miércoles, 30 de julio de 2008

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Sigue durmiendo, mañana podrías no estar vivo
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- Podría hacerlo – analizaba mentalmente Alejo, mirando el techo recostado en su cama en el comienzo de su rutinaria siesta.
- No puedo ser tan holgazán, pensar que hay gente que esta trabajando desde las siete de la mañana. Y yo acá muy tranquilo a punto de dormir una siesta que como de costumbre se va a prolongar hasta las 6 de la tarde. –
Daba vueltas sobre la cama sin encontrar posición, cuando en realidad lo que no encontraba era paz interior, el remordimiento de la educación familiar trabajadora era mucho más fuerte que su costumbre.
- No puedo ser tan cómodo, no puedo – se repetía mentalmente - siempre lo mismo, evadiendo mi realidad y mis temores yéndome a dormir dejando que el tiempo fluya como una catarata –
En ese momento se le vino la imagen de una gran catarata y debajo el, soportando junto a las piedras gastadas por el agua el pasar del tiempo.
- No puede ser así, no tendría que ser así – pensó.
Se levanto de la cama con la reacción de alguien a quien le insultan a su madre y se fue directo a su computadora que como de costumbre ya estaba encendida pero con el monitor apagado.
Empieza a revisar sus mails y evadiendo los de su tío ahí estaba lo tan inesperadamente buscado. Se podía leer en el titulo: Leandro Berej oferta de trabajo.
Alejo abrió sus ojos y se hecho para atrás en su silla sin hacer click para abrirlo.
- No puede ser – pensó – esto tiene que ser una señal, una vez que me decido a hacer algo me cae esto tan de repente –
El había mandado ese mail hace una semana luego de que un amigo le pasara el dato de un trabajo en negro en el cual necesitaban alguien capacitado en un programa de computación. El cual Alejo sabia manejar sin problemas y además pagaban muy bien, cuestión que le interesaba mas aun que hacer algo con su vida.
- Hoy a las seis en punto, pregunta por Leticia, ella te va a atender – reclamaba el mail.
A las cinco y cuarto ya estaba esperando en la parada de colectivo con sus monedas en la mano, pensando en todo este mundo nuevo que se avecinaba con este trabajo. Nuevos horarios, un buen sueldo para ahorrar y poder darse esos gustos atrasados.
Cuando por fin ve asomarse al ciento siete se apoya contra el cordón y levanta el brazo con ganas, junto a cinco personas que repetían la misma acción. El imponente cuadrado amarillo se detiene bruscamente, como de costumbre, se abre la puerta delantera y todos se asoman para poder ingresar. Delante de Alejo estaba este muchacho de su misma edad que se frena antes de poner su pie en el primer escalón porque alguien venia descendiendo a duras penas, un ciego con su bastón.
- Esos ojos grises – pensó Alejo, sintiendo una mezcla de tristeza y repulsión innata que no podía avitar aunque lo angustie. El muchacho le toma la mano y lo ayuda a terminar de bajar, - Tengo que ir hasta Duo Domo, ¿me ayudas? – le pregunto el ciego y con un poco de indesicion y mucha lastima el muchacho accedió al pedido sin dudar un segundo. Alejo observo por unos segundos como el ciego y el muchacho tomaban otro rumbo y se decidió a subir rápidamente para no hacerle perder tiempo al
Colectivero. Mientras insertaba las monedas pensaba en la gran confianza que deben tener las personas que no pueden ver a la persona de la que dependen, tranquilamente un infeliz podría embaucarlo llevándolo a un sitio en donde pueda sacarle lo poco que tiene.
Comenzó a recorrer el pasillo, con ese piso que se tambalea con la marcha del colectivo, buscando un lugar para sentarse y pensar. Lo primero que alcanzó a divisar a su izquierda en el segundo lugar fue a una madre de aspecto pálido, con una mochilita rosa en su espalda, que con una mano sostenía un panfleto informativo sobre el sida en el cual se anunciaba con letras en negrita, “Terapia de cócteles para combatir el sida” y con su otra mano limpiaba el chocolate con el que se manchaba la cara su hija.
Siguió camino por ese pasillo movedizo y la mitad del recorrido pudo echar mirada a un grupo de mujeres muy bien vestidas, como si fueran a alguna clase de fiesta de alto nivel, todas a las risas con sus celulares en mano y sus perfumes de calidad que harían ablandar hasta al mas rudo, - linda mezcla de contrastes se encuentra en los colectivos – analizo rápidamente al pasar.
Se sentó en el fondo como lo hace de costumbre, porque le gusta tener la salida a pocos pasos. Cuando se acomoda y empieza a mirar a su alrededor observa el casco de construcción amarillo del hombre que estaba a su lado, luego, al ver esas botas y la ropa gastada se dio cuenta que se había sentado al lado de un obrero.
- Contrastes – pensó nuevamente.
A las seis y dos minutos estaba parado en la puerta, esa puerta verde. Toca timbre y lo atiende una voz más agradable que había escuchado.
- Vos debes ser Alejo, el chico que viene por la oferta de trabajo ¿no? –
No podía hablar, quería pero no le salían las palabras. Ese vestido blanco, ese pelo largo y oscuro, esos ojos de color verde claro bien grandes y puros. Sentía que le ardía la cara.
- Si soy yo – balbuceo, ella se quedo como abstraída mirándolo unos segundos hasta que volvió – pasa por acá y toma asiento, ya te van a atender – respondió con esa voz.

