve"




Por eso llora…

Acaso sea por lo que el ojo ve, o acaso por lo que el ojo hace sentir…

Llora por culpa del corazón?... O del cerebro que lo controla?... expresión de qué es?... Por qué lo hace?

Lo cierto es que llora, y es impresionante ver los ojos de alguien que llora.. Refleja el terror, la angustia, o tal vez emoción, felicidad… justo cuando alguien decía unas palabras, o cuando uno mismo las decía, al recibir un abrazo, o en un entendimiento mutuo, en un dolor compartido… Como cuando alguien se va, y por mas que vuelva en un tiempo no podemos aguantar...o cuando alguien se va y sabemos que no va a volver, al ver su foto, o al pensar en él…

Y la mirada de los ojos es algo como en "capas", en distintos niveles, porque unos ojos ven otros ojos a la vez. Y nada como cuando dos personas "se miran" a los ojos y se encuentran... la realidad se desvanece a su alrededor...que gran poder el del ojo… como el del que solo ve lo que quiere mirar, y no x no ver es ciego, sino por no saber, o no querer mirar…

Hay muchas pero muchas miradas, de todo tipo, duración, color y textura, pero ninguna es más fuerte que una que llora…

Una persona llora porque no consigue calmarse, o porque no consigue entender, porque se ve sobrepasada por la situación y no tiene otro recurso que llorar… Expresión hibrida que da el ser humano en momentos de desesperación, o de mucha emoción, que desemboca en una respuesta inconsciente por mecanismos fisiológicos, con base anatómica, pero incluida la subjetividad… lo que como personas somos, y no podemos explicarel fenómeno es difícil de comprender justamente por el entretejido de elementos que hacen a un llanto, es “una mezcla de todo”… y como la risa, es la mejor manera de desahogo… después de las palabras.




Un ojo llora porque ve… Aunque sea en su imaginación.... y no puede aguantar.





Escrito por: Chespi

miércoles, 25 de junio de 2008

Don Cuito y las historias de las zambas





Don Cuito escuchaba la canción, con los ojos cerrados, sintiendo la voz grave en cada latido de su corazón, dejando caer una lagrima sobre su mejilla llena de surcos, sobre los años que se han ido, añorando viejas épocas, reconquistando pasadas victorias, todas y cada una, en cada instante de la canción. El cassette estaba ya también viejo como él, y el radio sobre la mesita redonda adornada con un mantel daban la postal típica.

En su mano, un vaso de vino. En su mente toda una vida. En el frente de la casa, la nostalgia, en la parte trasera, miles de historias guardadas en un deposito, y adentro, la soledad.

Terminaba la canción, el silencio, y la espera a una nueva historia.

Esta vez era una mujer, una linda mujer. Ella tenia el cabello rojizo, unos ojos marrones oscuros, y le había dicho una vez que siempre iba a estar con él.

La volvió a conquistar en esa zamba, la volvió a besar, le hizo el amor tres veces un domingo por la tarde, y le construyo una casa con sus propias manos, para que ella la cuidara, para que ella viviera ahí, para volver siempre después de cada dia y encontrarla en la cocina. Volvió a ser un hombre en esa zamba, junto a ella, dejo de ser el simple resto de una vida. Sintió que ella lo acaricio, que le beso la mejilla, que le hablaba, que lo tocaba, él lo sintió. Desprendido del tiempo, del lugar, de la verdad que lo tenia casi en deterioro total, él, Don Cuito, sintió una angustia enorme, pero era feliz mientras la zamba sonaba, mientras estaba con ella, esa mujer que siempre iba a estar con él.

Se estaba entusiasmando tanto, que sus latidos le hacían estremecerse, estaba dibujando una sonrisa en medio de un llanto, cuando la canción terminaba, el corazón se calmo completamente, el vaso se estrelló desparramando el vino por el suelo, y el fin llegó, junto con la ultima estrofa de la canción, el silencio, y ya no hay espera a otra historia.

La cinta del cassette termino, y las historias se han hecho una sola, que llegó a su final.



Escrito por: Chespi

domingo, 22 de junio de 2008

Estar estando



La madre de Dios trabaja mucho todos los días y el se queda ahí solo.

Un día para entretenerse se le ocurrió jugar al trabajo, tal como lo hace su madre.

