sábado, 27 de junio de 2009

Lazos (sobre las boludeces mas importantes)

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-Hay veces que no distingo a las personas- pronunciaba el ser parlante.

-Son todas, la misma mierda instantánea. Hay veces que me confunden, con sus poses, sus muecas, sus gestos de indiferencia. Hay veces que me miran, pero no ven nada, ni yo veo en ellos, no tienen lugar ni nombre. No son más que imágenes que aparecen para desaparecer y no hay motivo de quererlas, si no son de elegir, si son todas iguales, la misma mierda instantánea, con distintos colores, olores, y formas- Sirve vino, fuma.

-Aunque suelen decir cosas, no dicen nada. Muchas veces, no saben ni qué decir. Si los atiendo es solo porque necesito algo de alimento, y si fuera tan fácil conseguirlo ni siquiera me tomaría el trabajo de escucharlos, ni de verlos-. Prende el porro, en una pausa que casi pierde su estandarte de pausa, siente, y piensa.

-No es que sea un cabron, pero es que son difíciles de aguantar!-. Y le pasa el faso a Juan, que no sabe qué decir. Vino a tomar algo a casa de su amigo, y consiguió mucho más que un rato de ocio. Pablo está como enojado, desintegrando un corcho de vino con los dedos. Sigue teniendo el impulso en el estómago, de escupir su bronca, desparramarla por el piso y la pared, pero aflora la barrera, se calla, y cambia la música, para acompañar un cambio de tema.

-Hablemos de algo-. Que lo haga olvidar quisiera decir Pablo. –Cómo te fue con la minita-. Juan sonríe y comienza a contar, como si a Pablo le interesara, toda la secuencia de los hechos sucedidos en una plaza del centro con una mina que conoció hace unos días en un bar. El lugar menos apto para enamorarse, de una bohemia enroscada que simula aires de liberal y pacífica, y que después va un consultorio y demuestra tener síntomas de vivir. No obstante mejor, que ir a la casa del señor con las puertas abiertas, sin duda, mucho mejor.

Al rato de terminar de contar, Pablo sonríe relajadamente, con la nuca reposada en el sofá. Juan ya está listo para entrar en su juego.

-Siempre terminas en el mismo lugar-. Reza la letra de una canción.

-Hoy leí una nota que decía que algunas personas se dan cuenta de la razón de haber vivido unos segundos antes de morir-. Sin mayores preocupaciones, Juan le tira una hoja en blanco a Pablo, que tiene toda la tinta por rebasar.

-No hay incurables. Cinco segundos antes de la muerte, dijo Almafuerte-. Pablo quiere decir amén, pero no le da la cara.

-Vos pensá nomás en ese instante. No en lo que pasa, ni en el cómo, sino en el cuándo... cuando te das cuenta que ya está, que ya te vas. Te morís. Que haces!? O sea te morís, eso haces, pero es como dice Borges en el Aleph, se te pasan todos los puntos de vista y ninguno a la vez, el mundo se te presenta en un segundo-.

-Será por eso la sonrisa de algunos difuntos?-. Dice Juan, ya precalentado, sirviendo mas vino, pensando en la comedia de Dante. -Vos te diste cuenta que el mundo nunca se planteo que sus habitantes quieren estar fuera de él en verdad? Quiero decir que la realidad nunca se planteó, que no es tan necesaria como realidad-. Mientras tanto la realidad circundante se va llenando de una nube de humo mezclado, melodías tibias de jazz, y una brisa que de vez en cuando penetra con olor a hollín. -La realidad tiene limites?-. Piensa Juan, queriendo zafarse de ella, pensando tal vez en volar.

-Si si, todo tiene un limite. El limite es "NADA"-.

-La imaginación se termina en la nada- Juan lo sabe, siempre trata de imaginar locuras, pero no le salen.

-Exacto, si vos queres pensar en todo, terminas en la nada, y te das cuenta que más de ahí no podes ir. En la nada termina todo, como nosotros, que aparecemos y desaparecemos. Nos convertimos en nada-

-Es complejo vivir, eso seguro no ja ja- ambos miran el televisor “prendido por que sí”, y una bailarina semidesnuda en algún club del caribe, agita su cuerpo.

-Es de lo más complejo, de lo más loco, todo comienza, cuando aparece el sonido del llanto, y una palabra. Y todo termina, cuando no hay más palabra-.

