jueves, 12 de junio de 2008

Estrella

Lunes, y al levantarse no podía soportar la sed. Iba a la cocina, en busca de agua para calmar el incendio interior, bebía y el estomago se le retorcía, ni un millón de litros de agua podían humedecer sus labios secos. Mientras tanto pensaba, miraba hacia algún punto fijo de la cocina y pensaba. Trataba de recordar, que había hecho la noche anterior, por qué tanto dolor de estomago, qué había tomado, y por qué lo había hecho, dónde estuvo, con quién. No podía recordar, solamente sentía dentro suyo y mezclado con el ardor interior un gran vacío, una sensación de ansiedad, algo que el creía era una simple resaca, pero que confundía con esa sensación que ya se le había hecho normal, de no saber lo que quiere, o que le pasa, pero en la piel y en el cuerpo entero sentirlo. Fruncía el seño, miraba cada vez mas vagamente, con la mirada cada vez mas perdida hacia el punto fijo, se esforzaba, y no podía comprender que le pasaba. Tomaba una galleta y un café, y salía al día. Lunes y nuevamente, el trabajo, la gente, la ciudad, el mundo.

Pasaba la semana, y le contaba a su confidente, alguien que él sabia que no le importaba mucho lo que decía, pero que lo escuchaba. Le contaba que los lunes le pasaba siempre lo mismo: al levantarse tenia una sensación de resaca terrible, y que casi nunca podía recordar lo que hacia las noches anteriores, el por qué de esos síntomas en su cuerpo.

-vos no te estarás volviendo esquizofrénico no?- le decía el confidente.

-no se, pero algo me pasa, lo admito, pero no puedo saber que es- y hacia que su confidente frunza el seño y gesticule un:

-“y bue, tendrías q ir a un psicólogo”- encogiéndose de hombros y agitando las manos.

Recomendación tan terrible le habría hecho este ser indiferente que lo indignó. Se opuso a exponerse de tal forma frente a un estudioso de la locura de los siglos anteriores, y se propuso averiguarlo solo.

Llegaba el martes, y todo seguía muy normalmente, excepto a la noche, cuando al acostarse tenia tanto miedo de que le pase algo que no podía dormir, y durante el día andaba como un sonámbulo, como un zombi a mitad de camino, empecinado en ser lucido, y ridiculizado por la torpeza que ni un detraído pudiera tener en su peor día. El confidente se acercaba a averiguar que le sucedía, pero era en vano, decidió afrontar solo el problema, aunque eso le estuviera significando muchas amonestaciones en el trabajo, y reproches de todos sus conocidos, por decirles de alguna manera, porque era obvio, y el lo sabia, que nadie conoce a nadie en realidad.

Entonces llego el domingo, era inexplicable la ansiedad que sentía, era un sufrimiento muy grande. Al mediodía no pudo comer el sabroso pollo al horno con papas que había hecho con tanto empeño, a la tarde apenas pudo tomar un café para aumentar un poco su estado de alerta, fumaba. Atento a todo lo que estuviera pasando en cada instante, para hallar algún indicio de lo que seguramente ocurriría en algún momento, cuando él deje de recordar, y de un momento a otro, sea lunes, y otra vez todo de nuevo.

No podía aguantar la tensión, se preparaba un güisqui y comenzaba a impacientarse, una copa tras otra, cada vez mas inconscientemente servia de nuevo y de nuevo, fumaba y fumaba. Pensó en ese momento, tengo q escribir algo. Se levanto y camino hasta la cocina, era de noche ya y con su cuerpo en soledad empezó a hacer zig-zags por toda la casa, terminó en el patio, parado ahí en la parte trasera de la casa que daba a un bosque, mirando al cielo, con la botella de güisqui en la mano casi vacía, sin poder estar parado, se derrumbo como en cámara lenta, y quedo boca arriba, mirando el cielo, llorando. Colgaba de su cuello una grabadora que había preparado en el momento mas lucido de la tarde, sabiendo que algo habría de ocurrir después. Y el miraba las estrellas, lloraba y ahí se quedo dormido.

Lunes otra vez, se levanta, y en la cama, sin saber como llego ahí, y sediento corre a la cocina por un vaso de agua. Bebe, y el estomago se le retuerce, siente la ansiedad, la confunde nuevamente con resaca, trata de recordar y otra vez, nada. Va a la habitación y toma a grabadora, se le acelera el corazón, estaba a punto de descubrirlo. Pone play y escucha. Un llanto desesperado, ruido de alguien bebiendo, llorando, y maldiciendo.

–donde estas- dice la grabación, -donde estas que no te encuentro...una de todas esas luces en el cielo era la mía! y ahora no la encuentro!!. Tengo que buscar mejor, tengo que encontrarte-. Y después de eso no se oye nada mas.

Lunes otra vez se dice a si mismo, y ya la rutina comienza a rodar, el trabajo, el confidente, la gente, la ciudad, el mundo. Pero esta vez todo le parecía mucho mas ajeno que antes, esta vez sabía que algo anduvo mal por mucho tiempo, esta vez sabía que lo que sentía era un gran vacío y que lo demás no importaba.

Se le acerco un día en el trabajo una mujer, muy linda (pensó él) y le pregunto que le pasaba, porque esta mujer lo veía un poco ido. Solo atinó a responder con indiferencia que no le pasaba nada, le dio las gracias por preocuparse como por obligación ante el interés de la mujer. Habló con el confidente y éste le dijo que esa mujer lo miraba de una manera muy particular. Pensó un instante, la miró y siguió en su trabajo, atendiendo llamadas y tramitando papeles sin darle importancia. Le dijo al confidente, que otra vez le había pasado lo que le pasaba todos los lunes al despertarse. Éste le respondió –los domingos son un buen día para morirse-.

Esa noche se despertó en medio de un sueño, y vio que todo estaba muy oscuro, miro alrededor, y nada, solo oscuridad y muchos puntos brillantes, pensó que estaba soñando todavía. Se dio cuenta de que estaba como flotando, envuelto en un silencio absoluto, miro hacia abajo y la vio, a esa mujer, la vio ahí, sentada en el frente de una linda casa, llorando, mirándolo a el, fijo, como si el estuviera en el cielo. Y ella le decía:

-donde estas que no te encuentro-.

El se había convertido en eso que siempre buscó, cuando sin darse cuenta, pasaba las noches inconsciente, ebrio, y llorándole al cielo, tirado en su patio. Él era ahora, una luz en el cielo para alguien mas, que lo miraba desde abajo.


Escrito por chespi

1 comentario:

Anónimo dijo...

"el hombre que echo su cuerpo al vacio", muy bueno maestro, espero poder ir a rosario a beber con los pibes. Felicitaciones chespi!
Un abrazo Martin
Seba Franco.