Creo un planeta de color azul y se quedo entusiasmado con la idea de mostrárselo a su madre cuando llegase del trabajo.

Su nuevo juguete era perfecto y el no aguantaba las horas para mostrárselo a su madre.

Cuando por fin llego su madre fue corriendo hasta la puerta y le dijo con una gran sonrisa…

- mama, mira lo que hice-

A lo que ella contesto…

- ahora no Dios, que estoy muy cansada-

Afligido y decepcionado se fue a su cuarto y guardo el juguete en su cajón.

Luego de un tiempo, ya con más edad, Dios se acordó del juguete y lo fue a buscar.

Lo saco del cajón y se dio cuenta que ya no estaba igual de cómo el lo había dejado.

Ya no era perfecto y su profundo azul ya no era el mismo.

Desconcertado se lo mostró a su madre aprovechando su momento de ocio.

- Mama, ¿te acordás del juguete que te mostré hace tiempo? –
- ¿Cual de todos? – le pregunto su madre interesada.
- el azul –
- aaa si, era muy lindo – recordó ella con una sonrisa
- bueno, mira lo que le pasó –
Lo sostuvo en sus delicadas manos por un momento…
- Le agarro la humanidad – le dijo
- ¿Y eso que es?-
- Son un germen mihjo, eso te pasa por no cuidarlo como deberías –
- ¿Y de donde salieron? – pregunto Dios
- Y habrá sido resultado de un momento en que se te cruzo la alegría y la tristeza al mismo tiempo –
- ¿Tiene solución esta humanidad? – pregunto preocupado Dios
- Eso depende de ella nada mas – respondió afligida mirando fijo al círculo no tan azul.

Dios, decepcionado nuevamente, se fue a su cuarto y guardo su viejo y repercutido juguete en su cajón.

Y ahí estamos…

Estando en el cajón de los juguetes olvidados de Dios.




Escrito por: MartiN



jueves, 19 de junio de 2008

Dimunutas existencias de un instante irreparable


Preocupación banal y espantosa de una población indiferente, ante el desenlace fatal de un futuro repentino e inevitable.
Nukh le grita a su amigo Luph
– ¡esto nos pasa por apropiarnos de la vitalidad de un alma inocente y sin razón! –
- ¿que podemos hacer? Es nuestra esencia algo que tenemos que respetar – le contesta Luph ya resignado y con toda sinceridad.
Nicolas, un joven de 17 años, que había tenido una fuerte discusión con sus padres ante la inesperada y ridícula respuesta de los mismos – típico pensamiento de un adolescente pelotudo como vos, ya vas a crecer y vas a poner los pies sobre la tierra- luego de que el les comunicara su proyecto de sumarse a la agrupación green peace y viajar al norte del país a protestar en contra de la matanza indiscriminada del jaguareté.
El venia volando con su auto por esta ancha avenida, sin importarle la cantidad de reglas que podría estar violando en ese momento. El solo volaba con su auto sin importarle la… el solo volaba.
Griselda con inconmensurable alegría al los 15 años cuando se enteraba que Sombra se incorporaba a su predecible y simple vida en las afueras de la ciudad.
Griselda a los 23 años terriblemente aburrida mirando un programa de TV que se hacia llamar “aprendiendo a coser con rosa” olvida por completo una de la piezas del simple rompecabezas que representaba su rutinaria vida cometiendo así un error lamentable.
Nicolas volando por esa ancha avenida con su auto.
Griselda terriblemente aburrida.
Nukh y Luph dos individuos de una pequeña población observando y tratando de entender la razón de un fin tan drástico e injusto.
Sombra que vio la oportunidad de explorar aquello que esa noche estaba permitido.
Nicolas no ve a Sombra.
Griselda escucha el aullido de dolor de su perra negra llamada Sombra y automáticamente se dio cuenta de que había olvidado cerrar el portón del frente.
Nukh y Luph, dos diminutos individuos miembros de una diminuta población de liendres que vivían por esencia en el pelaje negro de una perra inquieta, meditando atónitos que no podrán apropiarse de la vitalidad de esta pobre alma inocente que yacía en la ancha avenida bajo la luz de una luna intensa.

Un segundo, una imagen imborrable.

