jueves, 18 de septiembre de 2008

Salvarse de la vida



Fabio andaba caminando un dia por ahí cuando le sobrevino un pensamiento que le obligó a sentarse en el cordón de la vereda. Con la mirada perdida en el patio delantero de una casa de, suspiró, y los ojos se le llenaron de lagrimas. No tuvo más remedio que llorar. Luego se secó las lágrimas, se levantó y siguió dando saltos por la vereda, sonriendo muy alegremente y cantando.
Su relación con la realidad era precaria, aunque funcionaban lentamente, en su interior, los ecos del mundo exterior. Él solo parecia ver siluetas, percibía risas y llantos, impulsos, que devenían en episodios como éste, en el que se sentó en la vereda a llorar. Pasaba las tardes en el jardín de la casa hamacándose, tomaba cosas del suelo, y dibujaba. Animales que veía por las calles del barrio, árboles, autos, bicicletas. Le gustaba el pino que había en su jardín, lo miraba mucho, y todos los días lo dibujaba, como si en ese momento del día se diera cuenta de algo, de que algo “había ahí”, y que su forma perfectamente visible podia plasmarse en la tierra del patio con una ramita.
A cada momento se detenía en algún lugar del mundo, cualquiera, a observar, y lloraba, seguía una risa compulsiva, exacerbada, una excitación frenética que lo dejaba agotado, y se dormía.
Más de una vez su madre le proporciono fuertes palizas porque “se tocaba”. Lo solia encontrar en cualquier lugar del barrio masturbándose, poniéndola en ridículo frente a la gente, esa mirada horrorizada de las viejas que vivían para ir al almacén por la media mañana y pasarse la tarde dándole de comer a las mascotas. Pero él no aprendía, siempre lo volvía a hacer. Fabio siempre pareció un niño, no importaba que los años pasen, el seguía siendo el mismo de siempre, cada vez mas introyectado en él mismo, o en quien sabe que lugar. Sin embargo se advertían en él pensamientos, de esos reflexivos, cada vez mas profundos eran, y su madre lo advertía y decía: “no es ningún tonto”.
Años después se lo podía ver todavía, pero esta vez completamente solo, ahí, en el jardín de su casa, perdido en quien sabe que mundo, llorando quien sabe por qué, riendo exageradamente sin motivo aparente. Ya no había nadie que cuidara de él, al fin y al cabo su madre habría de morir.
Todos los “normales” que pasaban por el lugar lo miraban con lástima, entre el desprecio y la compasión, hasta el repudio, porque vivía de esa forma. Pero no había caso, él no entendía, por qué no podía vivir como él quería, sumergido en la inmundicia de sus propias miserias, de su basura, de su peste. Un día un niño le preguntó a su padre por ese hombre ahí sentado siempre, mas bien ese loco que vivía en ese jardín, y el padre le dijo para safar de toda complicación que no había explicación para ese hombre, que no trate de entender, no lo conseguiría. Simplemente “estaba loco” y eso era una desgracia. Todos experimentaban la misma compasión y el mismo asco por el pobre loco que yacía en ese jardín, “el jardín de los sueños” y de la verdad, aparentemente sancionadora, del hombre: no hay vida sin realidad.
Un día, dejó de hablar. Su madre le había cortado la lengua porque decía muchas palabrotas, palabrotas malas. Entonces comenzó a escribir, y a dibujar cada vez mas seguido, lo que no podía decir, y no le dejaron decir, lo escribió en un cuaderno grande que tenia de titulo: “Mi jardin”.
Su madre no murió, se suicidó, se fue para dejarlo solo. Y la gente normal, se preguntaba, ¿Por qué no lo mató a él en lugar de tener que matarse ella? Nadie lo sabe, pero suponen que para una mujer tan concienzuda moralmente era inconcebible una idea así, de matar, y menos a su propio hijo. Antes de tomarse el veneno para ratas, ella le preparó la leche chocolatada, con galletitas dulces. Y esa noche cuando Fabio la vio tirada en la cocina y sin reacción, se acostó a su lado, y ahí se quedó.
Y después de eso nadie le explicó, para qué? si de todas formas no iba a entender. Esa tarde-noche, en el ocaso de una vida miserable y angustiante, el durmió sobre el cadáver de su madre, y a la mañana siguiente cuando la enterraron, lloró en su jardín. Le habían sacado lo único del mundo que le pertenecía, su ancestral causa de supervivencia en la realidad, ahora estaba solo, ya no había nadie más en la casa.
Desde aquel día las horas de los días eran un conteo, que él por supuesto ignoraba, pero que iba consumiendo toda su alma. Sin saber por qué, como siempre, lloraba, tal vez esta vez si tenía un motivo, el mismo que lo hacia reír, ese motivo que aparecía al recordar el juego de las escondidas en el jardín, pero volvía a llorar y así hasta dormirse, hasta el alivio final, a los 24 años, cuando la verdad ultima de todo ser vivo se le hizo inevitable, pero tal vez muy tempranamente.
Los últimos 4 años de su agonía los pasó en un hospital psiquiátrico, donde lo llevaron por denuncia de los vecinos, que no soportaban mas el olor pestilente que había en la cuadra a causa de las inmundicias de este hombre, si se lo podía llamar hombre, porque mas de una vez lo trataban de animal, y cómo no hacerlo si comía insectos y cualquier tipo de bichos, nunca se bañaba, y convivía con ratas del tamaño de un perro. Su cuerpo y su alma expresaban un demonio perverso, habitado de miedo, oscuro.
Ahora si, le habían sacado todo, lo poco que tenía: su madre, y su jardín. Hasta el cuaderno le fue arrebatado por señores vestidos de blanco que intentaban conjeturar algunas hipótesis sobre el por qué de la desgracia de Fabio. El por qué de su pérdida de razón, que cuando falta, es motivo suficiente para que alguien tome a su cargo la vida de un pobre desdichado que nada puede hacer para escapar a eso.
Una noche el Dr. Jeausionne le hablaba para intentar sacarle algún destello de conciencia, y él escuchaba mientras miraba por la ventana de la habitación, escuchaba y escribía en una pizarrita que le dieron, lo único que tenia, en lugar de su lengua y su tan preciado cuaderno. Desde el ventanal de la sala se veían las tres luces de la bajada hacia la plaza. Los tres tiempos del ser humano, los tres momentos de las historias, presente, pasado y futuro, en ese orden. Infancia, juventud y adultez, en orden alterado, y tal vez sea porque siempre volvia a su infancia, la tenía presente, mas que al presente mismo. Él tal vez se quedó ahí siempre.
El hombre de blanco preguntaba, y leía lo que Fabio sentenciaba con una lucidez y una incoherencia desopilante:

