sábado, 23 de mayo de 2009

Los delirios de Juan

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Juan ahora es escritor. A él no le gusta ese término para designarse, prefiere ser un cifrador. Se hace el boludo, quiere agarrar las cosas, deformarlas, y reacomodarlas en sentido inverso o contiguo, para dejar abierta una significación ambigua. Por eso puede parecer que es indiferente, pero no, él nada mas simboliza para defenderse, de todo lo que lo afecta.

Piensa en los poetas, le dice a María que son una especie rara. Son de considerar. Hacen hablar a los ojos, y nunca a la boca, que siempre calla lo que el alma quiere escupir. Las hojas de los árboles de otoño, para ellos, sufren. También las sábanas sienten la ausencia, y sus partes del cuerpo, las que se imprimen de sensación, son el blanco de los abandonos. Tremenda habilidad para desasirse, volcándose a los objetos que hay por ahí, al alcance de la mano y de la vista, y un poco mas, al alcance de la representación imaginaria. Tremenda intuición para decir las verdades, que otros teorizan. Ellos las dicen, como son, como las sienten, como las sufren. No filosofan para nada. Ese intento por descubrir como funcionan las cosas, ellos no lo hacen, porque de alguna forma lo saben, mejor dicho, lo perciben con claridad, en dos o tres líneas. –Y nadie los entiende María, casi nadie-.

Porque no hay que entenderlos, sino compenetrarse. Hay que tener la sensación de “un espejo que refleja pero no puede ver”. Y son tan particulares, que sus vivencias mismas, son a veces, de tinte poético.

-El poeta va a la plaza, camina solo, mira todo, y piensa en todo, y más. Iba a un encuentro, pero antes, se detenía en el camino diagonal que lleva al centro de la plaza, para tener una perspectiva alejada de lo que acontece alrededor de la fuente. Donde los niños andan en bicicleta, las madres los cuidan con cariño devorante, los abuelos dan comida a las palomas, los uniformados comienzan un romance efímero en un banco, con un transe, se levantan y caminan de la mano. Y ella lo espera sentada, formando parte del paisaje. El poeta siente todo, forma parte de todo, pero no es nada de eso- Juan es bastante descriptivo, pero no se conforma, quiere ir mas allá, mas adentro. Piensa en María, para rescatar algún retoño de lo que los poetas dicen.

-El poeta saluda, pero no dice mucho. Apenas hola, y mira. Observa las reacciones, las caras, los ojos que hablan, sin escuchar lo que dice la boca porque generalmente no importa. El poeta siente, en su estómago. Prende un cigarro y camina, esta vez con ella. Yendo hacia donde lleve el libre albedrío, le dibuja en el aire las composiciones de la naturaleza a ella. Que no lo entiende, pero le gusta tanto escucharlo, y tener esa incertidumbre, y la sensación de estar con alguien que va mas allá de cualquier boludez. Se ríe, ella se ríe mucho, y el poeta no sabe por qué-. Juan tal vez piensa en María, pero lo que viene a ser acá, no es María, ni lo que ella provoca. Tal vez sea todo a lo cual le remite ella. Él se quedó con ella, mucho tiempo atrás, cuando encontró tranquilidad en las noches, mientras se sentaba y le conversaba sobre la eternidad de los momentos, que ojalá pudiese congelar.

Un día me dijo, antes de sublevarse, cosa que califico como advertencia, que él no estaba loco. Y mucho menos era él, alguien que no pudiese sobrellevar cualquier situación. Yo no le creí, pero luego me di cuenta de que estaba equivocado, y tal vez él no tenga razón, pero yo tampoco la tengo. Así que ante a paradoja, decidí tomarlo en cuenta. También me dijo que a María, la valoraba, como lo que era.

-Los poetas no pueden entender las cosas más simples. Las más banales, automáticas, o fáciles. Están en otro registro, y el cómo del funcionamiento de algunas cosas se les hace incomprensible si no le encuentran analogía o metáfora con algún “mecanismo del alma”. Se la pasan tanto tiempo tratando de objetivar ocurrencias paranoicas, o de encontrar lo que se conserva en calidad de significante en las vidas de las personas. Eso que insiste por irrumpir en medio de la inercia, desestabilizando todo, arrojando cuerpos por los balcones, disparando armas al medio del cerebro, inyectando veneno, sobredosificando los estómagos, atando cuerdas al cuello. Eso que se siente todo el tiempo, y no se dice, mas que en sus composiciones, cuando subliman un intento de destrucción, generalmente ante la negativa y la impotencia de no poder todo. Siempre se preguntan por qué, pero es al pedo, porque no hay por qué-. Juan es tan habilidoso para manejar las imágenes que después de dibujar algo así, se queda casi vacío de contenido. Cuando le cuenta a María sobre como enlaza las boludeces mas importantes, ella se queda impactada.