Una luna intensa que iluminaba en esta noche a una triste sombra inocente.
Escrito por: MartiN


jueves, 12 de junio de 2008


Fotografia: MartiN

Camino a otro lugar...


Santiago: que harías Juan si yo te proporcionara algún mal?

Juan: seguramente me sentiría muy mal, me romperías el corazón querido.

Santiago: sabes que quiero encontrar a ese Sujeto, que esta un poco perdido. Pero vos no me dejas, en cambio Muriel siempre me da pistas.

Juan: aah, ese Muriel, no confiaría en él, solo quiere interferir en lo que estamos de acuerdo, y eso no seria bueno, no?

Santiago: sin embargo creo que él es quien dice la verdad, él sabe donde esta ese Sujeto, tengo que encontrarlo, porque ya no entiendo que es lo que me pasa.

Juan: como que no?

Santiago: mejor dicho creo que si lo sé. Pero también creo que eso no es lo que hay de verdadero en mi. Quiero decir, presiento que ese Sujeto es lo que necesito para encontrarme, para saber quien soy.

Juan: acaso me tomas de estúpido?- Y aparece Muriel-.

Muriel: pues si, y de uno muy convencional.

Juan: aah, el gran Muriel esta con nosotros. Maldito mentiroso! Estas confundiendo las respuestas de mi buen amigo.

Santiago: déjalo, que diga lo que quiere decir. Dale lugar a su palabra tan sincera y verdadera.

Muriel: eres muy débil, muy desconfiado de los otros. Y haces bien, pero no te atormentes. Tus semejantes, no son lo que eres.

Juan: pero como que no, si somos semejantes!

Muriel: pobre Juan, eres tan ingenuo, y crees estar seguro de ti mismo, piensas que tu conciencia eres tu. Pobre Juan, hablas con él y quieres disuadirlo, pero tienes miedo, y es por eso que tratas que todo sea conveniente para él. El quiere dejar de ser como tu, y dar una respuesta a tus preguntas, pero no lo dejas. Vamos, ese sujeto nos espera

Juan: me haces mal.

Santiago: no, tu me haces mal. Este gran otro, Muriel, quiere ayudarme

Juan: pero si el te está haciendo equivocar! que tus sueños sean raros y a veces te encuentres diciendo cosas que no las decís habitualmente.

Santiago: es que “habitualmente” solamente soy una fachada, sino no podría convivir con vos Juan, y con los otros tampoco. Habitualmente miento, en cambio, cuando me encuentro diciendo o haciendo cosas que no digo o hago habitualmente, percibo algo de mi, que de algún modo quiere salir, y vos no me dejas. Tengo que ser amable, pues no lo soy! Pero debo, por qué? Es mi parte que no conozco, y quiero conocer, y para eso debo encontrar a ese sujeto, el sabrá o mejor dicho me hará saber, lo que soy. Ya lo he ignorado demasiado, y si sigo así, seré un ingenuo siempre, terco y torpe. Siempre me adivinaras cuando este por hacer algo. No somos iguales mi querido Juan, y es una pena, porque me caes bien! Pero solo para no tener que matarte, y creo que ya no puedo manejarlo todo, no puedo comprender la totalidad de esto que me rodea, que tu dices que es la realidad. Déjame Juan, que debo encontrarme con mis contrastes, que ya no aceptan tus concepciones, que son imaginarias. Esta falta es lo que me hace seguir.. seguir buscándome y ser un indeterminado. Estoy siendo condicionado, pero quiero que algo me determine, y quiero saber qué es.

Muriel: podemos irnos?

Entonces llegaron hasta donde estaba ese Sujeto, esperándolos, y entraron. El lugar era muy confuso, deforme, lleno de inmundicias y un olor pestilente que sofocaba. Santiago vomitó, y Muriel se reía. Apareció ese Sujeto.

Santiago: Pero si eres muy parecido a mi! Pero que horrible eres!

Ese Sujeto: El horrible eres tú.(mientras se abalanzaba sobre un animal muerto que había en el suelo, jadeando y se revolcándose sobre éste)

Santiago: Que horror! Eres un perverso! Me das asco.

