sábado, 18 de abril de 2009

Estructura para la imaginación






Un hombre llora en un teléfono público de un pueblo alejado. Algo pasa en la ciudad. Mientras tanto una mujer se masturba en la playa, de frente al mar, de noche. Pasa un tipo raro caminando solo. La tranquilidad del pueblo. El ruido de la ciudad en la noche. El ruido del mar. El ruido del llanto.

Martín recibe un mensaje, no lo entiende. Trata de decodificarlo junto con su amigo Juan pero es inútil. Se preguntan quién lo escribió. Alguien que los está espiando, piensan ellos. Escuchan un ruido que irrumpe su interrogación, un disparo. Alguien muere.

Al tiempo que un ser, envuelto en redes, como una capa, escribe sentado en su escritorio. Lo rodea una oscuridad densa, donde no hay nada. Una sola luz, la que alumbra la hoja, donde se inscriben neologismos casi esquizofrénicos. Es casi un relato, le falta la parte racional. Frente a él, un muro, que se cae.

El erotismo llega a su punto culmine, la sal y el aire frío penetran por entre las piernas, se conjugan con una exaltación temblorosa. El mar está más bravo que nunca, la critica. Ella ahora siente culpa.

El hombre no para de llorar, hay terror en sus ojos. Se está cayendo, y lo está sufriendo (Y eso que todavía no llegó al fondo). Se va agarrando de pequeñas ramas, pequeñas rememoraciones de lo que no será nunca más. Encima de él viene cayendo una nube, que lo va a aplastar.

Por el pueblo no hay nada ni nadie, solo el viento transita la noche tranquila. Y algún sonido, que nadie escucha.

Martín piensa que alguien le quiere decir algo, pero no entiende nada. Juan menos. Le construye hipótesis absurdas. Le habla de alguien que vive en su cabeza, y que le envía esos mensajes. Es un sabio que se dedica a codificarle interpretaciones, cosa que ni él ni Martín pueden llegar a entender. Será eso? Martín le sigue la corriente. Y si no es eso, tenés un vecino psicópata, lo jode más todavía. Martín se escarmienta, con nada.

Algo pasa en el piso ocho de un edificio. Hasta el día siguiente, nadie lo sabrá. El viento del pueblo trae un olor desde el campo, que nadie percibe. Hace unos días María viene mal, está confundida. Nadie la entiende. No sabe que hacer, pero toma una decisión.

El escritor en la oscuridad se enoja. No lo escuchan.

El hombre del teléfono se arrodilla, quiere gritar, pero ya no tiene voz, ni siquiera eso. Maria vuela por el balcón. Nadie la ve, nadie la escucha. El hombre va llegando al final, está por tocar fondo. María se estrelló contra el suelo, no iba a ir a parar más allá de él. El hombre sigue cayendo.

Martín está cada vez mas confundido. Juan se ríe. No sabe para qué fue a ver a Martín. No sabe por qué se ríe. Martín no sabe qué pensar. Juan lo mira y piensa, qué pensará?

La mujer de la playa se durmió, agotada. Sueña.

Martín y Juan están sentados en el piso siete. La luz se apaga, comienzan a dibujar en la oscuridad las figuras que sus ojos imprimen en ese negro denso, sus pupilas se dilatan, y lo sienten, ¿Será la droga? No saben qué pensar. Estamos en las sombras, le dice Martín, Juan está asustado. Dónde es eso, pregunta. No se, pero estamos ahí. A ver, decí algo. Ayudaaaa!!! Nadie los escucha.

El hombre cae pero nunca llega al suelo, donde está María. El del escritorio sigue enojado, pero esta vez sonríe, tiene un mensaje final. El abismo se abre. Alguien muere. Silencio. Un latido fulgurante interviene el imposible, las nubes se mueven, Martín y Juan están quietos, todos lloran en una sala de parto, alguien nace. Su destino está ahí, pasando, cayéndose, durmiéndose, inmovilizado, codificado. Nunca lo va a entender. Llora, como si fuera su condición natural, resignado, como si supiera, que está condenado.

-

-

Por chespi.



Fotografía: Martín Cometti

6 comentarios:

mabel casas dijo...

en principio, creo que la importancia que se le da al ruido en la priemra parte de diversos orígenes;impacta, como parte de ese golpeteo que no para donde la vida sigue entre seres anónimos
luego la individualidad desconocida de cada quién entre sí y las tragedias ocultas, que destronan la coherencia de los demás
y en un costado el escribiente fuera y dentro, encontrando un final
se lee como un tétrico zzaping de la vida, tan patético como el zzaping en TV
alguien tenía que escribir esa sensación líquida del hoy,lo lograste
cariñs

Anónimo dijo...

Que collagge de imagenes y sensaciones.. muy bien transmitidas..

RicardO dijo...

un zapping tal vez mas tetrico que lo necesario, de la vida. pero quien soy para criticar... bue opinar queda mejor.
tal vez la parte de la droga con un amigo, no adictos, y el nacimiento del bebe sea lo unico feliz de un zapping de la vida?tal vez se haria muy largo si vieras lo lindo de ella

Ayelen dijo...

cuánto hace que no pasaba por acá!
Qué cuelgue el mío con el tema del blog.
Coincido totalmente con la definición de "tétrico zzaping de la vida". Es una sucesión de imágenes muy directa.
me gustó la imagen de la mujer masturbándose en el mar, noséporqué.
(muy gracioso el comentario anterior aclarando, por las dudas, "no adictos", jajaj)

saludos

mabel casas dijo...

pasé pesando encontrar palabras recientes no leídas...pero vale releer y compartir comentarios,una forma de sentir que las miradas se juntan en un punto

pero lo mejor es en esta relectura oir y placer la música fantástica; olvidaba decirlo cada vez que entraba...hace que me quede un rato en este mundo conla voz...
cariños
mabel

Verònica dijo...

Asi es.. cada uno con su mundo interno y se sucede un mundo de infinidad de situaciones afuera... externo a nosotros, aunque quizas nos contemple la misma energia o el mismo di-os o la nada... en fin, aquello en lo que cada uno crea (o no). Què buen relato, tambien me gustò mucho lo de la mujer y el mar quizas porque me transmite paz y libertad a la vez,

beso,

Vero.