-Porque después de todo, y hablo de todo María, de qué sufren los hombres? Mas que de una nada que se hace terriblemente caótica cuando se revela como lo que es. Hay una miseria vital María, que los poetas saben captar, ellos la pueden sentir, porque no han entrado en el juego vanidoso de creerse algo. Y tal vez por eso, le dan existencia a las cosas que en verdad lo merecen, como lo es por ejemplo el ensayo de un abrazo y un beso, repetitivo, en cada esquina, entre dos mitades de mundo, que nunca, nunca, va a ser una obra acabada. Un mundo imperfecto, que ellos, con tremenda habilidad, reconstruyen, y eso es siempre algo nuevo. Ahí María, ya no hay comprensión posible. Ahí ya vos y yo, nos perdimos en el medio. Podemos ver el final, y el principio, pero estamos perdidos en el medio, entre las imágenes y los caminos que no se siguen, sino que están ahí para ser desviados. Son la única especie que realmente transita ese intermedio confuso que es lo que han dado en llamar el alma. Lo que sigue una voluntad, que han dado en llamar deseo. Que se causa por algo fundamental, que es la ausencia. Cómo hacer algo tan bello de tanta incertidumbre? Bueno ahí los poetas se constituyen en una especie rara de dioses. Y pienso que los hombres que escribieron ese cuentito sensacional que no deja que nada se escape y somete a una culpa terrible, que funda un pecado insoportable, también, ellos, han creado entre tanta confusión. Y es admirable, realmente, que ordenen tan bien las cosas. Pero los poetas no ordenan nada-. Juan se somete al impulso de escribir en una línea recta, que no parece tener final. Juan está en el infinito devenir de lo que es causa y efecto de toda una cuestión. 

-Entonces les resulta difícil a los poetas entender como funciona una cajero automático, un calefón eléctrico, una maquina de hacer café, el traga monedas del colectivo, las cámaras digitales. O el simple y rutinario hecho que acontece en las calles cuando se contempla las esquinas, y se ve allí unos baldes con agua y detergente, una riñonera con monedas y faso, y en los baldes unos escurridores de vidrio que no se usan, sino que solo son pretexto para pedir metales redondos y chatos, para llena la riñonera, y comprar mas faso. Los poetas no lo entienden, no sienten lastima, ni se indignan, como el común de las gentes. Pero lo sufren, tal cual sufren las miserias de sus desamores o desencuentros, sufren las miserias de los pibes de la calle. Y no son tan distintos a ellos, que están condenados a no tener nada de lo que no son-. No hay duda de que Juan sabe lo que dice, nadie, ni María puede negárselo. Será el un poeta? No creo, si no le gusta ni siquiera ser escritor, pero tampoco es, como él quiere ser, un cifrador. Él es más bien, un de-cifrador aquí, y lo hace muy bien, y lo transmite sencillamente para que lo entiendan. Estoy seguro de que si quisiera nos podría regalar un código, hecho a su merced, un mundo maltratado a su fin. Pero eso no lo inquieta todavía, por ahora sólo se dedica a comunicar que, -Por mas habilidad que tengan los poetas para despojarse de sus sofocamientos, por mas intuición para decir la verdad sin darse cuenta, para sentir lo verdadero en las almas, no pueden entender ni explicar cómo es que alguien, sencillamente, no tiene para comer-. Seguro Juan tampoco lo sabe bien, y se lo dice a María, pero esto de los poetas es solo un recurso para hacerlo evidente. Aquél día que se me sublevó, me dijo claramente, -“los hombres son los ciegos”-. 

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Por chespi       

5 comentarios:

eMiLiA dijo...

Hola!

Gracias por pasar de visita y recordarme el mito de los humanos separados al nacer.
Alguna vez lo leí a eso y me pareció tierno. Hoy, años más tarde me parece una estupidez. No creo que nadie sea la mitad de nadie o alguna cosa por el estilo. Pero tengo un día muuuy alejado de la creencia de esas historias.
No sé.
Como sea, gracias de nuevo por la visita...

Saludos!

eMiLiA dijo...

Sii, la famosa media naranja. Nunca comprendí bien por qué se optó por ese cítrico. Debe tener un origen - como todo - pero lo desconozco.

Ah, en el fragor del exabrupto olvidé mencionar que me gustó mucho lo que leí por estos lados.

Te saludo nuevamente...

eMiLiA dijo...

Hmm, puede ser.
Haré entonces una campaña pro "medio limón", me resulta mucho más real que si existe una mitad sea al menos con ciertas amarguras según el uso que se le dé, jajaj.

Y lo de leer poetas es algo que hago diariamente... es un ejercicio de letras del que no puedo escapar.

Saludos!

eMiLiA dijo...

Ah, siempre olvido algo (memoria frágil) gracias por tu comentario en la entrada del 15 de mayo.

Esas palabras, sobre todas las cosas, son sinceras!

mabel casas dijo...

bien por juan y chespi!!

un juego real, unas divagancias que son parte del poeta el escribiente el mirador, el escuchador
el callador
y es cierto lo siente juan : se sufre por todo...se vive e algún modo en poesía..ya sea romántica o negra o protestadora
Y maría escucha.paciente ella...pacientes los que pueden ver a lo que se siente sin decirlo...claro a veces lo lineal atrae porque es una manera de vivir saneando

bueno veo que juan y maría , han dado mucho...llegará a decidir ser escritor Juan? o logrará ser un cifrador?
lo que elija será von vibra por que siente y duda,y hace falta dudar para ver por sí mismo
el final ...un gran golpe del escribiente..como explicarse por que el hambre???

mis cariños chespi, me gustó mucho