Ese Sujeto: Y que esperabas de mi, si me han dejado tirado aquí, en otro lugar, olvidado y maltratado. Me has sucumbido a la sombra, y me tiras todos los dias tu basura, tus porquerías, todas esas cosas asquerosas que repugnan, pues he tenido que vivir con esto! Que esperabas de mi! Cómodo! No tienes el empeño de reciclar estas miserias. Ahora dime una cosa, por qué no me escuchas? Cuando de noche prendes la luz en tu cabeza, por qué me has dejado aquí tirado? Suspirando penas, casi sin aliento.. por qué me has hecho esto? Me has convertido en un monstruo! Y cuando sueñas maldito, cuando sueñas todas las noches te hablo, pero eres muy bueno para ignorarme.

Muriel: déjalo, el pobre no tiene la culpa.

Ese Sujeto: culpa!!?? Pues si me la ha echado a mi!! Mientras duerme tengo que vérmelas con eso.

Muriel: ya lo se sujeto, pero estoy tratando de ayudarte, para eso lo traje aquí, para que vea lo que te ha hecho.

Ese Sujeto: peleemos! Te reto a que me des por muerto. A ver si puedes aguantarme ahora que no esta Juan, ahora que estas solo aquí conmigo, frente a lo que has hecho de mi.

Santiago salió corriendo.

Ese Sujeto: cobarde!!! Ya me pedirás algo. (Y cayo dormido entre la inmundicia)

7:00 am, Santiago se despertó.



Escrito por chespi

Estrella

Lunes, y al levantarse no podía soportar la sed. Iba a la cocina, en busca de agua para calmar el incendio interior, bebía y el estomago se le retorcía, ni un millón de litros de agua podían humedecer sus labios secos. Mientras tanto pensaba, miraba hacia algún punto fijo de la cocina y pensaba. Trataba de recordar, que había hecho la noche anterior, por qué tanto dolor de estomago, qué había tomado, y por qué lo había hecho, dónde estuvo, con quién. No podía recordar, solamente sentía dentro suyo y mezclado con el ardor interior un gran vacío, una sensación de ansiedad, algo que el creía era una simple resaca, pero que confundía con esa sensación que ya se le había hecho normal, de no saber lo que quiere, o que le pasa, pero en la piel y en el cuerpo entero sentirlo. Fruncía el seño, miraba cada vez mas vagamente, con la mirada cada vez mas perdida hacia el punto fijo, se esforzaba, y no podía comprender que le pasaba. Tomaba una galleta y un café, y salía al día. Lunes y nuevamente, el trabajo, la gente, la ciudad, el mundo.

Pasaba la semana, y le contaba a su confidente, alguien que él sabia que no le importaba mucho lo que decía, pero que lo escuchaba. Le contaba que los lunes le pasaba siempre lo mismo: al levantarse tenia una sensación de resaca terrible, y que casi nunca podía recordar lo que hacia las noches anteriores, el por qué de esos síntomas en su cuerpo.

-vos no te estarás volviendo esquizofrénico no?- le decía el confidente.

-no se, pero algo me pasa, lo admito, pero no puedo saber que es- y hacia que su confidente frunza el seño y gesticule un:

-“y bue, tendrías q ir a un psicólogo”- encogiéndose de hombros y agitando las manos.

Recomendación tan terrible le habría hecho este ser indiferente que lo indignó. Se opuso a exponerse de tal forma frente a un estudioso de la locura de los siglos anteriores, y se propuso averiguarlo solo.

Llegaba el martes, y todo seguía muy normalmente, excepto a la noche, cuando al acostarse tenia tanto miedo de que le pase algo que no podía dormir, y durante el día andaba como un sonámbulo, como un zombi a mitad de camino, empecinado en ser lucido, y ridiculizado por la torpeza que ni un detraído pudiera tener en su peor día. El confidente se acercaba a averiguar que le sucedía, pero era en vano, decidió afrontar solo el problema, aunque eso le estuviera significando muchas amonestaciones en el trabajo, y reproches de todos sus conocidos, por decirles de alguna manera, porque era obvio, y el lo sabia, que nadie conoce a nadie en realidad.