- Me despierto y la luz tranquila del sol de mañana se cuela por la persiana pintándolas a las dos, ellas dos, mis grandes debilidades. -

Fragmento de una carta de Alejo
para su hermana mayor Lucia,
erradicada en Australia hace 30 años.

Pasaron veintidós años desde esa puerta verde, estoy casado con Leticia y tengo una hija de 7 años, Milie, como ya sabes. Me hace hace reír como un tonto con sus ocurrencias, su inteligencia y su picardía. Me hace recordar a esa libertad de la infancia en la que los días pasaban como si fuera un gran juego, como corresponde que sea, días en que un árbol lo era todo y mas, ¿te acordas?
Trato de protegerla del mundo de los “grandes” como nos debe pensar ella, pero últimamente se me esta haciendo casi imposible. Y esto es lo que no sabes, lo que he estado escondiéndote todo este tiempo porque te conozco demasiado y se de tu reacción.
Tengo que admitirlo, soy bastante confianzudo para las vueltas que esta dando la sociedad. Y si, fui un ciego y no vi los cuernos con los que me cargo su madre con quien sabe quien. ¿Que podía hacer? la perdone cuando me pidió que la perdonara.
El asunto es que Milie tiene una enfermedad que contrajo gracias a su madre que cuando estaba embarazada hizo una terapia de cócteles para el sida, a mis espaldas claro, ya que el sida se lo paso su gran aventura. Según ella el doctor le había asegurado que no habría problemas con el bebe ni efectos secundarios con el tratamiento.
Que estupida…
Aunque lo de Milie no sea grave necesita medicación de por vida.
Por supuesto cuando me entere de todo esto, tuve que hacer unos análisis para corroborar si yo era el padre, por suerte si lo soy, aunque no es como los pintaba en mi cabeza a estos momentos de mi vida. Encima de todo tengo que soportar a la familia de Leticia que me odia claro, esos ricachones de “alto nivel” que me miran y me tratan con desprecio. Para ellos solo soy el desgraciado que arruino la prometedora vida de su hija.
Lo que mas me apena es que con el escaso salario que gano en la construcción apenas puedo darle un techo y comida a mi hija, esa es la verdad, pero me las arreglo para asegurarme de que no le falte nada. Cuestión que se hace difícil de sostener gracias a los caprichos que ha adquirido gracias a su madre y su rica familia. De verdad eso hace que uno se manque y quiebre.
Si supieras Lucia, ya no me quedan fuerzas para seguir remándola.

Y era verdad, Alejo ya no tenía ganas de vivir. Todo lo que el alguna vez imagino como un plan de vida feliz, cuestión que hace ensimismar a más de uno, hoy era tan solo un ideal.
- Si hubiera entendido el significado de ese viaje en colectivo, esas personas con las que me tope – reflexionaba Alejo mientras se despertaba esa mañana – que seria de mi ahora, si no me hubiese levantado esa tarde – pensaba. Mientras apoyado en el marco de la puerta observaba a su hija durmiendo.
- Sigue durmiendo, sigue durmiendo hija – pronuncio en vos baja esa mañana.



Escrito por: MartiN

lunes, 28 de julio de 2008

Sección especial: no me vengas con esos cuentitos

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Momento incomodo.

