domingo, 4 de enero de 2009



Analogias




Miles de hombres, millones. Cientos de edificios, altísimos, viejos, modernos. Una corriente de autos cual si fuera un río luminoso. Algunos individuos caminando. Las copas de los árboles inmiscuidos entre el cemento, y las columnas de cajas de zapatos, donde se prenden las luces al azar. Un búho sobrevuela silenciosamente la noche.
Pablo entró al departamento, miró la mesa, prendió un cigarro, a la vez que prendía la televisión. Y dijo –puedo hacer una linda analogía con esto-. Pero no, no estaba con ganas de pensar en analogías críticas sobre la sociedad, la animalidad, el imperialismo, la soledad de los hombres, y la culturización de la naturaleza.
Lo único que podía pensar era que estaba tan lejos de su vida en el norte, que no podía mas que sentir nostalgia. Sentimiento que tienen los seres humanos cuando no pueden hacer otra cosa que desear algo que no pueden cumplir, por ser esa vivencia del pasado. Era una sensación excitante, realmente conmovía su ser, eso era lo que mas le gustaba. Tal vez Pablo era un poco masoquista, o tal vez la única forma de realizar el deseo era esa.
Aun así, la analogía estaba latente, no podía resistirle, y salio de nuevo al bacón para echar un vistazo.
Que será de esos millones de hombres? Apilados en cajas de zapatos, aislados en autos, o caminando solos. Que será de estos hombres que están siendo sobrevolados sin darse cuenta? Que será cuando el animal descienda sobre su presa y la destruya, destruya las cajas, como ya ha venido haciendo desde hace largo tiempo. Solamente unos pocos como yo pueden verlo? O nadie lo ve? Que estarán haciendo ahora los que envían al depredador? Durmiendo placidamente, levantándose para ir a su oficina a recoger los resultados, o simplemente están mirando televisión, riendo con algún show? Muchos pensamientos que le hubieran costado la vida hace unos años, o bien ahora mismo, en este tiempo, su empleo, su dinero, lo que equivale a perder la vida en los gloriosos tiempos posmodernos.
-Que hago yo acá pensando sobre esto, construyendo analogías, tratando de evocar una verdad que sobrevuela la calma y el silencio de la noche?- Volvía a la resignación de que toda la locura estaba creciendo como un volcán que comienza su actividad, sin avisar, un día, cuando ya es tarde, destruye todo. Como una infección. Cuantas analogías. –Cómo quisiera estar en el norte- aunque le dolía que allá todo fuera mucho mas ignorado, y eso era también lo que le gustaba, porque la gente vive feliz sus cortas vidas, que no forman parte de la historia devastadora, de una especie que algún día va a dejar de propagarse, porque va a dejar de existir cuando la bestia que sobrevuela descienda sobre su presa. Allá la gente es mucho mas “viva” que en la gran ciudad, porque no se compra la publicidad vertiginosa que manda aquí. Pero es también mas ingenua, porque no viven en medio de un caos, de un juego de salvarse a costa de cualquier precio, o de cualquier persona. Ah como odia la desconfianza de la gente de la metrópolis, y como odia a los tontos del norte que no se dan cuenta que les están metiendo el verso cuando vienen para acá.
-Esto es la especialización- pensó en otra analogía, esta vez biologista. .
-Porque acá en la gran ciudad la gente se ha tenido que adaptar a los cambios del medio, de los medios masivos de comunicación, la publicidad, la globalización reinante, generadora de marginalidad, exclusión, como si fuese un cambio climático que condena a ciertas especies a extinguirse, si no se adaptan. Pues bien, el muy hijo de mil puta se adapto bien, en cambio el tonto, ingenuo, pobre, no pudo., y si bien no desaparece aun en la realidad, porque ves mendigos por todos lados. Está desaparecido de cualquier sistema social de beneficios, creado obviamente por aquellos que recompensan a los buenos animales que se adaptan.- y las analogías no cesaban de surgir.
Cómo odiaba a la gente Pablo, por inútil, por ciega, por hipócrita, por su propia impotencia ante tanta ignorancia.
Pero ahí estaba él, uno más en el montón de millones de hombres que seguían la corriente. Un hipócrita mas, que se creía autorizado a maldecir a todo imbécil que viera por ahí, sin pensar en que formaba parte de esa calaña, sin pensar que a los diez segundos estaría mirando televisión, navegando por Internet, comprando, y que vivía en una caja de zapatos, pagaba impuestos para un estado que le envía el dinero a las potencias a las que le debe por aceptar un robo por decreto, impuestos a empresas privadas, en fin, contribuyendo al gran sistema que tiene preso o “por presa” a los hombres. Pobre ingenuo. Estaba decididamente jodido, como todos.
Entonces una vez que estuvo lo suficientemente ahondado en sus pensamientos, construyó una hermosa analogía, simple, casi burda, como toda buena analogía.
-Dios vino a mi casa esta noche, entro por la ventana del balcón, no me dijo nada, solo se presentó y miro todo a su alrededor, sé que quería que me fuera, que me salvara, pero no puedo, soy débil, èl lo sabe, por eso se conforma con solo intimidarme con su mirada. Dios es un búho que sobrevuela la ciudad de noche, y mira, buscando alguna presa, algún débil como yo, que caiga en la tentación de pensar, y en ese instante de distraimiento llevárselo lejos. Pero me resisto a pensar-.
Prendió el televisor y se alejo de la cuestión, sigilosamente, como el búho que salía por la ventana, sin decir nada. Eso era todo.
Haciendo zapping llego al noticiero, y volvió a escupir su sentido común: -Hijos de mil puta!- dijo, y anotó al pie de la hoja, -“El búho era el diablo!”-.

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Por chespi