Entonces llego el domingo, era inexplicable la ansiedad que sentía, era un sufrimiento muy grande. Al mediodía no pudo comer el sabroso pollo al horno con papas que había hecho con tanto empeño, a la tarde apenas pudo tomar un café para aumentar un poco su estado de alerta, fumaba. Atento a todo lo que estuviera pasando en cada instante, para hallar algún indicio de lo que seguramente ocurriría en algún momento, cuando él deje de recordar, y de un momento a otro, sea lunes, y otra vez todo de nuevo.

No podía aguantar la tensión, se preparaba un güisqui y comenzaba a impacientarse, una copa tras otra, cada vez mas inconscientemente servia de nuevo y de nuevo, fumaba y fumaba. Pensó en ese momento, tengo q escribir algo. Se levanto y camino hasta la cocina, era de noche ya y con su cuerpo en soledad empezó a hacer zig-zags por toda la casa, terminó en el patio, parado ahí en la parte trasera de la casa que daba a un bosque, mirando al cielo, con la botella de güisqui en la mano casi vacía, sin poder estar parado, se derrumbo como en cámara lenta, y quedo boca arriba, mirando el cielo, llorando. Colgaba de su cuello una grabadora que había preparado en el momento mas lucido de la tarde, sabiendo que algo habría de ocurrir después. Y el miraba las estrellas, lloraba y ahí se quedo dormido.

Lunes otra vez, se levanta, y en la cama, sin saber como llego ahí, y sediento corre a la cocina por un vaso de agua. Bebe, y el estomago se le retuerce, siente la ansiedad, la confunde nuevamente con resaca, trata de recordar y otra vez, nada. Va a la habitación y toma a grabadora, se le acelera el corazón, estaba a punto de descubrirlo. Pone play y escucha. Un llanto desesperado, ruido de alguien bebiendo, llorando, y maldiciendo.

–donde estas- dice la grabación, -donde estas que no te encuentro...una de todas esas luces en el cielo era la mía! y ahora no la encuentro!!. Tengo que buscar mejor, tengo que encontrarte-. Y después de eso no se oye nada mas.

Lunes otra vez se dice a si mismo, y ya la rutina comienza a rodar, el trabajo, el confidente, la gente, la ciudad, el mundo. Pero esta vez todo le parecía mucho mas ajeno que antes, esta vez sabía que algo anduvo mal por mucho tiempo, esta vez sabía que lo que sentía era un gran vacío y que lo demás no importaba.

Se le acerco un día en el trabajo una mujer, muy linda (pensó él) y le pregunto que le pasaba, porque esta mujer lo veía un poco ido. Solo atinó a responder con indiferencia que no le pasaba nada, le dio las gracias por preocuparse como por obligación ante el interés de la mujer. Habló con el confidente y éste le dijo que esa mujer lo miraba de una manera muy particular. Pensó un instante, la miró y siguió en su trabajo, atendiendo llamadas y tramitando papeles sin darle importancia. Le dijo al confidente, que otra vez le había pasado lo que le pasaba todos los lunes al despertarse. Éste le respondió –los domingos son un buen día para morirse-.

Esa noche se despertó en medio de un sueño, y vio que todo estaba muy oscuro, miro alrededor, y nada, solo oscuridad y muchos puntos brillantes, pensó que estaba soñando todavía. Se dio cuenta de que estaba como flotando, envuelto en un silencio absoluto, miro hacia abajo y la vio, a esa mujer, la vio ahí, sentada en el frente de una linda casa, llorando, mirándolo a el, fijo, como si el estuviera en el cielo. Y ella le decía:

-donde estas que no te encuentro-.

El se había convertido en eso que siempre buscó, cuando sin darse cuenta, pasaba las noches inconsciente, ebrio, y llorándole al cielo, tirado en su patio. Él era ahora, una luz en el cielo para alguien mas, que lo miraba desde abajo.


Escrito por chespi

Escalones




Abría la puerta, unos cinco metros, y la escalera. 20 escalones, o 19, dependiendo de si contaba o no el ultimo, que ya seria como parte del piso. Es raro porque el piso seria un escalón mas, así uno estaría parado en un escalón. Contaba los escalones todas las veces que subía, automáticamente, y cuando bajaba de manera mas automática, de a grupos, de tres o de cuatro, dependiendo de qué tan largos sean los saltos que diera. 20 escalones muchas veces al día, unas 5 o mas subidas y bajadas, serian como 200 escalones al día. Contados.