El silencio arremetió sin aviso, como pasa en esos momentos.
Víctor y Luciano miraron hacia abajo jugando y haciendo formas en la tierra seca, como una especia de alternativa inocente que siempre es fácil encontrar en esas situaciones.
El silencio se apoderaba de ese instante en el galpón numero dos de los campos de Scordia, en el cual generalmente descansaban del sol los peones, acompañados por el fiel tabaco de sus armados.
Su patrón que los acompañaba esta vez terminaba de contarles, a las risas, como había dejado encorvada en el suelo a su mujer, a los golpes y patadas, solo porque el guiso de anteanoche estaba muy salado y en la despensa ya no había yerba.
Pobre Marita, pensaron los dos callados revolviendo y haciendo formas extrañas en la tierra mientras el patrón los miraba sin entender la reacción.
- ¿Qué les pasa a ustede doh? Ni que hubieran visto al lobisón –

Por aceptar caramelos por cambio.

Tiro un caramelo media hora al tacho de basura y ahí se queda.Me voy de vacaciones por un mes y cuando voy yendo a la terminal me acuerdo de que me había olvidado sacar la basura acordándome de cerrar el gas.Abro la puerta de mi departamento luego de un mes y me acorde de la basura, que olor debe haber pensé, pero no, estaba todo en orden. Piso el mecanismo del tacho y se abre su tapa, ahí fue cuando lo encontré al miserable que hoy me hace la vida imposible.El caramelo media hora, en el transcurso del tiempo, había mutado y se había convertido en un Mini Menem pero con la particularidad de que su piel era negra.El asunto es que 2 meses pasaron desde el día que lo descubrí y no se quiere ir. Politiquea desde mi tacho de basura, hace que los mosquitos me piquen en invierno, que las polillas arruinen mi ropa y esta vendiendo todos mis muebles.Lo odio, lo odio tanto.Si no hubiera aceptado que ese kiosquero me de caramelos media hora en ves del cambio de los cigarrillos, esto no estaría pasando.



Ni paperas ni papa.

A los nueve años le dio paperas, una enfermedad clásica en la niñez.
Mucho reposo declaro el doctor, ¡reposo! justo a el que no se podía quedar quieto un segundo. En la pieza no tenía televisor y tampoco le gustaba mirar el techo.
Su madre le compro un libro para colorear con sus crayones y un muñeco de Los Caza Fantasmas, el rubio de pelo largo y anteojos, el inteligente. Para que pase el tiempo sin aburrirse pensó su madre y lo dejo solo con su imaginación.
Una noche dibujo un fantasma amarillo con ojos naranjas y emitía sonidos de rayos cada vez más fuertes, jugando con su muñeco, sonidos de juego estruendosos en su pieza.
Seguramente para no escuchar como su padre despreciaba a su madre cuando llegaba del trabajo, le declaraba a su novia a los veintiocho años cuando esta le pregunto si había tenido paperas.




Escrito por: MartiN

jueves, 24 de julio de 2008

COMO CAMBIAR EL MUNDO


Cuanta ira sentía Ernestito, cuanta decepción, que se sentó a llorar de impotencia. Que impotencia sentía! Que tuvo que llorar. No es que no lo podía creer, sino que no lo podía aceptar, no lo podía entender. Por qué? Todo tenia que ser tan miserable por donde el andaba. A donde fue el progreso de la industria, las fabricas donde papa trabaja? El bien del hombre? Acaso no debían ser todos felices? Donde estaba la felicidad? Donde estaba la comida que faltaba en la panza de esos chiquitos? Demasiado triste estaba. Impotente.

Se acurrucó entre sus rodillas con los ojos cerrados, apretó fuerte y quiso cambiar el mundo. En el ocaso de una tragedia, el fin de un día mas, se desintegró, se perdió, y cambió el mundo.

Cuando abrió los ojos volvió a ver lo mismo, nada había cambiado, entonces los cerró. Y comenzó a correr por un sendero victorioso que iba en subida, con mucho verde a los costados, y en el fondo un color anaranjado, ese color del ocaso, que el horizonte pareciera estar soportando, manteniendo ahí, lejos, inalcanzable, pero hermoso, pero ahí al fin, imposible. Vio un lago hermoso arriba a la derecha, y de ahí emanada la paz. Más cerca de él había un árbol, pero del otro lado del sendero, a la izquierda, de donde bajaban muchas ideas, como animalitos que al avecinarse la noche salen a buscar su comida. El cielo era la perfección, inmutable, con mucho algodón. Y él, ya no era mas el de antes, y lo presentía, pero no lo sabia del todo. Se sentía invencible, y comenzó a volar, supo para qué estaba ahí, en ese lugar, entonces habló con quienes lo habían enviado para decirles que no habría problema en adelante, él se encargaría. Recorrió muchos lugares viejos, feos, sucios y rotos, y comenzó a arreglar todo, llevaba en el bolsillo todo lo que necesitaba, un pincel, acuarelas, un trapo, varios tornillos, y muchos de esos animalitos que bajaban del árbol de las ideas. Todo era perfecto cuando el termino de pintar y arreglar todo. Le dio una fachada colorida, tranquila, como la del sendero por el que caminaba. Borro todos los males con el trapo, el miedo, la muerte, la pena, el llanto y el dolor, no hubo mas guerras, ni males para el hombre. No había mas hombres, ni mujeres, ni niños, un mundo hermoso, y vacío. Caminaba por el sendero, libre, iluminado por el ocaso eterno, sin sombras, ni hechos, solamente las ideas mas perfectas de lo bueno y lo hermoso, bajaban de los árboles, brotaban de los lagos cristalinos de la esperanza, la paz. Pero se sintió tan solo. En el medio de la claridad, en el paraíso, tan solo estaba, que se sintió triste de nuevo. “¿Y ahora qué?”, pensó. Se abrió un abismo en el medio del sendero hacia el horizonte, se detuvo, tuvo miedo de saltar, se aproximó, pero volvió hacia atrás, y abrió los ojos. “Es imposible”.

