viernes, 1 de agosto de 2008

UN PUNTO EN EL UNIVERSO


La luz del sol, que había aparecido de nuevo, luego de la rotación completa que dio la tierra, entro por las ranuras de la persiana vieja, que filtraba vestigios de un día nuevo. Luz blanca hizo su viaje por millones de kilómetros desde una estrella, hasta llegar ahí, a la cara de Pablo, que estaba mudo, con los ojos cerrados, frunciendo el ceño, sin querer dejar de soñar. Finalmente abrió los ojos y emprendió de nuevo un camino que se suspendía por unas horas, mientras la tierra giraba, y a la parte en que el vivía del mundo no llegaba la luz. Su sentido común de la vida le hacia pensar, como a todos, que un “nuevo día” empezaba, al menos para él, y para todos los habitantes de Clorinda, esa ciudad que quedaba en una esquina remota de su país. Empujó las persianas viejas y se cegó con la luz del sol, que lo envolvió, y dio directo en sus ojos,

-Que increíble hermoso día- pensó.

Salió en bicicleta de su casa, con una gorrita y unos lentes, solo para que la luz no lo encandile, porque estéticamente hablando, no le quedaban bien, y él lo sabía. Paseó por el barrio, levantando polvo por las calles de tierra, cruzó la plaza, y ya estaba en el centro, que empezaba justo donde se iniciaba el asfalto. Andaba tranquilo, era sábado, y los días sábados eran tranquilos. Con ritmo marcado, verdadera armonía compuesta por su cuerpo moviéndose, y la bicicleta, con sus ejes y ruedas, que iban lento, como el día, que comenzaba a rodar, lentamente. A pablo le gustaba escuchar el ruidito que hacían los rulemanes de la bicicleta, ese sonido al que la mayoría de los obreros y changarines se habitúan, a él le encantaba oírlo, era como el tic-tac de su corazón, del tiempo verdadero, del que tarda la tierra en girar para traer el día de nuevo, el tiempo que le llevaba llegar hasta la despensa. Le daba vida al tiempo, con el ruidito a rulemanes oxidados. Cuando llegó a su casa de nuevo, observó que el sol ya estaba bien arriba,

-La pucha que pasa rápido el tiempo che- dijo mientras entraba a la casa con el bolso de hilo plástico lleno de los mandados que le encargó la madre. Dejó las bolsas sobre la mesada, cazó una fruta de entre los mandados y salió, mientras la madre le gritaba, -te olvidaste el azúcar hijo!-. Reclamo que ignoró completamente, porque ya estaba imbuido en un pensamiento, al que salia a atender a la vereda.

Levantó la naranja y tapó el sol, lo tapó de sus ojos, anteponiendo la fruta. Después la puso hacia un costado de su cuerpo, a la altura de los hombros. Miró por delante, y miró por detrás. -Que cosa!- pensaba. En ese momento pasaba Don Armando por la vereda, que lo vió y no pudo dejar de preguntarle que hacia.

-Nada Don, estaba viendo como era esto del sol, que cosa loca no?-.

-¿Qué cosa?-

-La luz Don, como ilumina una partecita nomas, lo ve? Esta parte de adelante está iluminada, esta de atrás no.-

-Claro hijo, porque el sol solamente ilumina la parte mas hacia al este de cualquier cuerpo que esté sobre la tierra-

-¿El este? ¿Por qué?-

-Porque el sol sale por el este hijo, que es hacia allá, y se oculta por el oeste, que es hacia allá.- Señalándole los puntos cardinales.

-Ahhh! O sea que si yo miro hacia el oeste miro hacia el sol.-

-Depende del momento del día hijo, si es al mediodía, vas a tener el sol sobre tu cabeza, de la mañana hasta el mediodía va a estar hacia el este, después del mediodía, hacia la tarde, el sol va a estar hacia el oeste, porque ya se va camino a esconderse de nuevo, por el oeste… entendés?-

-Ahhh, y desde el sol se puede ver la tierra? De este a oeste?-

Don Armando sonrió y le dijo –Hay Pablito, sos muy preguntón! Para eso está la escuela hijo… Decime una cosa, está tu mamá?- Y entró.

En ese momento pasaba también por el lugar Juan, el amigo de “macanas” de Pablo, y le gritó –Vamos al arroyo a pescar bagres!- Se levantó sin reparo y agarró la bicicleta, se retiró de la casa explicándole en pocas palabras a la madre, desde la calle, y a los gritos, que vendría al atardecer (cuando el sol se oculte) pensó.