No en cada uno, pero si en cada 5 o 6 escalones tenia un pensamiento, una reflexión, pronta y automática, tal y como el conteo de los escalones. Que como es de suponer quedaban asociadas con la imagen de la escalera, o de los escalones. Al subir. Porque la bajada era muy rápida como para que le dé el tiempo a pensar en algo, mas bien al bajar solo pensaba en qué estaba yendo a hacer y como lo haría, o solamente imaginando alguna cosa banal que lo abstraiga del mundo, del tiempo y de la escalera. Culpa de eso una vez se dio un golpazo tremendo al caer varios escalones rodando.

–Eeeh pibee! Tene mas cuidado!! Te hiciste mal?- le dijo el portero. –no no, todo bien- respondió como recién despertado de un sueño profundo y como si no entendiera nada, de tanto abstraerse.

Después de un día agitado, subiendo las escaleras, en uno de los escalones, piensa en ella, su hermosa utopía, y no por primera vez se pierde en el conteo. A pesar de que sabia obviamente q eran 20 escalones, o 19, en medio de la subida, con ese pensamiento se pierde, para retomarlo cuatro escalones antes de terminar de subir, haciendo un cálculo fácil de que ahí iba por el escalón 16. Lo distinto de este día es que, al terminar de subir las escaleras, y sin saber absolutamente nada de lo que va a ocurrir, la ve.

Una expresión de asombro en su cara, casi de susto, al verla sonriendo frente a la puerta de su departamento, totalmente desentendido, vacila y solo puede emitir -¿Qué haces aca?-.

-bueno hola primero vissteee!.. nada, andaba por acá cerca y pensé en pasar a saludarte y no se, tomar un café, acabo de llegar, el portero me abrió la puerta y subí, pero no atendías, ya veo por qué.. no estabas, jeje- sonrió inocentemente haciendo que él se desesperara en abrir la puerta y calentar el agua para el café, acercar unas sillas, poner algo de música (preguntando previamente que quería escuchar), ordenando un poco el ambiente, abriendo una ventana para conseguir un poco de aire fresco. Todas las cosas que le llevarían una tarde u horas hacerlas si ella no estuviera allí.

Ya listo el café, y averiguado que hacia por la zona (buscando una fabrica de sillas, hecho no muy convincente para él), se sentaron, charlaron, coquetearon (ella, porque él estaba entorpecido), rieron de chistes tontos. Hasta que llegó el silencio propicio para ir al grano o hacer un comentario sin sentido. Ella prefirió lo primero, y le comentó que leyó el mail que él le escribió.

Si hasta ese momento estaba nervioso y entorpecido ahora era un nervio en persona, o un manojo de nervios, casi que escupe el sorbo de café que bebió. Sintió caliente dentro de la panza, y subió por el pecho, lo que le hizo apretar la garganta.

–nunca me dijeron cosas tan lindas, y no acostumbro a guardar los mails. Pero este te prometo que lo voy a guardar-

Tanto mas aliviado se sintió, como un campeón de mil batallas, aunque solo sea una la que ha ganado.

Empezó a balbucear, y ella, que advirtió que él estaba por empezar a decir un montón de cosas lo paró. Se levantó y lo besó. Ahora si, era un rey, y ella, una diosa dándole la gracia divina.

–me tengo que ir- le dijo –me gustaria quedarme y que me cuentes un poco mas de eso que pensas cuando subís las escaleras 5 veces al día.. pero ya habrá tiempo para eso.. por ahora nada mas quiero que estés tranquilo, yo estoy con vos-.

Y él por fin pudo pronunciar unas palabras en 10 minutos de balbuceo –entonces soy feliz-.

La próxima vez que tuvo que bajar las escaleras lo hizo en 4 saltos, a razón de 5 escalones por cada uno, y en su mente solo ella, su antigua utopía, su ahora mas verdadera ilusión. En el último salto, el cyber, pensó. 147 contactos en el “Messenger”, desgarradores nicks de amores cibernéticos, diminutos para él, que ahora tenia lo mas grande. Escribió otro mail para ella, y esta vez dijo muchas cosas mucho mas lindas que antes.

Volvió y al subir, esta vez, ya no contó los escalones, ni lo intentó, para no perderse y generarse angustia. Sabia que eran 20, y que eso no importaba mas.