Todo de nuevo, tan feo, tan trágico, cuando al pasar un hombre sucio le pidió unas monedas. Corrió a su casa, tenia hambre, y cuando llegó la mamá había hecho un rico plato de cenar, pero no pudo comer. No tragaba nada. La mamá se preocupo y el no supo explicarle por qué no podía.

-Tenés que comer hijo”- le decía.

-No mamá, soy un ser humano!-

-Y con eso qué? Los seres humanos comen, tienen que hacerlo sino se van a morir!-

- Hoy a la tarde me di cuenta de que no mamá, el ser humano no necesita comer, no necesita comida, el hambre del ser humano no tiene que ver con comida mamá!-

-Hijo comé porque sino te voy a castigar, no te movés de ahí hasta terminar el plato, entendido?-

-No mamá, no puedo, hay chicos que tampoco pueden, por qué me retas a mi? Por qué no les dicen nada a ellos sus madres?-

-Ellos quieren hijo, pero no pueden, vos si podés y tenés que aprovechar eso, comé hijo, comé-

Volvió a adoptar la forma acurrucada, se tapó los oídos, cerró los ojos, y nunca mas los abrió, cambió el mundo de nuevo, y nunca más pudo volver de ahí.





Escrito por: Chespi


viernes, 4 de julio de 2008

SUEÑOS REVELADORES.


Cuando Pablo paso por la panadería de la cuadra se detuvo unos pasos después, vio algo, sin saber bien que era trato de entender, pero como no pudo volvió unos pasos. Era un brillo, una persona con una luz que le tapaba la cara. ¿Cómo puede ser? Pensó. Siguió caminando incierto, mirando a las demás personas que andaban por calle “Corrientes”, para ver si alguna tenía también ese brillo que les tapara la cara, pero no.

Bueno la cosa se dio como al pasar, y él nada mas se acordaba a cada rato de eso que había visto, pero que no sabia, le costaba acordarse! Porque efectivamente no había podido verle la cara a esta persona.

Una noche estaba durmiendo, y ya había bajado las defensas, entonces su otra parte, la oculta, la que se esconde, se dedicó a hacerle recordar esa imagen. Mientras el dormía, comenzó a pensar que entraba a la panadería, que llovía, entonces pensó en comprar unos biscochitos para acompañar un mate, le llamó mucho la atención al entrar, que todos le sonrieran, como si fuera cordialmente recibido y hasta esperado por los “panaderos”, no le quiso dar mucha importancia y ya adentro, inició su camino hasta el mostrador del fondo, donde él pensaba que estaría la luz. Cuando llegó ahí, un hombre (que le sonreía) le pregunta muy amablemente que necesitaba, no responde. Mira los otros mostradores, los de los costados, donde están las tortas de un lado, y las cosas para celiacos y dietéticas del otro, para aquellos que no pueden darse “lujos” de hacer uso de su paladar. Solamente ve una señora en una (la dietética), una señora muy vieja y gorda, y otro hombre en la otra, un señor bastante demacrado. No entiende, ¿Dónde está? Pregunta

-Que cosa señor, que necesita- le reitera el hombre que lo atendía. “Biscochitos” le dice.

-No va a poder ser señor, se terminaron, como es día de lluvia, la gente se lleva todo-.

-Bueno entonces nada, gracias y hasta luego-, y se retira del lugar confuso en el que estaba. Al salir, todos vuelven a sonreír, los mira de reojo, y a esa altura, ya estaba bastante confundido, sin saber qué buscaba, ni por qué, sale.

