domingo, 29 de junio de 2008

El encuentro

De la tela a la lona

Del caucho a la goma

Esa tarde la vereda venia siendo caminada por mi mientras miraba hacia abajo, ignorando a la gran ciudad, miraba mis pies y en mis pies mis zapatillas de lona y goma.
Mientras pensaba en los recolectores de caucho de las selvas latino americanas, donde erróneamente supongo que se encuentran los árboles de caucho, pensaba en estos trabajadores que día a día recolectan la sabia de estos árboles. Pensaba en ellos, en su mundo el cual es tan diferente al mío, y me preguntaba si en algún momento una persona así se detenía a pensar un momento en la colonización del planeta Marte, si en algún momento de sus rutinarias vidas se detenían para cavilar en el futuro de la tierra y así llegar a la conclusión de una opción b: el planeta Marte.
Mientras miraba mis zapatillas, la vereda siendo caminada por mi y los recolectores siento un golpe seco pero liviano en la cabeza. Freno me desconecto y miro a mi alrededor cuando lo veo a mi costado. Un pequeño avión de papel que me invitaba en segundos a recordar mi infancia, cuando me gustaba tirar avioncitos de papel por mi balcón y trataba de llegar con perfeccionamientos aerodinámicos hasta el edificio del frente.
Me agacho con una sonrisa memoriosa, agarro el avioncito y miro para arriba. Ahí estaba, a diez pisos de distancia, la figura borrosa de un niño que me miraba y se mataba de risa. Cuando pensé en lo divertido que podría haber sido golpear a alguien en la cabeza con mis avioncitos de papel se me ocurrió la idea de pedirle al portero que me deje pasar y preguntarle si en el piso diez vivía un pibito el cual me había tirado con algo y pensaba avisarle a la madre para que lo ponga en su lugar.
- ¡hoó¡ el del piso dieh – me contesto eufórico el portero
- Una veh tuve que pintar todo el palieh de ese piso solo porque al nenito no se le ocurrió mejor idea que agarrah 3 fibrones y hacer “arte” en las paredeh-
Declaración que encontré extremadamente graciosa pero, me tuve que contener y poner cara de “que injusticia” haciéndome cómplice del portero con facilidad.
- Si pasa nomah, es el diez b-
Subí en el ascensor pensando en el arte que desarrollaba en las paredes de mi casa cuando era chico.
Golpeo la puerta y espero en silencio.
Cuando me abren, con gran dificultad para destrabar las trabas de seguridad de la puerta, se asoma con timidez el pibito que me había tirado el avión el cual, para mi desconcertadora sorpresa tenia una peculiaridad especial, ¡era yo!, nada mas que en mi infancia. Cuando era lo mas terrible que podría haber.
Luego de quedarme atontado observándome, cobre conocimiento aun sin comprender la situación, y le dije
- Me parece que esto es tuyo – mostrándole el avioncito de papel.
El se quedo mirándome con esa expresión como queriendo pedir perdón y yo me agacho le sonrío y le digo.
- El problema esta en que tenes que doblar esta parte de acá, si le doblas esa parte vas a llegar al edificio del frente – alcanzándole su avión.
El me miro y largo una de esas sonrisas que hacíamos cuando encontrábamos ese juguete de la propaganda en la juguetería y me dio las gracias.
Lo agarro de los hombros y le digo.
- Acordate Martin, acordate de esto que te voy a decir y presta mucha atención –
Me mira con los ojos grandes y dice – Bueno –
- Acordate Martin de que la vida es muy simple el problema esta en que somos nosotros los complejos –


Y esa frase es todo lo que me acuerdo de este pibe que se acerco a mi departamento para devolverme el avión de papel que le había tirado esa tarde y que misteriosamente sabia mi nombre.


Escrito por: MartiN

1 comentario:

Anónimo dijo...

como que el encuentro ese te marco la vida no?.. me gusto el cuento "martin"