jueves, 5 de febrero de 2009

El cuentito de la senda peatonal

-
-
Bajo, subo. Hablo. Entro, hablo, salgo. Pienso. Como, silbo, voy al baño. Leo, y pienso. Duermo, pienso, sueño. Río, me retuerzo. Me despierto, como, bajo, me voy.
Así de simple puede ser mi vida. Un día como hoy, o algún día. Pero no puedo dejar que sea tan simple, tengo que complicarla. Por eso voy al súper y no se que comprar, no se que comer, no se que leer, ni de que hablar, adonde ir, para qué bajar, ni qué sueño. Peor aún, a veces no se qué hacer.
Los anatomistas del alma dicen que es la ansiedad. Puede ser. Pero como hago para saber qué es? Si estoy sentado fumando, no pienso: “esto es ansiedad”. Uno no lo hace así porque si. Tal vez por eso va al psicólogo. Pero otra vez pienso y lo que pienso es que los que van al psicólogo son los que si se dan cuenta de algo, de que tienen ansiedad por ejemplo, o mejor dicho, los que se complican un poco mas las cosas. Pero tal vez uno vaya porque se lo recomendó un conocido.
Un día estaba a punto de irme hacia el norte, y en la terminal de ómnibus, se me acerca un hombre, que me pregunta si estoy por viajar. Cuando le cuento que si, y adónde estoy por irme, me dice que el también es del norte. De un pueblo perdido del Chaco. Y así como si nada, conversamos, y me cuenta que viaja por el país.
- Yo soy evangélico, profetizo la palabra por todo el país- mi asombre fue tal, porque este hombre no sabia siquiera leer, ya que me había dado charla para que yo le leyera los destinos de los colectivos, por miedo a perder el suyo. ¿Cómo una persona que no sabe leer puede andar vendiendo el cuentito? La cosa se aclaro luego.
-Trabajo con los chicos que andan perdidos en las drogas viste. Esa mierda- dice la palabra casi con esfuerzo- mata mucha gente, arruina muchas vidas, hunde familias enteras, y vuelve loca a la gente-.
Se ve que hoy en día el refugio de los desamparados drogadictos es Jesús, pensar que antes asistía a los locos o a los pobres inválidos. Que bueno es Jesús pensaba, en la filantropía.
-Yo anduve en todo eso- me dice- estuve perdido, era un desastre, casi me muero muchas veces, me echaron de todos lados, de mi casa, de la casa de mi abuelo, de mi tío, de los centros de rehabilitación. Yo no vivía prácticamente, sino era para consumir algún tipo de droga, la que sea, cosas que ni te imaginas me metía en el cuerpo-.
Y yo que lo único que hago es bajar, subir, hablar, entrar, salir, pensar, comer, silbar… de una manera complicada.
- Pero tuve la suerte de que Jesús me envió gente para que me salve, que me cure de esa enfermedad maldita. Y ahí a los 34 años más o menos recién empecé a vivir. Gracias al señor, que se ve que me estaba queriendo rescatar-. Que bueno es Jesús, pensé yo.
-Y hablaste con Jesús?- le pregunté, como no pudiendo evitar mi genio.
-Si! Todos los días hablo con él. Le voy a pedir por usted hoy, como se llama?- le digo mi nombre, y le aviso que su colectivo esta en el anden, es hora de que se vaya.
-Muchas gracias, que el señor lo acompañe- me dice.
Y si, las drogas vuelven loca a la gente.
Entro al colectivo, subo, tomo, silbo un poco, pienso en Jesús, me río, miro a mí alrededor, duermo, sueño, me estoy yendo al norte, sin más complicaciones.
Pero no se puede, y entonces uno entra a preguntarse, para complicar la vida, si eso que escucho en la estación de ómnibus era el producto del delirio de un pobre loco, o tal vez, una verdad imposible de ser admitida por lo que es el ideal que uno mismo tiene. Es la droga? O es la vida de mierda. Una de dos (pienso).
Cuando me bajo del colectivo, cruzo una calle, y miro la senda peatonal, la miro detenidamente, y veo todas sus fallas, todas las partes donde la pintura se gastó, donde queda el verdadero color de la calle, del asfalto, que había sido ocultado por la pintura blanca de la senda peatonal, con el propósito de indicarle a los peatones el lugar por donde recorrer el camino, la senda blanca, quizá la misma que se pinto en el cuentito del pobre loco de la estación. El blanco, quizá indica algo más que “ser la senda peatonal”. Y sus grietas, quizá muchísimo mas, increíblemente mas, porque ahí, y solo ahí, veo como no hay nada que no pueda ser desenterrado por el tiempo. No hay historia que se pueda ocultar lo suficientemente bien, con pintura blanca, de esperanza, de pureza, como para que el tiempo no deje ver luego las ultimas consecuencias de ocultar o negar lo verdadero. Cuando camino por la senda peatonal, me doy cuenta de que en realidad, camino por la calle. Pero si se lo digo a la persona que atraviesa la calle conmigo, tal vez me mirara con cara de sorprendido, porque tal vez no admita que yo quiera ver la verdad, porque eso es complicarse la vida. Y la vida ya es demasiado complicada, al tener que conseguir dinero, comida, techo, al tener que sobrevivirla, la vida ya es complicada, para qué complicarla mas, buscando alguna verdad? Que importa que en realidad caminemos por la calle y no por la senda peatonal puesta sobre ella? Tal vez a algún loco le importe, y tal vez por eso el pobre loco de la estación, me hablo de que Jesús lo vino a salvar, o envió evangélicos en su lugar, por el camino blanco del señor. A veces llego a comprenderlos, un poco, y les tengo lastima, pero no compasión, porque si sintiera lo mismo que ellos, o me identificara con su padecimiento, estaría loco.
Pero por suerte todavía puedo darme cuenta de cosas mas simples, como de que caminamos por la calle, y puedo hacer mi vida también un poco mas simple, por eso solo camino, y me voy, para volver, mientras tanto pienso, como, silbo, leo, y sueño cuando me voy a dormir. Al menos hasta que alcance el punto de llegada de esta carrera.
Y ahí, saber la verdad, o darme cuenta de ella.

-
-
Por Chespi