martes, 28 de octubre de 2008

LA PENA... DE ESTAR VIVO

.
.
Un hombre estaba mirando por la ventana, desde la comodidad de su sillón. Y le vino a la mente un pensamiento llano, más bien simple. ¿Dónde estoy?. Miro a su alrededor para corroborarlo, y dio cuenta de que estaba en su casa. De momento estuvo perdido, pero ahora estaba en casa. Perdido estaba en una pregunta mucho más difícil de responder, acaso de explicar, de esencializar, o de pensar. ¿Quién soy?, estaba tratando de averiguar. ¿Soy lo que creo?
Estaba como en lugares remotos de su infancia, allá lejos, en espacio y tiempo, de donde estaba ahora, y le daba pena estar complicándose la existencia. ¿Para qué?. Cuántas veces ya se habría preguntado quién era, y cuantas veces desistió de saberlo exactamente, o no quiso complicarse. Pues ahí estaba una vez mas, metiendo por milésima vez la mano bajo la piedra, y por milésima vez siendo picado por el bicho que ahí debajo estaba, siempre. Nunca aprendió a no meter de nuevo la mano. Ese era el problema para él, nunca aprendió.
Siempre y nunca.
Se resistió a complacerse con la cotidianeidad, y el transcurrir del tiempo, todo debía tener algún sentido para él. Pero ¿Cuál?. Qué tan significantes habrían sido todos los momentos de su vida, de qué manera lo habrían forjado, y que ahora, él mismo, no podía dar cuenta.
Estaba tan perdido ya en un momento, que pensó, -¿Quién soy ahora? ¿Un niño, o un adulto? ¿Qué tan diferente de aquel niño que fui y que ya no lo tengo, qué soy ahora, que no se que soy? Si antes tampoco lo supe-.
El tiempo es una cosa difícil de explicar cuando se revisa detenidamente. Cuando se quiere ir ahí, al limbo, de las cosas, donde las esencias han desistido de su sustancia. Donde el devenir ha hecho nada de eso que una vez lo fue todo. Este hombre perdido en las dimensiones de su transcurrir se planteaba esta reflexión que ya en otros lados se han hecho muchos hombres, pero que ahora son de él.
¿Será el olvido una manera de volver a encontrar el tiempo?
El hombre se levantó inquieto, y está ahora caminando hacia la ventana. Tiene que ver más de cerca, más comprobablemente, lo que ahí fuera le asigna sentido a su desilusión. El tiempo ha pasado tanto, y tan rápido, y ya no hay nada que hacer para remediarlo.
Este hombre estaba en otros tiempos, sentado a veces en ese mismo lugar, revisando sus escritos, de tiempos anteriores, haciéndolos presentes, pero en un tiempos pasados, a veces, cuando se sentaba ahí a leer. Tenía una pila de libros, donde tranquilamente podía descubrirse, meter la mano debajo de la piedra, y lo ha hecho tantas veces, que tiene la mano mutilada por el bicho, de su verdad, que a pesar de todo resiste al paso del tiempo. Pero el bicho, esa cosa, solo pica, lastima, y no dice nada, al menos no deja ver.
Pero con esas cicatrices, que siempre fueron la marca, este hombre se supo en esos libros. Se supo miedoso a la muerte, solitario, asquerosamente orgulloso, y terriblemente despiadado con las personas.
Se sabía ahora, mas desinteresado que nunca de todo vinculo que lo enlazara con el mundo circundante. Se creía tan superior que ni siquiera necesitaba del mundo para existir.
Pero la desilusión lo golpea de nuevo, cuando entre su arrogancia y lo que lo rodea, indiferente para él, se da la pregunta ¿Quién soy? Evocando con esto tal vez, algo más allá de lo que se puede decir, o aseverar en ese momento.
Mirando la figura de Jesús en un cuadro de la casa pensaba, -Dios no me vengas ahora, que ya tuve suficiente engaño con tu cuentito. No ocultes mas tu traición, nos dejaste solos, y no has de decirnos nunca cuál es el sentido de todo esto. ¿Acaso fuiste el que dictó tantas injurias, para qué, para ponernos de acuerdo, en qué, en que debemos pagar la culpa? ¡Qué clase de castigador eres! No te perdono mas, no te pondero, NO TE CREO NADA.-
El hombre se sienta de nuevo en su sillón, y agarra un libro, mientras prende un cigarrillo y ya comienza de nuevo, como hacia un rato, a separarse de la desilusión de la vida, la pena de estar vivo, y la que tenía con Dios. Para seguir viviendo eternamente en sus mundos relatados, maltratados, acomodados a su fin, que no era mas que resistirle al tiempo, sin importar qué tiempo, ni quién era él. Pues donde no hay tiempo, no hay ser, ni necesidad de saber, qué se es.
Al llegar la noche, cuando todo se hace menos evidente, con la oscuridad, hermosa, que reina en las profundidades del alma para no darle paso a la luz cegadora que destruye todo el mundo imaginario, cuando ya había vencido una desilusión mas, se propuso dormir, agotado de pensar en vano, queriendo soñar.



Por chespi

2 comentarios:

Raul dijo...

chespi hasta que senti que estaba leyendo un cuento de la interpretacion de las "meditaciones" quizas es un poco superficial tal comentario, pero es genial lo que escribiste,que momento tal crucial para nosotros el dia en que alguien se pregunto ¿cual es el sentido de vivir? y creo que en el mismo momento que alguien sepa responderlo la existencia dejara de serlo tal como es, sino desaparece en ese mismo instante, que paradojico ... un abrazo amigazo !!!!

¿Por qué me haces esto? dijo...

muy bueno tu rincón! :)
gracias por pasar siempre por el nuestro!

Te esperamos.

Sole