jueves, 4 de diciembre de 2008

PERSECUCION




Un día puede ser que te despiertes y no sepas quién sos. A veces puede pasar, y qué hacer cuando no se sabe quién es uno mismo? Qué hacer con ese vacío? A quién mirar en el espejo? La vida sería una empresa en quiebra, que no habría de poder vender mas ilusiones. Los hechos sucesivos en un caso así cobran una tonalidad casi irreal, indiscernibles de las fantasías y los delirios de la locura mas cruel.
Así es que una noche estaba una mujer sin nombre mirando su rostro en el espejo. Lo que le preocupaba no era la soledad, sino el vacío que ésta le provocaba.
Se desplomó en el sofá y quedó mirando el techo, que de pronto parecía que la iba a comer viva. Entonces salió corriendo inmediatamente, pensando que habría comenzado una búsqueda, la búsqueda y encierro, de quienes no tienen identidad. Con esa idea disparatada corrió por las calles del barrio que parecía deshabitado. Mientras se acomplejaba aun más la persecución, se escondió detrás de los tachos de basura de cada esquina, por no más de diez segundos en cada uno, el tiempo que tarda la desesperación en poner en marcha. Y tuvo la idea de que en la luz no iban a poder atraparla. Entonces se paró bajo un farol de la calle y quedó mirándolo. Pero se dio cuenta de que la tenían rodeada, los podía escuchar, aunque no los viera. Corrió de nuevo hasta su casa donde el miedo y el sueño la tenían muy confundida, estaba tan cansada de escapar.
De vuelta en el sofá comenzó a caer lentamente y tomó velocidad. No tenía tiempo para quedarse en el aire, ni de pie. Pero de algún lado que ni ella sabe donde, saca fuerzas y se levanta, todo está inundado. Su casa, la calle, el patio. Y es cuando ve que en frente de su casa hay un camión, con el logo de la empresa cazadora de “gente sin identidad”. Ese logo que aparece en las publicidades y encierra a las personas en estereotipos, los captura con una imagen deseada por todos. Se desespera, sabe que va a explotar, y busca refugio, detrás de la heladera, y cierra los ojos. Siente el calor de la explosión pasar a su lado sin tocarla gracias a la poderosa heladera que sirve de escudo. Y espera un momento a que el fuego se apague. Entonces sale de su casa porque ya no era lugar seguro.
Caminando de nuevo llega a una esquina donde había una casa antigua que funciona como un bar, y entra. Enseguida se da cuenta de que nada es normal en el lugar, no podría serlo. Hay muchas bestias encadenadas y con chalecos de fuerza. Son como una especie anterior del ser humano -piensa ella-, una mezcla entre gorila feroz y humano, un híbrido negro y corpulento. ¿Eso debía significar algo? Cada uno tiene un guardián que le pega con un látigo si se sobresaltan. Están descalzos, los hay por todos lados. Sin importar demasiado el sentido de la situación prosigue.
Entonces se acerca a la barra que queda en el patio trasero de la casa, y ve que todos los que estaban allí eran irlandeses, iguales entre si, con barba rojiza, vestimenta de a cuadros, como la de los escoceses, pero no eran escoceses. Pide una cerveza y se da cuenta de que está con un amigo en el lugar, entonces brindan con todos los irlandeses símiles entre si y derraman cerveza sobre la barra como festejo, ¿de qué? No se sabe. Y recorren el caserón tan extraño. En cada habitación había una música distinta, instrumentos distintos, flautas en una, tambores en la de enfrente, guitarras en otra, violines en la del fondo, etc., y en todas albergaba una bestia encadenada en el rincón, mientras hombres de cabello largo y barba leen partituras. Estaba tan confundida que decidieron salir del lugar, pero cuando iban acercándose al portón ven una carreta en la calle, era donde transportaban a estas bestias, y una se baja y trata de escapar. Viene corriendo hacia ella y ella se asusta, se encoge y queda inmóvil para dejarlo pasar, como en un momento de impotencia, de inermidad de un sueño. Mientras el guardián de esa bestia le grita que no lo deje escapar, que es su primera bestia y lo iban a echar si se le escapaba, entonces tira un latigazo que le roza el brazo, y siente el retumbe de los pasos de la bestia que pasó corriendo como una locomotora y ni siquiera la tocó. Se acordó de los cazadores que la perseguían y se preocupó de nuevo, pero supo, al ver a estas pobres bestias presas en la carreta, que su situación no era tan mala. Y volvió hacia su casa caminando, por la vereda, porque la calle seguía inundada y era como una pileta, ella no estaba de ánimos para nadar.
Llegando al barrio vio que en todas las casas de sus vecinos había fiestas de cumpleaños, muchos niños y globos. Entró en su casa y dejando atrás toda la persecución se acostó en la cama. Las tres de la mañana.
Cuando se despierta se mira en el espejo y le dice a la imagen, -esa sos vos-
Entonces sale airosa a la calle, triunfante de haber recuperado una identidad, vestida para trabajar, camino al trabajo, sube a un colectivo y hay cientos de personas como ella, sin nombres, que van camino a sus quehaceres, dejando atrás la persecución y la desilusión, con alguna identidad asumida para cierto fin. Lo único que le llamaba poderosamente la atención es que haya retornado el color, y en cierto modo eso la dejaba un poco mas tranquila. Ya no había bichos volando en el ambiente.
Tal vez ella solo se había drogado tanto que se desconectó de la realidad, eso también puede pasar. Las drogas son muy solitarias.
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Escrito por: Chespi
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Fotografía: Martin

3 comentarios:

Anónimo dijo...

guau! que delirio.. lindo delirio..

chespi vos te drogas?.. te pasas..

beso


Ro

Ayelen dijo...

no podía tratarse de otra cosa, el vacío persigue. Lo raro es que después de todo existe una manera de llenarlo de imágenes (y de las más crueles) pero seguís siendo nada y menos que la de antes, la sin rostro, frente al espejo.
Asumirse es jodido, más aún entre sobre gorilas o piletas.
saludos

Anónimo dijo...

esa persecucion no es la de adentro?.. siempre es la de adentro, y la expresaste de manera increible..

segui escribiendo asi..

beso

vane