martes, 10 de marzo de 2009

La confesión
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En 1488, plena época de la inquisición española, luego de bendecir la comida se disponían a cenar en casa del verdugo del pueblo.
Dentro de las conversaciones fue una la que tomo por sorpresa al señor de la casa. Su hijo mayor le confesaba a su padre que había hecho algo muy malo y lo habían juzgado de hereje, y que en la mañana siguiente seria juzgado por los reyes. El "gran sacrificador" sabia bien lo que eso significaba y esa noche la comida no le cayo muy bien y no pudo dormir cómodamente.
Quizás esa noche, soñó que no querría despertar jamás.
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Por: Martin

1 comentario:

Cloe dijo...

El destino muchas veces nos juega malas pasadas.

Abrazo