jueves, 20 de noviembre de 2008

CACERÍA DE MARIPOSAS

-Vos no me querés mas- le dijo ella, y él, finalmente lo tuvo que aceptar, se convenció de que era así, luego de que ella le pidiera que lo haga. Ella lloró toda esa tarde de domingo de verano, en la cocina de su casa, mientras afuera la gente se daba cita para pasar una tarde cantando, con guitarra y mates.

-No me lo hagas mas difícil, no seas así- le decía ella mientras se secaba las lagrimas que no pudo contener desde el momento en que dijera que todo se había terminado. Él era un masoquista, y ella, la sádica, al mismo tiempo que cada uno relevaba el puesto por el otro, a cada instante, uno y el otro eran, sucesivamente, sádicos y masoquistas.

-Qué hice mal?- preguntaba en vano él, que ya se veía atascado en el laberinto de la pasión, de la bronca y la resignación, porque en realidad no había hecho nada mal, solo estaba creciendo algo que no debía ser. Porque no hay respuestas a esa pregunta, por el simple hecho de que esa pregunta develaría el sin sentido de la determinación de darle fin a un amor en crecimiento. Esa pregunta es absurda, no tiene sentido hacerla. Solamente tenía que convencerse de que no había vuelta atrás. -Veo que tomaste una decisión, y no puedo hacer nada con eso. ¿No es así?- le reprochaba con dolor mientras ella miraba el suelo de la cocina y se secaba constantemente las lagrimas. -Podemos arreglarlo, podemos seguir juntos, deberíamos hacerlo, yo te quiero tanto, ¿Acaso no lo ves? No puedo estar bien sin vos-.

-No se termina el mundo por que vos y yo no estemos mas juntos- ella le seguía convenciendo de que lo que estaba sucediendo no debía afectarlo y que era “por el bien de los dos”. Porque si seguía enamorándose de él no iba a poder dejarlo nunca mas, y era algo que no se podía controlar, y por eso era mejor ser prudente y cortarlo en el momento justo, en donde no ocasione el mal terrible, esa melancolía, que pudiera ocasionar en un futuro, cuando ya no puedan desistir de lo que sintieran, y se vieran tan lejos. -¿De qué bien me hablas? Si me estas matando en vida, ¿Qué bien de los dos? Si estás ahí llorando. No entiendo por qué haces esto, te estas lastimando, y me estas lastimando a mi-. Aumentaba el gemido del llanto de ella.

Y sobre sus cabezas revoloteaban los momentos pasados, perdidos, se chocaban entre sí, y aumentaban a cada minuto. Se había formado un enjambre que sobrevolaba sus cabezas que estaban hartas de pensar en lo que estaban haciendo. Algunos eran incoloros, otros resplandecían y opacaban a los demás, con su brillo, su ruido. Eran de vida corta, como las mariposas, y fueron muriendo a medida que soltaban las palabras.

-Mi mundo es el que se termina- le dijo él. Y ella salio corriendo al baño a llorar desconsoladamente, y no fue solo un lagrimeo, sino una avalancha, un grito que sale desde lo mas adentro y conmueve el cuerpo entero, una descarga aliviante. Vuelve con la cara lavada, refregada, y le pide un último beso. ¿Para qué? Pensaron los dos, pero no podían dejar de dárselo. Entonces de agarraron fuerte de la cara sin pensarlo mucho, y fue el mejor beso de todos, el mas sentido, el mas intenso y mas largo beso que se dieran alguna vez, el mas doloroso beso de adiós. Lo que terminó de aniquilar el revoloteo, subvirtiéndolo a las profundidades de sus almas, reemplazándolo por un nuevo, resplandeciente y eterno momento final.

Mientras afuera la gente seguía llegando, y algunos se animaban a entrar hasta la cocina, felices de que sea domingo y estén por cantar. Pero al encontrarse con estos dos ahí llorando, sin palabras, con una expresión de angustia en el rostro y en sus ojos, se iban silenciosa y lentamente.

Entonces él hace un chiste, para aliviar la tensión, le dice que prepare el mate, que afuera la esperaban, y él no debía seguir evitando el encuentro. Le dijo que estaba bien, que no le insistiría más, pero que no habría vuelta atrás, él no volvería. Y salió con la mejor cara de felicidad que pudo disimular, saludó, se sentó, y pidió la guitarra mientras prendía un cigarrillo. Todos estaban expectantes, silenciosos, porque nadie puede decir nada ni dar consejo alguno en estos momentos. Como cuando alguien se muere. Lo dejaron deleitarse con una sola canción.

Cada nota le dolía, y ella que estaba en la cocina esperando que el agua se caliente, comenzaba a sentir que volvía la avalancha interior, con cada estrofa:

“Yo pienso que, no son tan inútiles, las noches que te di.

Te marchas y qué, yo no pienso discutírtelo, lo sabes y lo sé.”

Ella salió al frente de la casa y se sentó junto a una amiga, lo observó como siempre lo hacía cuando él le cantaba, lo quiso tanto, se arrepintió, pero no podía tirársele encima como antes, porque él estaba convencido de que no la quería, aunque eso no fuera verdad. Ella entendió que esa canción era el adiós, todos lo entendieron. De alguna forma los dos se contuvieron frente a todos, él cantó con los ojos cerrados, encerrando la angustia. Por fin terminó la agonía, saludó y se fue caminando, triste, pero convencido. Agarro su pena y se fue, llevándose un beso eterno, un abrazo sincero, revoleó por el aire su bronca, dejó flotando en el aire la melancolía pesada de una canción de desamor, y echó en la calle su dolor convertido en lagrimas mientras se alejaba pateando piedras del lugar. Habiendo eliminado el revoloteo de mariposas sobre su cabeza, o al menos creyendo, convencido, de haberlo hecho, porque el infierno, esa guerra, ahora se disputaba en lo mas profundo de su estómago. Como estaban ahi arriba, ahora estaban enjauladas en su cuerpo, conmovido éste enteramente por la amarga sensacion de una experiencia vital de angustia, de encierro y sofocación de mariposas.



Por chespi

1 comentario:

Anónimo dijo...

ahi te va una letra, muy buen cuento.
ESTELARES ''el ultimo beso''

Aquí tienes mi amor
un regalo del sol
y también mi condena
Todo mi corazón
esta dulce emoción
que todo lo envenena.
Nervioso de esta manera
quizás pierda algunas luces
Luces para llegar a vos
cuando no tengo la manera.
Y yo siempre dije que no
y vos siempre decías por qué mi amor
si tu no puedes llegar hasta mí
permite que te bese así.
Tu que tienes piedad
sabes de esta ansiedad
que todo lo envenena
Ya se que es irreal
esto de que no hay tiempo
pero es lo que siento.
Y yo siempre ...
Mas el día que te marchaste
supe lo que eras para mí
todavía me pregunto
por el último beso que te di
Y pensar que estoy herido
y es mi culpa mordido y es mi culpa
herido...



soy marteen bolo