-Entonces no es tan complejo-. Juan quiere seguirle el hilo, que pende entre lo impensable, y lo mas absurdo. -El amor a veces no se puede expresar con palabras-. Juan anda medio enganchado por la bohemia.

-Por culpa de las palabras, que es nuestra virtud como especie, tenemos nuestros problemas. Al decir "amor" estas pronunciando palabra, al decir que no alcanzan las palabras, estas pronunciando palabras-. Con tono exaltado, al que le falta aire. -Si no hubiera palabra no podrías ni siquiera decir amor-. Esa era la verdad de Pablo, ensimismado, como si no importara, prende otro.

-Pero las palabras existen por las ideas, las ideas son la madre, de todo-. Juan, piensa en Platón, lo estudió en la escuela, desde entonces casi todo tiene sentido.

-Son al tiempo-. Pablo nunca se quedó con eso, a veces hasta no creyó en eso.

-Son una construcción-. Juan quiere entender.

-Lo primero de todo es el signo, el que dibujaron los cavernícolas en sus cuevas. A partir de ahí, hay una idea, nace la palabra, no podes separar una cosa de la otra. ¿Cuál esta primero? Ninguna. Son al tiempo. Por eso lo del huevo y la gallina es una pelotudez grandisima, que importa mucho por supuesto-.

-Y si-. Juan recibe casi como herencia una obra de arte, perfectamente armado, durito, ardiendo, empezado, amansado ya, se consume en su boca, como las palabras de Pablo van entrando en su cabeza.

-Y vos fijate que maravilloso el lenguaje que nos permite expresar tantas cosas y no hacemos como un tigre, que solo ruge, pero qué problema Juancito nos crea el lenguaje que no sabemos que decir a veces. O decimos cosas equivocadas. O peor aun… callamos- Y si, con ese discurso, quién no, y no solo Juan, van a pensar que Pablo es un genio, pero él no se la cree, se hace el que no.

-Si vos tuvieras que pensar un "principio". Como una "causa", en qué pensás Juan-.

-Es muy buena la pregunta y creo que no tiene respuesta precisa. La soledad es inquietante, es un problema enorme-.

-Ahí está una, la soledad, hasta un perro sabe que la soledad no es conveniente, pero cómo pudo, un casi animal, darse cuenta de eso y asociarse-.

-¿Existe respuesta a eso? No te la creo. Quizás esos últimos cinco segundos me den una sonrisa, cuando sepa el sentido-.

-Estas en lo certero, no hay respuesta. Cuando no la hay, se la inventa, y te voy a batir la posta-. Pablo se prepara, se sienta firme en el sofá, acomoda el faso en la mano izquierda, agarra el vaso con la derecha.

-Dale- Juan, espera un cataclismo.

-Todo comienzo, empieza por un acto-. Se miran, no se encuentran.

-Ajam. ¿Cuál?-

-Solo bastó con que el hombre, actuara. Qué hizo el hombre. Quién sabe qué carajo hizo el hombre-

-NADIE-. Juan va encontrando el camino, pero Pablo está adelante, tiene que alcanzarlo.

-Entonces se supone, se inventan mitos. Esos son los comienzos de la sociedad, las cosmogonías-. Al fin no era para tanto, piensa Juan, pero es cierto, piensa.

-Y si- dice porque no tiene otra cosa que decir.

-Esas son sus explicaciones- Pablo agita las manos, gesticula.

-El sentido de la vida son las respuestas?- no hay mas faso, pero queda vino, y un par de preguntas al azar.

-Las respuestas le dan sentido a la vida pero la vida no es puro sentido-

-Es verdad- Juan sirve, convida, sonríe, esto le parece una comedia delirante.

-El sentido es más bien algo que justifica eso que somos. Y qué somos Juan?-

-Nunca lo sabremos y por eso seguimos viviendo- Juan ya lo tenía medio fichado, entonces le daba ese tipo de respuestas.

-Nada, no somos nada.- Juan asiente, se le había escapado esa idea. -Vos por qué vivís?-

-Supongo que uno busca darle sentido a la vida y eso motiva, pero el principio fundamental no lo sabemos-

-Porque es Nada-. La idea de la nada ya les está haciendo eco demasiado fuerte, se sienten livianos, totalmente relajados en esa nada, que creen estar descubriendo.

-Vos decís que no hay tal fundamento? O que la nada es ese fundamento?-

-Es lo mismo. Quiero decir, en este transcurrir del tiempo, que es inmensamente infinito, qué representamos? Una millonésima parte de una milésima de segundo de un año luz? Imposible de representar-

-O sea nada- Juan estaba en el centro de gravedad.

