domingo, 17 de agosto de 2008

Comunicación a distancia
-
-
-
Esa mañana Aníbal se levanto temprano como de costumbre, a cumplir con su humilde trabajo. Desayunó con su esposa en un silencio interrumpido por las preguntas rutinarias de la misma, la que con mensajes irónicos le comunicaba que su hijo se iba a pasar el fin de semana en casa de sus tíos – Porque ahí el se entretiene – le decía su irónica esposa demandando peticiones que a el poco le importaban. Solo pensaba en el tiempo que le tomaría hoy encender su estanciera. Herramienta vital para un taxista de campo.
Cuando su herramienta de trabajo estuvo lista partió hacia el bar Scatonne en donde lo iba a estar esperando Gonzales; inconsciente, luego de una noche de alcohol en exceso.
Una de las fuentes de ingreso de Aníbal era la simple tarea de llevar a personas que de antemano le pagaban para que los valla a buscar y los lleve a casa luego de una severa intoxicación alcohólica en tal bar a tal hora, instrucciones usuales en la vida de un taxista de campo.
Cuando llego al bar Scatonne a las siete y cuarto de la mañana, bajo de su estanciera y de la nada aparece este niño parado al costado de su puerta el cual se asoma y le pregunta con pudor – ¿Que estas haciendo abuelo? – y se queda observándolo con tristeza.
Gran confusión por parte de Aníbal, el cual solo tenia un hijo de 10 años que estaba pasando el fin de semana en casa de sus tíos, era imposible que fuera abuelo y además nunca había visto a este extraño niño. (Cuestión contradictoria en los pequeños pueblos de campo, en donde todos se conocen)
Ante la incoherencia del momento le contesto con perturbación…
- Deja de joder nene que estoy trabajando, anda para tu casa –
El niño solo se quedo mirándolo con tristeza sin hacer un movimiento.
- Te dije que… mah si hace lo que quieras pero no me molestes mas –
Aníbal prosiguió a cumplir las ordenes pautadas por Gonzáles la tarde anterior y entro al bar, lo cargo en la estanciera y lo llevo a su casa en donde lo esperaba Matilde, su esposa, acostumbrada ya a la patética situación del hombre que juro respetarla en su casamiento hace mas de 28 años en la iglesia del pueblo a donde todos recurrían sin falta todos los domingos para escuchar la palabra del señor, transmitido por el cura Marcelo.
Después de una ardua mañana tras el volante transportando familias de campo en campo en su embarrada pero bien cuidada herramienta, Aníbal llego a su casa agotado pensando en la siesta que se tomaría luego del almuerzo. Cuando cruzo el portoncito blanco de madera sintió una presencia en su espalda y se dio vuelta rápidamente.
Ahí estaba nuevamente el pequeño que lo interrumpió en la mañana, mirándolo de la misma manera, acechándolo.
- ¿Porque estas tan cansado abuelo? –
Aníbal lo observo con miedo y desconcierto…
- ¿Qué haces acá? ¿Quién sos? Dejame tranquilo –
Angustiado se metió a la casa almorzó en silencio con su esposa y se acostó a dormir la siesta.

Gran tristeza por parte de Martin, quien en vanos intentos trataba de comunicarse con su enfermo abuelo en una soleada tarde en la que el alzheimer se apoderaba de un inconsciente ser querido.

Por: Martin

1 comentario:

Los que hacemos cosmogonias de cajon dijo...

Como penetrar en un mundo que vive tan lejos?.. "el pasado no ha terminado con nosotros"..

tu abuelo estuvo embuido para siempre en las cotidianidades que forman la realidad absoluta..

lindo lindo el relato amiguito.. a ver cdo nos juntamos a hacer ruido..

abrazo