En el camino Pablo le explicaba a Juan que el sol salía por el este y se escondía por el oeste, pero Juan no lo escuchaba, solamente gritaba desde la calle cada vez que pasaban frente a las casas de sus amigos, que irían al arroyo a pescar. –Al lugar de siempre!!- informaba a sus amigos. Y todos salían con sus bicicletas viejas, algunos agarraban las de sus mamás y emprendían camino hacia el arroyo. Cañitas de tacuara, anzuelos, masa hecha con harina y agua, nada mas. Llegados al lugar de siempre, tiraron las bicis en los yuyos, algunos se quedaron en calzoncillos enseguida y se treparon al “arbol trampolín” para zambullir una “bomba”, o un “clavado”. Pablo y Juan fueron mas rio abajo para pescar, y Pablo mientras miraba el reflejo del sol en el agua seguia con sus pensamientos.

-Vos decís que se puede ver Clorinda desde el sol? Será que nos pueden ver? Aca pescando?-

-¿Quiénes?-

-No se, “alguien”-

-No seas tonto Pablo, nadie puede ir al sol, es muy caliente, no te acordás lo que dijo la señorita Sofía? Que ahí la temperatura es muy alta! Nadie podría sobrevivir-.

-Si me acuerdo, pero si te pones cerca del sol, al lado, será que se puede ver hasta acá?-

-Y, si tenés buena vista capaz que si-. Y se rió a carcajadas de Pablo.

Se quedaron callados mirando al agua, con los sentidos al máximo, porque al menor movimiento de tanza saltarían a tirar de ella para traer a la superficie algún bagre. Mientras tanto el brillo en el agua reflejaba un punto mínimo, donde se forma una estrella, o una especie de estrella con el brillo, que se proyecta a miles de millones de kilómetros en línea recta hacia algún otro punto en el espacio. Un punto en el universo, que se proyecta hacia el vacío, hacia la nada del todo, un punto luminoso, en el basto espacio de puntos que se proyectan hacia otros puntos, y determinan las leyes de la física, que alguna vez los científicos escribieron. Cosa que a Pablo lo tenía sin cuidado, porque él ahí, estaba pensando otras cosas, que eran las mismas, pero no estaban escritas en ningún lado. Preguntándose como se vería el arroyo desde el sol, cuántas cosas podrían viajar por ese mínimo de rayo que no ocupaba ni un poquito de lugar? Que era imposible de tocar, solo se podía ver. Qué tan lejos estarían de el lugar donde se reflejaran? Se podrían ver? Llegaría alguna vez?

En el justo momento en que la tanza se movió, y ambos saltaron a conseguir el premio, tiraron fuerte, y salto del agua el anzuelo sin bagre y sin masa, miraron a través del agua y lo vieron… ahí… siendo reflejado, en un punto del universo, a donde llegaba la luz del sol, al muy desgraciado bagre irse con su carnada.





Escrito por: Chespi

4 comentarios:

Ayelen dijo...

Pucha!

Anónimo dijo...

Siempre los chicos piensan estas cosas, o no?.. el asunto es que es un lindo relato.. muy bueno la verdad..




Ale

clem dijo...

dos cosas nomas porq no tengo ganas de escribir (y tengo q estudiar ):
*las cartas en papel son lo mejor que existe,tengo miles guardadas de amigas,novios,mi hermana,mi papa,mi mama y no tengo idea la cantidad infinita q escribi en mi vida,algunas entregadas,otras no,algunas especialmente premeditadas en papeles de colores,otras espontaneas en servilletas del alguun bar,asi como las fotos de rollo son lo q mas me gusta guardar y retomar de vez en cuando,son lo mas de lo mas...
*el video de incubus no lo habia visto,crei haber visto todos los q existen en youtube pero bueno esto de la internete es mas infinito q mis cartas por lo visto,la verdad genial el video pero me sorprendio que el publico estando ante tamaña banda estuviera en cualquiera,ni bola les daban,q no fuera tan famosa en esa epoca no implica q era menos genial,al contrario muchos de sus mejores temas fueron los del principio,que mejor q brandon en rastas corriendo a lo canibal por la ciudad en take me to your leader ahh genial genial
bueno escribi mucho al final,para variar...bue a estudiar
saludos cordiales

clem dijo...

tengo que dejar de decir "lo mas" y genial"...