sábado, 16 de mayo de 2009

Los cuentos del abuelo... (EL Pombero)

Al viejo que está sentado tomando su vino de domingo, le llama la atención que ahora haya teléfono, eso “tecnológico que es tan práctico y rápido”. -Antes uno no podía avisar donde estaba, adonde iba o a que hora llegaría, llamando por teléfono-. Su memoria deteriorada, increíblemente grande, le recuerda la historia del “Taita”, hecho significativo que marcó la vida de una colonia entera hace años, en algún lugar de la región guaraní.

-El Taita era mi bisabuelo- sacando cuentas levanta la mirada hacia un horizonte de vida lejano.

-Era un hombre solitario, más bien callado. Aunque tuvo 19 hijos. Nunca fue de muchas palabras, sólo su mujer, “Doña Concepción”, le sabía hablador. Solo ella sabía lo que él tenía para decir-. Sacando la mirada del horizonte abre los ojos grandes, los ojos del miedo -lo mató el Pombero!- le dice al nieto que abre los ojos por reflejo.

Pora, Señor de la noche, la Luz Mala, una especie de duende que vive en los montes guaraníes, a ambos lados de la frontera, en el “monte negro” de América Latina. Ese impenetrable nido de monstruos y hechos inconocibles que se constituyen en los mitos.

Nadie habla de él, porque si lo hacen, aparece. Él escucha todo y es muy irascible. No le conviene a las gentes de por allá nombrarlo, porque ocurren cosas. Las hojas de la calle se “ponen de pie”, los perros ladran enfurecidos como si les provocara alguna rabia, hacia allí, donde no hay nadie, pero donde dicen que está él. Se lo puede ver muy de vez en cuando, si se mira por entre las orejas paradas de los perros.

-Y como lo mató?-

-Bien no se sabe, pero “Doña Conce” contó mas o menos como fue el tema.-

-Ella lo vió?-

-No, ella lo encontró en la puerta de la casa una mañana al Taita agonizando, y él le contó lo que le pasó antes de morirse-.

-Qué le pasó?-

-Bueno él una noche se había ido a cenar en la casa de uno de sus hijos, yendo por el camino que lleva a la Colonia, unos kilómetros antes de su casa, y se quedó hasta el anochecer. A eso de las nueve de la noche salió caminando hacia su casa, Doña Concepción lo estaría esperando. Había tomado caña después de la cena, y estaba un poco mareado, pero era habitual, siempre andaba así a esa hora de la noche. Entonces pensó cortar camino por un campo vecino, para no tardar tanto. Pero ese fue su error-.

Cuando lo hizo empezaron a caer ramas de eucalipto en su camino, como si alguien le impidiera el paso. Taita se enojó mucho, y empezó a putiarlo en guaraní, el idioma que habla él, el señor de la noche. Esquivaba las ramas y seguía caminando, puteando -“Añaracó peguaré!”- gritaba y esquivaba ramas al tiempo que la caña surtía efecto y lo hacía tambalear. Ramas cada vez más grandes, que lo hacían rodearlas y perder tiempo, cosa que lo hacía enojar mas todavía. Aunque él sabía que por ahí no debía pasar, estaba prohibido. Era el campo de los Martínez, quienes eran beneficiados con la guardia del Señor de la noche, a cambio de caña y cigarros poguazú.

-Era propiedad privada era, no se puede entrar a la casa de otro sin permiso, menos si le cuida el Pombe!... Pero estaba atrasado y tenia que cortar camino. Entonces -putiaba cada vez mas juerte y mas mal-.

Hasta que el Taita sintió que estaba caminando a cinco metros del suelo, pegó un grito fuerte por el susto, y cayó al suelo. Cuando se pudo levantar siguió caminando, muy asustado, y al instante estaba otra vez en el aire, cada vez mas alto, y otra vez se cayó. Y a la segunda vez comenzó a ser golpeado. –Y no lo podía ver Conce! No había nadie ahí, era él, era él!-. Le contó a su mujer antes de morir.

Y ahí se quedaba el Taita medio inconciente en el piso, todo golpeado. A cada rato se despertaba, volvía a caminar, y pasaba lo mismo, hasta que se quedó totalmente inconciente en el piso, sin poder levantarse, con varios huesos rotos, sangrando, agonizando. Pasó la noche y él se quedó tirado ahí, mientras las ramas le caían encima. -Me iba a enterrar Conce! Estaba desesperado!-.