Escrito por chespi

Rompiendo el silencio



Donde te encuentro?- le dijo Pablo a María luz.
-En cada silencio tuyo- contesto María luz - cuando las imposiciones no puedan hacer nada. Delante tuyo, al costado, y en todo tu alrededor. Esta noche no puedo quedarme con vos, pero voy a estar.. en cada sueño.
-Cuando?- Pablo se agitó.
-Mañana.- Y lloró
-Vayamos a caminar- propuso entusiasmado, pensando en que eso le haría bien a no sabe que cosa que en ella andaba mal.
-No puedo- le dijo Maria Luz. - Hay mucho ruido afuera.. Solo quédate un rato mas y cántame una canción, cuéntame un cuento, necesito estar pura-
Él se quedo, y con palabras encantadoras, la hizo dormir. Salio, caminó, atravesó una plaza en otra dimensión, aturdido llego a la escalera, y subió. Solo en medio de la noche en su cama, tuvo el silencio, y ella estuvo con él, miro al costado y ella dormía allí, se levanto y ella estaba al pie de la cama. Saltó de la cama y corrió al balcón, toda la oscuridad iluminada por el reflector natural. Cuando pudo advertir el silencio, quiso gritar y no pudo. Solo silencio, en su corazón mismo.

Se levanto a la mañana, subió al auto, aceleró hasta el lago, cuando llegó corrió sacándose la ropa, saltó, y solo ahí.. en el instante que el percibía en cámara lenta, envuelto en silencio, volando sobre el agua, y ya convertido en niño, escuchó.. al irrumpir en la quietud del agua y en el silencio.. los pajaros cantar.

Alguien quizá ya fue historia...




Escrito por chespi

Desalmado

Habían pasado varios días ya de aquel encuentro, aquel encuentro que los separó, a ellos, quienes habían pasado cuatro años “juntos”. Cuatro años que terminan en cinco minutos, pero que venían extinguiéndose desde hace ya un tiempo. Como cuando sus peleas empezaban por algún absurdo pero que en realidad nunca era algo absurdo, sino todo lo que estaba siendo aguantado por el “dique”, y que cuando le daban salida, rompía la barrera, y desembocaba en un aluvión de problemas y reproches. Ella recordaba sus palabras, las resignificaba y lloraba en su balcón, un hombre al pasar por la vereda pensó “va a llover”. El cielo era inmenso, terriblemente cautivador, oscuro. Ella era insignificante, se sentía así, tal cual se sentía respecto a su dolor inmenso, y ella una insignificante persona que se veía cautiva de una angustia enorme, un cielo oscuro y grande, muy grande.

De algún modo le era placentera esta sensación tan penosa, debía descargarse, y lloro toda la noche. Le era placentera porque se daba cuenta que él había sido importante, esa persona a quien recurrir, con quien hablar, y que nunca la dejó sola. Le dolía por eso, le faltaba eso, pero sabia que no podía seguir con él.

En otro lugar, otra escena. Él rodeando por la casa, hablando por teléfono, con música de fondo siendo ignorada, el televisor prendido, los ojos cansados, pero sonriendo, siendo espontáneo con el interlocutor de la comunicación, absolutamente solo, rodeado de medios y sonidos, hablando por teléfono. Pero rodeando mucho mas que los muebles de la casa, requiriendo mucho mas que la compañía de alguien, estando solo pero no de alguien, sino de “esa persona”. Corta el teléfono después de acordar un encuentro en su casa. Mira el reloj, las 10 de la noche. Ansiedad. Deja de dar rodeos, de esquivar su ansiedad, y de querer estar acompañado, toma el teléfono de nuevo, y la llama.

Ella atiende, él corta. Va a la cocina, busca un vaso de algo para beber, sube el volumen de la música, “no tiene que saber que estoy en silencio y solo” (piensa), y llama de nuevo. Ella atiende sonriendo, adivinando que era él y le había cortado.

-Hola?-

-Maria luz?- Dice él, cuando al escuchar su voz se estremece su estomago, y el corazón le da un latido galopante.

-Si quién habla?- disimula la espera ansiosa de su llamado, y se saca los mocos con la mano para no hacer el ruidito de tragárselos, para que él no sepa que estuvo llorando. Porque él siempre le adivinaba como estaba.

