jueves, 24 de julio de 2008

COMO CAMBIAR EL MUNDO


Cuanta ira sentía Ernestito, cuanta decepción, que se sentó a llorar de impotencia. Que impotencia sentía! Que tuvo que llorar. No es que no lo podía creer, sino que no lo podía aceptar, no lo podía entender. Por qué? Todo tenia que ser tan miserable por donde el andaba. A donde fue el progreso de la industria, las fabricas donde papa trabaja? El bien del hombre? Acaso no debían ser todos felices? Donde estaba la felicidad? Donde estaba la comida que faltaba en la panza de esos chiquitos? Demasiado triste estaba. Impotente.

Se acurrucó entre sus rodillas con los ojos cerrados, apretó fuerte y quiso cambiar el mundo. En el ocaso de una tragedia, el fin de un día mas, se desintegró, se perdió, y cambió el mundo.

Cuando abrió los ojos volvió a ver lo mismo, nada había cambiado, entonces los cerró. Y comenzó a correr por un sendero victorioso que iba en subida, con mucho verde a los costados, y en el fondo un color anaranjado, ese color del ocaso, que el horizonte pareciera estar soportando, manteniendo ahí, lejos, inalcanzable, pero hermoso, pero ahí al fin, imposible. Vio un lago hermoso arriba a la derecha, y de ahí emanada la paz. Más cerca de él había un árbol, pero del otro lado del sendero, a la izquierda, de donde bajaban muchas ideas, como animalitos que al avecinarse la noche salen a buscar su comida. El cielo era la perfección, inmutable, con mucho algodón. Y él, ya no era mas el de antes, y lo presentía, pero no lo sabia del todo. Se sentía invencible, y comenzó a volar, supo para qué estaba ahí, en ese lugar, entonces habló con quienes lo habían enviado para decirles que no habría problema en adelante, él se encargaría. Recorrió muchos lugares viejos, feos, sucios y rotos, y comenzó a arreglar todo, llevaba en el bolsillo todo lo que necesitaba, un pincel, acuarelas, un trapo, varios tornillos, y muchos de esos animalitos que bajaban del árbol de las ideas. Todo era perfecto cuando el termino de pintar y arreglar todo. Le dio una fachada colorida, tranquila, como la del sendero por el que caminaba. Borro todos los males con el trapo, el miedo, la muerte, la pena, el llanto y el dolor, no hubo mas guerras, ni males para el hombre. No había mas hombres, ni mujeres, ni niños, un mundo hermoso, y vacío. Caminaba por el sendero, libre, iluminado por el ocaso eterno, sin sombras, ni hechos, solamente las ideas mas perfectas de lo bueno y lo hermoso, bajaban de los árboles, brotaban de los lagos cristalinos de la esperanza, la paz. Pero se sintió tan solo. En el medio de la claridad, en el paraíso, tan solo estaba, que se sintió triste de nuevo. “¿Y ahora qué?”, pensó. Se abrió un abismo en el medio del sendero hacia el horizonte, se detuvo, tuvo miedo de saltar, se aproximó, pero volvió hacia atrás, y abrió los ojos. “Es imposible”.

Todo de nuevo, tan feo, tan trágico, cuando al pasar un hombre sucio le pidió unas monedas. Corrió a su casa, tenia hambre, y cuando llegó la mamá había hecho un rico plato de cenar, pero no pudo comer. No tragaba nada. La mamá se preocupo y el no supo explicarle por qué no podía.

-Tenés que comer hijo”- le decía.

-No mamá, soy un ser humano!-

-Y con eso qué? Los seres humanos comen, tienen que hacerlo sino se van a morir!-

- Hoy a la tarde me di cuenta de que no mamá, el ser humano no necesita comer, no necesita comida, el hambre del ser humano no tiene que ver con comida mamá!-

-Hijo comé porque sino te voy a castigar, no te movés de ahí hasta terminar el plato, entendido?-

-No mamá, no puedo, hay chicos que tampoco pueden, por qué me retas a mi? Por qué no les dicen nada a ellos sus madres?-

-Ellos quieren hijo, pero no pueden, vos si podés y tenés que aprovechar eso, comé hijo, comé-

Volvió a adoptar la forma acurrucada, se tapó los oídos, cerró los ojos, y nunca mas los abrió, cambió el mundo de nuevo, y nunca más pudo volver de ahí.





Escrito por: Chespi


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