-En que pensás…-
-Los últimos 4 años de mi vida, adonde se fueron? Que hago aquí? Mi jardín? Mi mamá? Donde se escondió? Esta jugando?-
-Los años se van Fabio, y las personas con ellos, tu mamá se tuvo que ir. Pero estas aquí con nosotros, que te cuidamos-
-Tengo sueño, pero no puedo dormir, vuelvo a verlos… a ellos-
-Mmm, delirios transitorios- Anotaba el medico en su libreta.
-No… pensamientos, sabe lo que son los pensamientos? Mamá dice que es cuando uno puede decidir qué hacer de un modo fácil. Pero mis pensamientos están habitados por algún mal-
-Y qué dicen esos pensamientos?-
-No importa, vienen del mas allá, hacia el mas acá, desde donde están ellos... que irrumpen en mi jardín… sin odios ni cariños. Sabe lo que es el amor? Mamá dice que es lo mismo que el odio y el cariño juntos, pero no me dice qué son el odio y el cariño. Dónde está ella? Llámela y ella le dirá-
-¿Quienes ellos?-
-Ellos, los que estaban conmigo en el jardín… y el jardín?
-Las cosas que me decís Fabio, no te entiendo, me pierdo a cada momento. Como son ellos? A que se parecen?-
-A nada, son ellos, que no los ve?-
-No veo nada-
-Usted tal vez esté loco-
-Por qué escribiste esto en tu cuaderno?: “Sálvenme de la vida”…
-Por que me está matando-.



Por Chespi

jueves, 11 de septiembre de 2008

El hombre que hecho su cuerpo al vacio

Un hombre estaba tirado en la vereda, aplastado, por el impacto de la caida. Quedo mirando hacia arriba, donde estaba su alma, mirándolo con compasión.

“Este es el lugar que habitabas

No te atrevas a volver

Se te ha hecho tarde

Y has volado muy lejos”

Estaba arrepentido, pero qué podía hacer? No había remedio, él estaba muerto, y ya no había nada qué hacer. Solo aceptar el lugar que ahora le tocaba, el suelo, la tierra, a la que pertenece y ha de pertenecer hasta que su materia se desintegre.

“Ahí es donde te perdiste

Te has quedado dormido

No despiertes en vano

Si ya no suenan las campanas”


Su alma lo miraba con mucha compasión, preguntándose tal vez, por qué habría hecho algo así, tan terrible, este hombre. Recordaba lo bueno que era estar en su cuerpo, ser parte de él, cuidarlo mientras se echaba a dormir, pensar por él cuando se encontraba confundido, soñarle, darle indicios de otro mundo en esos sueños, hacerlo reflexionar sobre todo lo hermoso que hay en lugares de la existencia que él, solía ignorar.