-Exacto. La nada es el absoluto, el supremo, y ante la nada el hombre ha creado todo, porque la nada inquieta, carcome, exige, obliga, te incita a hacer algo, a crear una religión, una cosmogonia, y hasta te obliga a rezar Juan!. Ya lo dijeron todos los filósofos-

-Es cierto-. Juan mira el piso, demasiado tarde y largo tiempo para andar queriendo entender la nada. -Estas drogado boludo?- pregunta, se ríen mucho, y ni saben cómo llegaron hasta ahí.

-Hablemos de culos y tetas, ja ja ja- Opá la nde vino.

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Por Chespi

sábado, 20 de junio de 2009

Teorías absurdas (Líneas de colectivo y humanidad)

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Una línea de colectivos de una ciudad de hoy, hace un recorrido predeterminado, unas tantas veces por día. Tiene varios vehículos para ofrecer un buen servicio. Controla las rutas que otras líneas no controlan, cumple horarios que otras no, y lleva gente que otras no. Controla sus propios gastos, los sueldos para sus trabajadores, y hasta a sus trabajadores les controla los horarios a los que deben acomodar su vida.

Lo que no controla una línea de colectivos es a sus pasajeros. Al hacer su recorrido, sube gente de diversa índole, que va para lados diferentes, que sube en determinada calle, y baja en otra, sin que la línea por esto tenga que hacerse cargo o tenga un poder sobre el recorrido de la persona, excepto, claro está, sobre el recorrido entre tales y tales calles, por donde se demarca su recorrido. La línea ofrece un vehículo que transita todos los días el mismo camino, pero la gente que sube no lo hace todos los días, ni son siempre los mismos, ni van siempre al mismo lugar. Si bien los hay quienes suben todos los días o la mayoría de ellos para ir a su trabajo, a su colegio, su universidad, no lo hacen porque la línea se los imponga, sino porque su cotidianeidad los lleva a adoptar esa línea para lo que están obligados a hacer para otro fin. El colectivo se presenta nada mas que como un “medio de transporte”, para otra cosa. Las personas que lo usan, se pueden subir o bajar en cualquier momento, sin que la línea decida sobre eso. Sólo decide el colectivero, a veces, no dejar subir a alguien, porque no le conviene, porque la persona pueda ocasionar disturbios, pueda agredir a los demás pasajeros, o porque no se admiten animales en el transporte publico. Pero es muy poca la cantidad de decisión que tiene un colectivo sobre la gente que lo usa. Es así como se presenta en lo interior del hombre, la forma de manejar lo que le sucede.

Lo que le sucede es que hay algo que acontece todos los días, de distintas maneras. Y para eso que le acontece, tiene una o varias, líneas de colectivo que encausan los hechos. Pero nunca, el hombre puede manejar lo que acontece como de una manera nueva y diferente a lo acostumbrado. Sino sólo transportarlo con algún medio que posea. Así como la línea de colectivo no puede decidir por él, pero puede llevarlo a lo que quiere, o a veces, más o menos a donde quiere llegar. Es así que asiste todos los días a un montón diferente de pasajeros para sus líneas de transporte, y los lleva, para donde él sabe, para donde él conoce el camino, porque es mas fácil un camino ya conocido, y los pasajeros se van bajando donde quieren, o donde pueden quedarse.

Hay veces, que en los horarios picos, los colectivos se llenan, y el sistema no da abasto. Eso puede debilitar al colectivo, que tiene un motor para un determinado monto de gente, o incluso puede averiarlo, dejándolo inutilizado para su fin. Lo que significaría una imposibilidad de los pasajeros llegar a sus destinos. Y el conflicto se desata, los pasajeros se quejan, y reclaman. Cosa por lo demás muy justificada. Pero el colectivero, que no tiene la responsabilidad de que el colectivo no funcione, decide hacer otra cosa a veces, y cuando está colmada la capacidad, no sube mas pasajeros. Dejando a muchos inmovilizados, o llegando tarde a sus destinos. Lo que significa conflictos en otras esferas del sistema, porque al llegar tarde o no ir a donde deben asistir, dejan sin hacer sus tareas, sus contribuciones al buen funcionamiento del circuito, incluso pueden hacerlo colapsar o paralizarlo.

A veces el problema puede ser mayor, si en la ciudad hay movilizaciones de otros pasajeros en potencia que cortan las rutas del circuito, paralizando efectivamente todo el recorrido. En este caso el colectivero tiene a su cargo la decisión de desviarse para llegar al mismo fin, por otro camino, apenas desviado. Pero eso es en los colectivos.