-Eliseo!! No te acordas mas de mi? Que bárbaro che!!- rompe el hielo.

- Ah si, como estas! Es que estaba en otra y atendí el teléfono como por inercia. Que haces? Todo bien?- siguió rompiendo el hielo.

Ya sumergidos en un océano de deshielo, se comentaron quehaceres, él iba a juntarse con amigos a tomar algo, y estaba bien, ella iba a visitar a unos amigos también, y por supuesto, también estaba bien. Se hablaron un rato disimulando, riendo, sintiéndose bien, cubriendo un poco la falta que se hacían, demostrándose que estarían bien sin estar juntos, hasta que ella, no pudo dejar de decirlo.

-Me siento un poco rara, como que algo me falta no?- no daba muchos rodeos.

-Si si, yo también (entusiasmado).. el otro día pensaba, que bueno seria que estuvieras para ayudarme porque quería hacer unos canelones y no sabia como! jeje.- llevo hacia un chiste lo terrible de sus angustias. Y ella lo siguió.

-Hay nene, cuando vas a aprender a cocinar!-.

Y así estuvieron, dedicándose a que el otro no se de cuenta, creyéndose la mentira, en un mutuo acuerdo implícito en “estar bien” separados. De seguir cada uno con su vida. Cuando sobrevinieron los silencios, se despidieron, se desearon suerte, y se encargaron cuidarse, y seguir así de bien como estaban.

Pero al cortar el teléfono, los nervios, la ansiedad, esa cosa en la panza cuando algo no anda bien. Cosa que le explicaría a su amigo, después de haber hablado toda la noche y haber esquivado mucho el tema por medio de rodeos, cuando le dijera: que tenia el corazón dado vuelta.

Pasaron varios días, y estuvieron enredados, entre las cosas comunes de la vida, del mundo real, y el otro mundo, en el que estaban ellos, ese mismo lugar en el que estaban, sin estar exactamente en el mismo lugar. Entonces un día Maria luz pensó en darle una sorpresa, y decidió visitarlo. Un viernes por la tarde, casi entrando en la noche.

Al llegar a la casa de Eliseo, él no atendía el portero eléctrico, y era raro que no esté, entonces insistió, pero nada. Se empezó a inquietar, y a pensar que tal vez él ya se había ido, a otro lugar, a cualquier otro lugar lejos, que ya no le habría importado ella y entonces simplemente se fue. Pero se convencía de que no, y seguía tocando el timbre. Ya estaba realmente asustada, diciéndose a si misma que era una tonta por haberlo dejado, que si salía a tenderla, no lo habría de dejar nunca mas. Entonces fue a hablar con el portero, éste le abrió la puerta, y subió. La puerta del departamento no estaba con llave, después de golpear un rato, entró. No lo podía creer.

Yacían las partes de Eliseo desparramadas por el living, un brazo en el pasillo, otro sobre la mesa, las piernas por un lado entre la mesita ratona y el sofá, y su cabeza sobre el sofá, con los ojos cerrados, y las mejillas humedecidas de lágrimas. Flotando en el ambiente, su alma. Que se había desprendido en forma de mariposa de su cuerpo cuando éste se desarmó literalmente. Revoloteando por todo el departamento

Maria se aterrorizó, y sin ni siquiera pensarlo una vez comenzó a juntar las partes, y lo armó, desesperada, llorando, impotente, sin entender que había pasado, y sin dejar de reprocharse lo que había causado. Después de un rato, y de mucho rogarle a la mariposa, el alma de él, que volviera a su cuerpo, de tratar que no se escapara, que no se fuera, de atraparla y meterla en el cuerpo. Hasta que esta por si sola, volvió al cuerpo y entró por la boca de Eliseo, como una inhalación vital.

No se calmó hasta vio que por fin Eliseo volvió a moverse, y pestañeó, sonrió, y dijo:

-Maria, que haces acá? Que sorpresa! Como entraste?- y se le iluminaron los ojos.

-Vine a darte una sorpresa- y lo envolvió con sus brazos, para no soltarlo nunca mas, y le dijo: -Vas a estar bien-.


Para Maria Clara...

Escrito por chespi