miércoles, 1 de abril de 2009

Qué soñará ella

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Anoche volví a la casona, esa que alberga esclavos, y me sentí raro. Sentirse raro, no es fácil, hay que darse cuenta de que uno no sabe bien como se siente. Es simplemente sentir algo que no se sabe, algo extraño, un hueco, vacío, que succiona.

Al despertarme la veo ahí acostada a mi lado, de costado, con las manos debajo de su cara, relamiéndose, -tal vez tenga sed. Que soñará? Cuando se despierte le voy a preguntar-, la beso y siento su olor, con eso le digo que se levante.

Me levanto de la cama, me despojo del deseo de seguir soñando, vuelvo al punto de partida y me preparo un café con leche con azúcar, para ella café frío, con edulcorante. Termino de hacerlo y ella ya esta de pie, mirándome en la puerta de la cocina, queriendo saber que hora es. Entonces le doy otro beso y le digo que el desayuno está listo, son las ocho de la mañana.

No hablamos, pero no porque no podamos, sino por mi culpa, soy intolerante a la mañana, no puedo emitir palabra, necesito pensar en silencio una hora por lo menos, esperar que el mundo se reacomode, mirar el noticiero sin saber que estoy viendo, leer una revista, o el diario de la misma forma. Todavía me siento raro por lo de la casona.

Entonces respiramos en silencio, mientras pensamos, y salimos a la calle, caminamos a la parada del colectivo, nos damos un beso, un abrazo. La veo irse y me voy hacia mi parada. Sigo pensando.

Subo al colectivo, me siento en una fila de cinco asientos, en el del medio, no se por qué, tal vez sea costumbre.

A mis costados, una estudiante de secundaria con el júmper corto, un hombre de traje, un albañil de la construcción, un pibe vestido de negro, roquero, rebelde, los “contrastes” piensa un amigo, las identidades asumidas. Hay una mujer que parece perdida, está como metida en un mundo aparte. Un viejo que está parado me mira, entonces le doy mi asiento, los de alrededor me miran como asintiendo mi buen gesto, no me importa. Pienso. -¿Que habrá soñado ella? No se lo pregunte, que imbécil, eso porque no hablo en la mañana-. Un hombre de buen discurso, con voz gruesa, gastada por la vida de mierda que lleva, ofrece lapiceras y mapas por dos pesos, y yo sigo preocupándome por la casona, qué ingenuo.

Cuando miro bien en las calles me doy cuenta, los hay por todos lados, del lado bueno y del malo, que molestan y que pasan desapercibidos, que se apegan a la rutina de la ciudad tanto mas que a su propio delirio. -Qué rutina la de la ciudad. Como no va a ser un loquero! Y como no van a habitar en mis sueños? Seguramente se juntan todos y forman un siniestro collage, de realidad, dura e insoportable, una bestia indomable-.

Alguien me saluda y sonríe, me río por primera vez en el día. –Por qué me río?-. Pregunto sin importarme qué hace. Me doy cuenta que registré algo de la tele, me ganaron, me inyectaron, entones comentamos nuestras opiniones sobre el terrorismo, los crímenes, los forros estafadores, los ladrones, pura mierda. -Lindos temas circulan en nuestra rutina, como no va a ser un loquero esto!-.

Mientras un académico explica un concepto que no me interesa pero que debo saber, pienso. -¿Qué habrá soñado ella? El episodio de la casona es cada vez mas incomprensible-. Los locos, los crímenes, los ladrones, la cara del hombre de voz gruesa, su piel estaba muy curtida, como la del albañil, la colegiala era muy linda, su júmper corto.

El día pasa, la ciudad me tiene agobiado, no veo la hora de llegar a mi casa, sentir su olor, hacer algunas anotaciones, preguntarle qué soñó anoche.

Siento su olor, y duermo con ella, pero no puedo saber que sueña. Su cuerpo comienza a desaparecer mientras cierro los ojos, y todavía puedo sentirla en la almohada, todavía le doy besos en la mañana, le preparo café frío con edulcorante, la veo irse en el colectivo que pasa, y me pregunto, -¿Adonde se irá? ¿Volverá algún día?-. Tal vez deba irme por la misma senda, a la casona donde solía llevarme para demostrarme lo lujuriosa que podía ser, lo malvada que era en realidad, lo perversa que fue alguna vez, siempre. Así tal vez se liberen mis esclavos, y deje esta locura por un rato.

Pero no, -eso de nada me servirá- me dice ella, que no está. -¿Cómo iba a estar?-.

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Por chespi

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cómo que no está!!.. donde se fue??.. Muy bello relato

Anónimo dijo...

Eso era, melancolia?.. Seguiré leyendo, a ver que se encuentra..


José Luis