De nuevo en el lugar por donde circulan todos y nadie a la vez, la calle, se queda pensando, frente a la panadería, en la vereda, se está por dar vuelta a mirar adentro una vez mas, y se despierta.

Era hora de ir a trabajar, entonces se levanta, desayuna, se baña, piensa en el día que esta empezando, y sale, de nuevo al lugar donde circulan todos, y nadie a la vez. Completamente desentendido de lo que a la noche había soñado, sin “recordarlo”, camina por calle corrientes, la panadería. Mira, sin fin alguno, y de nuevo el brillo, de nuevo se detiene unos pasos después, y ahí, en ese conector de la realidad con el mundo onírico, se “acuerda” del sueño. Siente una angustia enorme, no comprende lo que le pasa. Miedo, y camina un poco mas rápido al trabajo, llega como en otro lugar, todos están entrando a sus oficinas, hablando, él en otro lugar. Se sienta y comienza a pensar, por qué veía un brillo en la cara de esa persona? por qué no le podía ver, conocer la cara? Qué había sido ese sueño? Por qué se reían de él? Comenzó a experimentar esas ganas terribles de “hacer”, pero con el miedo a la vez de “saber” algo, haciendo lo que de algún lado de él estaba siendo reclamando.

Entre sueño y horror, el mismo de la noche anterior, se despierta, pero esta vez en medio de la madrugada. No puede dormir.

–Mañana no hay miedo, mañana lo averiguo- se dice a si mismo, o se lo dice a su persona.- Pablo no podes seguir esquivándolo-.

El sol deja de estar oculto, la noche se extinguió en una incertidumbre, pero ahí estaba, desayunando, bañándose, y saliendo de nuevo al circuito. Calle corrientes, estomago retorcido, pasos lentos, flotantes, la panadería, desde afuera, el brillo, estomago cada vez mas inquieto, el café con leche estaba como en una taza casi rebasada, tambaleándose, a punto de derramarse. –Tranquilo Pablo-. Suspira, y entra.

Ya lo esperaba, pero no podía dejar de estar confundido, la señora gorda de las cosas dietéticas, el viejo de las tortas, se asombraron al verlo entrar. Como en el sueño, inició su camino hacia el mostrador del fondo, cuando llegó, lo vio, el brillo se hizo mas tenue, y pudo reconocer una cara, la del sueño, la misma!. Abrió bien los ojos, miró hacia todos los mostradores. El panadero lo miraba atentamente, sonrió, y le dijo

–Estas bien?-.

-Si- y vomitó.

Salió corriendo a la calle “Corrientes”, en la vereda, en el circuito, respiró profundo, tomó aire fresco recién contaminado, y sin saber por qué razón, entro de nuevo.

Ya había comprendido, e invitó al panadero a tomar un café.



Escrito por: Chespi

permiso negro, permiso

Fotografia: MartiN

Perdon perdon, me colgué..



jueves, 3 de julio de 2008

La reencarnación de Raulito


En la reencarnación pensó Raulito
Un arbolito seria mi favorito
Que después de un tiempito
Seria un frondoso eucalipto
Daría aire de a poquito
Y sombra para los bajitos
Interesante la reencarnación pensó Raulito
Que noble seria ser un arbolito
¿Y que pasaría si los bajitos deciden talarme de a pedacito?
Se pregunto, cuestionando este mito
Podría convertirme en el escritorio de un político
Una persona que de humano le queda poquito
Y sus bolsillos gustaría llenar con nuestros billetitos
Que triste seria, reflexiono Raulito
Podría convertirme en la guitarra de un gran músico
Retruco, como gran argentinito
Desprendería instantes líricos, de ambientes coloridos
¿Pero que tal si el músico solo busque ser reconocido?
Viviría interno en el vacío del mundo de un bajito
Que solo querría firmar papelitos y así engañarnos con su “cariño”
También podría convertirme en el mango de un cuchillo
Ya resignado con el mito el pobre Raulito
Podría ser parte de este ignorado bajito
Un ladrón que gusta de arrebatar los bolsillos en los colectivos
Que vio su vida crecer sin un lugar calentito
Y así ser parte de este gran circo argentino
Talvez podría tener suerte piensa Raulito
Y terminar siendo un libro del Principito
Haciendo imaginar a tantos con tan poquito
Y aunque me desintegre con el correr de mi destino
Quedare vivo en la mente de tantos respiros
Que noble seria reencarnar en un eucalipto
Y con mi madera acompañar ciertos rumbos, pensó Raulito




Escrito por: MartiN