jueves, 12 de junio de 2008

Escalones




Abría la puerta, unos cinco metros, y la escalera. 20 escalones, o 19, dependiendo de si contaba o no el ultimo, que ya seria como parte del piso. Es raro porque el piso seria un escalón mas, así uno estaría parado en un escalón. Contaba los escalones todas las veces que subía, automáticamente, y cuando bajaba de manera mas automática, de a grupos, de tres o de cuatro, dependiendo de qué tan largos sean los saltos que diera. 20 escalones muchas veces al día, unas 5 o mas subidas y bajadas, serian como 200 escalones al día. Contados.

No en cada uno, pero si en cada 5 o 6 escalones tenia un pensamiento, una reflexión, pronta y automática, tal y como el conteo de los escalones. Que como es de suponer quedaban asociadas con la imagen de la escalera, o de los escalones. Al subir. Porque la bajada era muy rápida como para que le dé el tiempo a pensar en algo, mas bien al bajar solo pensaba en qué estaba yendo a hacer y como lo haría, o solamente imaginando alguna cosa banal que lo abstraiga del mundo, del tiempo y de la escalera. Culpa de eso una vez se dio un golpazo tremendo al caer varios escalones rodando.

–Eeeh pibee! Tene mas cuidado!! Te hiciste mal?- le dijo el portero. –no no, todo bien- respondió como recién despertado de un sueño profundo y como si no entendiera nada, de tanto abstraerse.

Después de un día agitado, subiendo las escaleras, en uno de los escalones, piensa en ella, su hermosa utopía, y no por primera vez se pierde en el conteo. A pesar de que sabia obviamente q eran 20 escalones, o 19, en medio de la subida, con ese pensamiento se pierde, para retomarlo cuatro escalones antes de terminar de subir, haciendo un cálculo fácil de que ahí iba por el escalón 16. Lo distinto de este día es que, al terminar de subir las escaleras, y sin saber absolutamente nada de lo que va a ocurrir, la ve.

Una expresión de asombro en su cara, casi de susto, al verla sonriendo frente a la puerta de su departamento, totalmente desentendido, vacila y solo puede emitir -¿Qué haces aca?-.

-bueno hola primero vissteee!.. nada, andaba por acá cerca y pensé en pasar a saludarte y no se, tomar un café, acabo de llegar, el portero me abrió la puerta y subí, pero no atendías, ya veo por qué.. no estabas, jeje- sonrió inocentemente haciendo que él se desesperara en abrir la puerta y calentar el agua para el café, acercar unas sillas, poner algo de música (preguntando previamente que quería escuchar), ordenando un poco el ambiente, abriendo una ventana para conseguir un poco de aire fresco. Todas las cosas que le llevarían una tarde u horas hacerlas si ella no estuviera allí.

Ya listo el café, y averiguado que hacia por la zona (buscando una fabrica de sillas, hecho no muy convincente para él), se sentaron, charlaron, coquetearon (ella, porque él estaba entorpecido), rieron de chistes tontos. Hasta que llegó el silencio propicio para ir al grano o hacer un comentario sin sentido. Ella prefirió lo primero, y le comentó que leyó el mail que él le escribió.

Si hasta ese momento estaba nervioso y entorpecido ahora era un nervio en persona, o un manojo de nervios, casi que escupe el sorbo de café que bebió. Sintió caliente dentro de la panza, y subió por el pecho, lo que le hizo apretar la garganta.

–nunca me dijeron cosas tan lindas, y no acostumbro a guardar los mails. Pero este te prometo que lo voy a guardar-

Tanto mas aliviado se sintió, como un campeón de mil batallas, aunque solo sea una la que ha ganado.

Empezó a balbucear, y ella, que advirtió que él estaba por empezar a decir un montón de cosas lo paró. Se levantó y lo besó. Ahora si, era un rey, y ella, una diosa dándole la gracia divina.

–me tengo que ir- le dijo –me gustaria quedarme y que me cuentes un poco mas de eso que pensas cuando subís las escaleras 5 veces al día.. pero ya habrá tiempo para eso.. por ahora nada mas quiero que estés tranquilo, yo estoy con vos-.

Y él por fin pudo pronunciar unas palabras en 10 minutos de balbuceo –entonces soy feliz-.

La próxima vez que tuvo que bajar las escaleras lo hizo en 4 saltos, a razón de 5 escalones por cada uno, y en su mente solo ella, su antigua utopía, su ahora mas verdadera ilusión. En el último salto, el cyber, pensó. 147 contactos en el “Messenger”, desgarradores nicks de amores cibernéticos, diminutos para él, que ahora tenia lo mas grande. Escribió otro mail para ella, y esta vez dijo muchas cosas mucho mas lindas que antes.

Volvió y al subir, esta vez, ya no contó los escalones, ni lo intentó, para no perderse y generarse angustia. Sabia que eran 20, y que eso no importaba mas.


Escrito por chespi

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