“Has sido mi mejor exceso

Has visto la luna de mis noches

Y el silencio de mis mañanas

Me has visto sonriendo”

Pero ya no mas, pensaba el alma, nada de eso, nunca mas en ese cuerpo, que se ha hecho trizas para no ser de nuevo, un ser vivo, pleno, lleno de esencia.

“Este es el lugar (solitario) que habitabas

Esta es la forma mas simple

Esta es la forma…

De que seas un extraño para mi”

Seguía recriminándole su alma, por egoísta, por haberla dejado ahí sola, y haberse arrojado al vació.

“Estoy deshabitada

En el aire…

Y vos cayendo”

Entonces el hombre pidió disculpas a su alma, por todo lo sufrido, por haberse ido, y quiso hacerle entender que no había mas remedio, ese cuerpo ya no servia para aguantar. Estaba deshecho en vida, y simplemente no había forma de soportarlo.

“Te has hecho polvo en el tiempo

Y yo he quedado sin sustancia

Hemos sido uno

Pero me has dejado flotando

Y te veo estrellado en el suelo”

De tal manera fue que termino aquella relación intrínseca entre un hombre y su alma. Él se precipitó hacia una caida, a sufrir en su cuerpo, y ella quedó sola.






Por chespi

lunes, 1 de septiembre de 2008

Deformidad rutinaria
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A- baño
B- desvestirse
C- taparse hasta el cuello
D- despertador
E- apagar radio
F- apagar velador
G- acomodarse en posición fetal
H- carrar los ojos

Una vez que el proceso para dormirme había terminado me di cuenta de que su fin esa noche no funcionaba en su máximo esplendor.
No lograba dormir.
Prendo la radio y me dedico a escucharla como segunda opción para así lograr entretenerme en un sonido de fondo repetitivamente adormecedor. Cuando empiezo a dormitar, la apago rápidamente y con gran esfuerzo para así dar fin al problema.
Mis pies no encontraban comodidad en su temperatura (algo que es un hastío para mi) cuando estaban tapados conseguían calor y los sacaba fuera de la frazada para que tomen aire fresco y se refresquen pero una vez que se refrescaban demasiado tomaban frió y los volvía a sumergir en la frazada.
Repetición que no me dejaba dormir del todo y poder disfrutar de mi desconexión de la realidad, hacia la otra realidad en la que nos sumergimos sin opción todos los días.

No me podía dormir a las 2 a.m.

No me podía dormir a las 3 a.m.

Cuando se hicieron las 3:30 (supongo) se largo a llover muy fuerte, con grandes truenos que parecían como flashes de cámaras fotográficas en la pieza, parecía que temblaba el departamento entero. Me había despertado del todo ya, pero por alguna razón no quería abrir los ojos, no quería, estaba solo y en la oscuridad intermitente de esos ruidosos truenos además del ruido de millones de gotas arrastradas por el viento violento, que las hacia estrellar contra todo lo que me rodeaba haciendo ese ruido tan pero tan intimidador.
En medio de ese caos imprevisto siento la presencia de alguien mas en el departamento.
Frío por todas mis venas, los ojos bien cerrados y esos ojos clavados en la oscuridad de mi nuca. Trato de prender el velador pero no podía, parecía que mi brazo pesaba toneladas, trato y trato hasta que el miedo vence y logro cambiar la perilla y encender la luz.
De repente, silencio absoluto.
-Era un sueño- pensé, gigantescamente aliviado
Abro los ojos y cuando mi vista se acostumbra, giro mi cabeza y ahí estaba esa presencia. Era una sombra con la figura de un cuerpo humano de gran tamaño, tenia un gran sombrero y lo único que no era negro eran sus ojos blancos que brillaban en ese terrorífico contraste.
Mi mente se nublo ante tal sensación de horror y podía sentir como mi corazón quería salir rompiendo mi pecho.
Apague la luz rápidamente y lo único que hice fue correr hacia la puerta, donde el estaba situado, la cual era mi única vía de escape. Sentí como mi piel se erizo cuando lo traspase y una gran sensación de congelamiento rondo por mi sangre.
Baje los dos pisos en silencio, mi lengua estaba entumecida, pero casi deslizándome y tropezando esos escalones a una velocidad adrenalinica.
Salí a la calle corriendo, hago un metro y medio, me tropiezo con la cabeza negra de esta presencia que se apareció en el piso de un segundo a otro y mientras moría de un infarto en cámara lenta observaba con detención esos ojos blancos que eran mi tumba, cayendo de cara contra un charco de agua que había en esa vereda mugrienta.

I- me despierto
J- me levanto
K- cierro esa puta canilla que goteaba cada 5 segundos
L- me acuesto
M- posición fetal
N- la Nada
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Por: MartiN