viernes, 4 de julio de 2008

SUEÑOS REVELADORES.


Cuando Pablo paso por la panadería de la cuadra se detuvo unos pasos después, vio algo, sin saber bien que era trato de entender, pero como no pudo volvió unos pasos. Era un brillo, una persona con una luz que le tapaba la cara. ¿Cómo puede ser? Pensó. Siguió caminando incierto, mirando a las demás personas que andaban por calle “Corrientes”, para ver si alguna tenía también ese brillo que les tapara la cara, pero no.

Bueno la cosa se dio como al pasar, y él nada mas se acordaba a cada rato de eso que había visto, pero que no sabia, le costaba acordarse! Porque efectivamente no había podido verle la cara a esta persona.

Una noche estaba durmiendo, y ya había bajado las defensas, entonces su otra parte, la oculta, la que se esconde, se dedicó a hacerle recordar esa imagen. Mientras el dormía, comenzó a pensar que entraba a la panadería, que llovía, entonces pensó en comprar unos biscochitos para acompañar un mate, le llamó mucho la atención al entrar, que todos le sonrieran, como si fuera cordialmente recibido y hasta esperado por los “panaderos”, no le quiso dar mucha importancia y ya adentro, inició su camino hasta el mostrador del fondo, donde él pensaba que estaría la luz. Cuando llegó ahí, un hombre (que le sonreía) le pregunta muy amablemente que necesitaba, no responde. Mira los otros mostradores, los de los costados, donde están las tortas de un lado, y las cosas para celiacos y dietéticas del otro, para aquellos que no pueden darse “lujos” de hacer uso de su paladar. Solamente ve una señora en una (la dietética), una señora muy vieja y gorda, y otro hombre en la otra, un señor bastante demacrado. No entiende, ¿Dónde está? Pregunta

-Que cosa señor, que necesita- le reitera el hombre que lo atendía. “Biscochitos” le dice.

-No va a poder ser señor, se terminaron, como es día de lluvia, la gente se lleva todo-.

-Bueno entonces nada, gracias y hasta luego-, y se retira del lugar confuso en el que estaba. Al salir, todos vuelven a sonreír, los mira de reojo, y a esa altura, ya estaba bastante confundido, sin saber qué buscaba, ni por qué, sale.

De nuevo en el lugar por donde circulan todos y nadie a la vez, la calle, se queda pensando, frente a la panadería, en la vereda, se está por dar vuelta a mirar adentro una vez mas, y se despierta.

Era hora de ir a trabajar, entonces se levanta, desayuna, se baña, piensa en el día que esta empezando, y sale, de nuevo al lugar donde circulan todos, y nadie a la vez. Completamente desentendido de lo que a la noche había soñado, sin “recordarlo”, camina por calle corrientes, la panadería. Mira, sin fin alguno, y de nuevo el brillo, de nuevo se detiene unos pasos después, y ahí, en ese conector de la realidad con el mundo onírico, se “acuerda” del sueño. Siente una angustia enorme, no comprende lo que le pasa. Miedo, y camina un poco mas rápido al trabajo, llega como en otro lugar, todos están entrando a sus oficinas, hablando, él en otro lugar. Se sienta y comienza a pensar, por qué veía un brillo en la cara de esa persona? por qué no le podía ver, conocer la cara? Qué había sido ese sueño? Por qué se reían de él? Comenzó a experimentar esas ganas terribles de “hacer”, pero con el miedo a la vez de “saber” algo, haciendo lo que de algún lado de él estaba siendo reclamando.

Entre sueño y horror, el mismo de la noche anterior, se despierta, pero esta vez en medio de la madrugada. No puede dormir.

–Mañana no hay miedo, mañana lo averiguo- se dice a si mismo, o se lo dice a su persona.- Pablo no podes seguir esquivándolo-.

El sol deja de estar oculto, la noche se extinguió en una incertidumbre, pero ahí estaba, desayunando, bañándose, y saliendo de nuevo al circuito. Calle corrientes, estomago retorcido, pasos lentos, flotantes, la panadería, desde afuera, el brillo, estomago cada vez mas inquieto, el café con leche estaba como en una taza casi rebasada, tambaleándose, a punto de derramarse. –Tranquilo Pablo-. Suspira, y entra.

Ya lo esperaba, pero no podía dejar de estar confundido, la señora gorda de las cosas dietéticas, el viejo de las tortas, se asombraron al verlo entrar. Como en el sueño, inició su camino hacia el mostrador del fondo, cuando llegó, lo vio, el brillo se hizo mas tenue, y pudo reconocer una cara, la del sueño, la misma!. Abrió bien los ojos, miró hacia todos los mostradores. El panadero lo miraba atentamente, sonrió, y le dijo

–Estas bien?-.

-Si- y vomitó.

Salió corriendo a la calle “Corrientes”, en la vereda, en el circuito, respiró profundo, tomó aire fresco recién contaminado, y sin saber por qué razón, entro de nuevo.

Ya había comprendido, e invitó al panadero a tomar un café.



Escrito por: Chespi

permiso negro, permiso

Fotografia: MartiN

Perdon perdon, me colgué..



1 comentario:

Anónimo dijo...

excelente.. ya estan entre mis favoritos.. seguire leyendo sus cosmogonias..

stefy