Cuando amaneció pudo recobrar algo de conciencia y un poco menos de fuerza, trato de llegar hasta la casa, se arrastró un poco, caminó como pudo, y quedo totalmente rendido en la puerta de su casa. Donde lo encontró la esposa.

-Según contó Conce esa noche mientras dormía le escucho al Taita susurrarle al oído, le decía “Me duele Conce, ayudame”-. El viejo no logra soportar una lágrima fuerte, grande, que cae por las grietas del paisaje de antaño que se diagrama en su rostro, como un río de sudestada, recorre las áreas secas, haciendo brotar los recuerdos que se pierden en un pasado remoto, latentes pero nunca desaparecidos.

-Allá en la colonia, si vos te haces amigo de él, te va a cuidar bien la casa, la chacra, los animales- esa es la recompensa -pero siempre le tenés que dar lo que te pide, sino se enoja y te pega, o le hace mal a tu familia-. Esa es la ofrenda -ellos le habían dejado de dar caña y cigarros “poguazú” porque se le habían muerto unos animales-. Ese fue el pecado -entonces se enojó, y justo le agarró cuando pasaba por la chacra de Don Francisco, el quinto hijo de los Martínez, que siempre le dieron de todo. Y lo mató a golpes- esa es la culpa que hay que pagar. Don Taita murió, y la Colonia se escandalizó. Al pasar por allí todavía se puede ver las petaquitas de caña y los cigarros en las puertas de las casas.

Nunca nadie lo vió, solamente se sabe que está por ahí cuando se escucha un silbido cortante en medio de la noche, una señal, que viene desde el monte por el campo y anuncia la presencia de algo.

-Si el silbido se escucha fuerte, está lejos, si el silbido es débil, esta cerca, detrás tuyo-. Cuentan los de la Colonia los símbolismos de un miedo in-presente, acaso solamente el miedo mismo, necesario, que a veces se hace realidad en las historias, cumple su cometido, y hasta puede matar a los que no la respeten. 

El nieto corre a la calle a ganarse la atención de todos los del barrio, con la historia del Taita, que nadie cree, pero que siempre va a dar miedo a más de uno, cuando a la noche, se escucha un silbido, y no deja dormir.

-

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Por Chespi

6 comentarios:

*GEORGINA* dijo...

que buen paramo..
mis felicitaciones, pasare mas seguido por aqui.
un saludo cordial.
:D
Georgi-

Anónimo dijo...

Esos son los mitos de nuestro nordeste querido.. Los abuelos son los encargados del boca en boca que los hace persistir, como en tu historia por ejemplo... Muy bello todo.

Un saludo cordial

mabel casas dijo...

chespi

conocí otra versión del "Pomberito"(se les decía a las niñas que si se les acercaba, en el acto quedaban preñadas,claro que era imposible verlo pero si intuirlo)(una buena forma de cuidad la virginidad y de justificar el uso de la mujer y el abandono),se la contaron a mi hijo de preadolescente con tanta convicción de alguien que en el litoral nace con los mitos ,que no podía dejar de darle crédito.

perdón ahora vuelvo a tu cuento, me encantó como está narrado,busca en la adustez de las personas, en la necesidad de cubrirse ante los miedos y si vamos más lejos la inocencia de culpar al sistema, por que siempre es mejor dejar que se sienta miedo ante el mito
bueno me fui por las rams , o me habrá encontrado el pombero?

me gusta enserio,dado que para el pueblo guaraní como para otros tribus, la única manera de trascender sus formas de vida creencias y cultura es esta forma boca a bocay y por ende respetar su identidad y comprenderlos desde ahí
como en este cuento, descubrir como se le da u nombre a la muerte..y quizás ese dolor fuerte...??

mis cariños

Yani Mc Kerlie dijo...

Chespi me gustaron muchos tus historias que siento arraigadas en lo más hondo de nuestra tradición. Es bueno saber que de esta forma uno puede simular el boca en boca y así seguir compartiendo historias tan bellas a lo largo de los años.
Muy lindo el blog, que siempren existan cuentos que pujen por ser contados.
Saludos
Yani

Xaj dijo...

Esos tipos que no se van jamás, de los sesos de los vivos.

Saludos man.

Anónimo dijo...

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