viernes, 10 de abril de 2009

Deja vu de una existencia sin proposito

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Está amaneciendo, el personaje camina lentamente por el pasto, mirándolo, pensando que tal vez nunca nadie haya caminado por ahí, ningún humano. Observa los yuyos de la rivera, sabe que la vida está ahí, pero ningún ser humano. Está recorriendo ese camino por primera vez, es un conquistador. Se va abriendo paso con las manos, su cuerpo desprotegido comienza a sentir los efectos de la naturaleza por estar expuesto a ella. Cada vez menos pelo tiene para protegerse del sol, del frío, de la tierra, del viento. Cada vez menos fuerza para luchar contra las malezas, para seguir andando, y encontrar. No sabe que hora es en el reloj, pero ya es tiempo.

El personaje está en un lugar, en algún momento del tiempo, pero él no sabe cuales son. Tiene conciencia de que no le queda mucho, aunque no sepa adonde va. Se detiene y observa, no sabe qué hacer, sigue caminando. El sol pasó por encima de su cabeza, como muchas otras veces sin que él lo advirtiera, dándole la espalda, el ignorado se volvió a esconder, como muchas otras veces. El frío vuelve, la desesperación, la incertidumbre guía hacia cualquier lado, algún lado que sirva de refugio. Ningún ser humano.

Sentado entre unas rocas, descubre un camino de hormigas, está solo. Este personaje no tiene nada para recordar, mientras está despierto lo único que puede hacer es mirar, tratar de ver algo en la oscuridad ruidosa del monte. Juega a adivinar qué es eso que hace ruido, lo dibuja en su mente, lo llama, pero nunca aparece. Lo escucha de nuevo, y mira hacia el lugar de donde proviene el sonido, como saludando a su propia creación. Se duerme.

El personaje sueña, pero todos sus cumplimientos de deseo están al servicio de uno solo. Entonces lo único que puede imaignalizar es que está en una ciudad, donde hay otros seres humanos que han construido casas para refugiarse, que compran autos, que se visten con ropa limpia todos los días, que gastan su tiempo para ganar dinero, y después gastan su dinero. Entre todos ellos está ella.

Al abrir los ojos el personaje se olvida de todo, se levanta y vuelve a caminar. Tiene un presentimiento, tiene las señales a su alrededor para provocarlo. Llega a un camino que se bifurca por una densa maleza impenetrable. -Este es el momento decisivo de mi vida- piensa, pero sin hacerlo por mucho tiempo más se precipita, y va por el lado derecho. Comienza a sortearlo por el denso monte, mirando con temor hacia adentro, no queriendo ver algo que se pueda ver ahí. Le parece escuchar voces, le parece ver una luz, se inquieta mucho pero no se anima a entrar, tiene miedo. Sigue caminando. Pensando que tal vez mas adelante esté lo que tiene que estar más adelante. Pero enseguida se carcome, se arrepiente, se detiene, trata de volver para tomar el otro camino. Pero no puede, porque eso también le da miedo. Asume la elección hecha más atrás y sigue.

Ya sin fuerzas se encuentra en un círculo, donde no crece nada, ni pasto ni yuyo, y una mujer parada, inmovilizada frente a un espejo, mirándose. No hay por donde esquivarla, no le queda otra que atravesar ese circulo y pasar por al lado de ella. Sin pensarlo, se apresura por pasar, y queda inmóvil frente al espejo, detrás de la mujer. Se mira en el espejo, y la ve a ella. Le pregunta que pasa, por qué no puede moverse. –Nunca lo supe-. Le dice ella sin poder quitar la mirada del espejo. Necesita hacer algo urgente para poder seguir su camino, para llegar ahí donde tiene que llegar. Pero no puede hacer nada, solamente mirarlos a ellos reflejados, mientras vuelve a oscurecer. De repente descubre la solución, cierra los ojos, y se de cuenta de que puede mover su cuerpo ahora, entonces trata de ir para donde memorizó que seguía el camino. Comienza a caminar a ciegas, la desesperación aumenta, corre con los ojos cerrados, tratando de no errar el camino.

El personaje de esta historia abre los ojos, el sol salió de nuevo, pero, ¿Cuántos días han pasado?, él no lo sabe, anduvo caminando a ciegas por un tiempo. Pudieron haber sido años. Lo único que sabe es que todavía sigue caminando por ese caminito que se adentra más y más en la maleza. Ya está harto de no poder salir a campo abierto, o a lo que sea que siga, un río tal vez, no importa que sea, solamente tiene que ser otra cosa. No quiere permanecer más en el monte oscuro. Esa mujer lo dejó desorientado, ahora no sabe cuanto tiempo lleva caminando por ahí.

Enseguida se da cuenta de que está transitando un camino. Antes no lo había pensado. Eso quiere decir que ya hubo otros que anduvieron por ahí, lo que significa que el camino lleva a algún lado. Pero ¿a donde? No puede dejar de pensar en el otro camino. Tal vez el este en el camino equivocado, y el debería haber tomado el otro. Se arriesga, y sigue.

En una colonia de hormigas se disponen a despedazar una hojita para llevarla al nido, justo cuando el personaje de esta historia pasa por el lugar y las pisa. El lugar es un desastre, hay cadáveres de hormigas por cuarenta centímetros cuadrados, y el personaje sigue caminando sin darse cuenta de lo que acaba de hacer. Como de costumbre, lo ignora.

Vuelve el presentimiento, vuelven las señales, el monte se hace menos denso, el aire es más liviano, hay más luz. Sale del monte, está feliz, está parado frente a un desierto árido que se extiende hasta donde alcanzan a ver sus ojos. La alegría no le duró nada. Pues no había nada al final del camino, mas que un desierto interminable. Grita tan fuerte, que cae rendido en el suelo, nadie lo escucha.

Vuelve abrir los ojos, otra vez hay sol, otra vez no sabe cuanto tiempo ha pasado, otra vez se levanta y como si fuese una revelación concibe la posibilidad de no ir de frente al desierto, sino de ir hacia un costado, esta vez el izquierdo. Camina.

Está viejo para aguantar tanto cansancio, pero saca fuerzas de donde ni él sabe y sigue. Bordeando el monte, en la línea entre éste y el desierto, se va alejando de a poco del monte, que es inacabable, pero a medida que se aleja está cada vez mas metido en el desierto donde no hay nada. Eso lo asusta, de nuevo, pero piensa en la mujer parada eternamente frente al espejo y se aleja un poco, ve que no hay nada en el desierto y vuelve a acercarse al monte. De repente se encuentra de nuevo en una instancia decisiva, el camino se bifurca. -Esto ya lo viví- piensa.

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Por Chespi

3 comentarios:

orillas de la cuentera dijo...

es tu cuento
la metáfora de muchas vidas como la del personaje
y el círculo donde principio y fin se repiten ,tal el deja vu
me gustó el manejo denso de esa peregrinación y en especial el personaje de la mujer frente al espejo y su catatonía

saludos

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo.. la vida transcurre sin que nos demos cuenta aveces, de todo lo que nos pasa alrededor.
Los deja vu me llaman muhcisimo la atencion, serán asi?..
Muy bellas palabras.

Saludos, Sofi.

Anónimo dijo...

que lindo cuento chespi, la verdad que escribirs muy bien.. no sabia eso de vos, me gusta mucho..

un beso

jime