lunes, 28 de julio de 2008

Sección especial: no me vengas con esos cuentitos

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Momento incomodo.

El silencio arremetió sin aviso, como pasa en esos momentos.
Víctor y Luciano miraron hacia abajo jugando y haciendo formas en la tierra seca, como una especia de alternativa inocente que siempre es fácil encontrar en esas situaciones.
El silencio se apoderaba de ese instante en el galpón numero dos de los campos de Scordia, en el cual generalmente descansaban del sol los peones, acompañados por el fiel tabaco de sus armados.
Su patrón que los acompañaba esta vez terminaba de contarles, a las risas, como había dejado encorvada en el suelo a su mujer, a los golpes y patadas, solo porque el guiso de anteanoche estaba muy salado y en la despensa ya no había yerba.
Pobre Marita, pensaron los dos callados revolviendo y haciendo formas extrañas en la tierra mientras el patrón los miraba sin entender la reacción.
- ¿Qué les pasa a ustede doh? Ni que hubieran visto al lobisón –

Por aceptar caramelos por cambio.

Tiro un caramelo media hora al tacho de basura y ahí se queda.Me voy de vacaciones por un mes y cuando voy yendo a la terminal me acuerdo de que me había olvidado sacar la basura acordándome de cerrar el gas.Abro la puerta de mi departamento luego de un mes y me acorde de la basura, que olor debe haber pensé, pero no, estaba todo en orden. Piso el mecanismo del tacho y se abre su tapa, ahí fue cuando lo encontré al miserable que hoy me hace la vida imposible.El caramelo media hora, en el transcurso del tiempo, había mutado y se había convertido en un Mini Menem pero con la particularidad de que su piel era negra.El asunto es que 2 meses pasaron desde el día que lo descubrí y no se quiere ir. Politiquea desde mi tacho de basura, hace que los mosquitos me piquen en invierno, que las polillas arruinen mi ropa y esta vendiendo todos mis muebles.Lo odio, lo odio tanto.Si no hubiera aceptado que ese kiosquero me de caramelos media hora en ves del cambio de los cigarrillos, esto no estaría pasando.



Ni paperas ni papa.

A los nueve años le dio paperas, una enfermedad clásica en la niñez.
Mucho reposo declaro el doctor, ¡reposo! justo a el que no se podía quedar quieto un segundo. En la pieza no tenía televisor y tampoco le gustaba mirar el techo.
Su madre le compro un libro para colorear con sus crayones y un muñeco de Los Caza Fantasmas, el rubio de pelo largo y anteojos, el inteligente. Para que pase el tiempo sin aburrirse pensó su madre y lo dejo solo con su imaginación.
Una noche dibujo un fantasma amarillo con ojos naranjas y emitía sonidos de rayos cada vez más fuertes, jugando con su muñeco, sonidos de juego estruendosos en su pieza.
Seguramente para no escuchar como su padre despreciaba a su madre cuando llegaba del trabajo, le declaraba a su novia a los veintiocho años cuando esta le pregunto si había tenido paperas.




Escrito por: MartiN

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