El hombre es, una especie de trole bus, un medio de transporte que no puede desviarse de su recorrido, por estar sujeto a un cable que le da su energía para andar. Si lo hiciera, o pretendiera hacerlo, quedaría sin energía para seguir. Por eso cuando se equivoca, pierde el monto de energía necesaria, y queda hundido en un pozo depresivo, o mas bien, paralizado.

Para el trole bus basta con que la movilización o el corte de calle cese, o bien se movilice hacia otro punto, y así el circuito se reanuda. Pero en el hombre es diverso. Porque una vez perdida la energía, cuesta recuperarla. Es como si ante la parálisis, se oxidaran sus engranajes, y así le cueste mucho volver a circular. Se hace viejo, en medio de esa inmovilización. A no ser claro, que venga algún mecánico, y le aceite los engranajes. O bien, mucho mejor y mas propicio para su ego, una buena persona, que con sus palabras, pueda poner en movimiento toda la energía. Reintroduciendo la emoción, a veces con el simple hecho de dejar ver para sí, un mínimo de interés. Es así que nadie sabe cómo, pero a veces, el hombre se sobrepone de las angustias más terribles ocasionadas por los choques de intereses, y sigue adelante. Siguen andando, por inercia, con energía suficiente por un tiempo, hasta que en algún momento, algo ocurre, y termina el recorrido.

-Te llamó María-. Le dice una señora a su hijo, que está tirado en su cama, mirando la esquina de su habitación hace unas cuantas horas. El muchacho se levanta, y se dirige al teléfono.

El otro gran tema es el hecho de que los pasajeros tengan que ir a lugares muy difíciles de llegar, o muy lejanos. Y para eso, ellos no pueden controlar las líneas o los colectivos, guiándolos hacia donde quieren ir. El colectivo sigue su camino indefectiblemente. Así como la línea no controla a sus pasajeros, éstos no la controlan a ella. Pero algo pasa, el ser humano es muy ingenioso, muy creativo, entonces las combina. Y así va hasta determinada dirección en una línea, se baja, espera otra que viene cumpliendo con su recorrido habitual, se sube, y con eso llega hasta donde quería. O puede que la combinación se extienda mas todavía Pero esto le significa al pasajero, un gasto mayor, de dinero y de tiempo.

El ser humano es además un ser que paga el precio, con lo que tiene, o lo que puede. No lo hace sin quejarse ni rezongar, se lamenta mucho a veces tener que ir tan lejos, pero no lo puede evitar, tiene que hacerlo, porque si no tuviera que hacerlo, simplemente no se gastaría en hacerlo. Por qué “tiene” que hacerlo? Es un tema para otra ocasión, por ahora podemos decir, que alguien, o algo se lo demanda.

Con esto de la combinación puede que ocurra, por ese azar que envuelve las tramas cotidianas, que en algún punto de intersección entre las líneas combinadas, algo le pase al pasajero, y así pierda efectividad la combinación, y por ende no encuentre medio de llegar a fin. Siempre habrá medios alternos para hacerlo, eso si, siempre y cuando se tengan los recursos para usarlos. Así uno se tomará un taxi, si tiene plata, o si no le han robado lo que tenía. Incluso puede que no haya taxi, por lo tarde que es, o por la zona que se transite. La trama, es muy compleja.

Otras veces el destino no está tan lejos de donde una sola línea puede dejarlo, entonces el pasajero la usa para llegar donde le convenga, y desde ahí emprender el resto del camino a pie, o al trote liviano, si el reloj lo apura.

Gran importancia tiene lo que dictan las agujas del reloj, o sus cifras. Porque a veces pasa que el colectivo se topo con todos los semáforos en rojo, o se topo con un corte momentáneo, no llegando a tiempo para que el pasajero haga uso de él, obligándolo a tomar un medio alternativo, o impidiéndole llegar a tiempo, y si la cuestión requería de exactitud, el pasajero se verá frustrado en la realización de su fin.

Lo predeterminado se combina constantemente con el azar y lo indeterminado, a tal punto que es imposible saber de antemano si algo supuesto se concretará o no, cuando lo que acontece se da justamente en el mundo de los humanos. Que a pesar de estar condicionados en mucha cantidad por ese azar, se ven destinados a lo que les pasa. Y una vez que pasa, no podría haber sido de otra forma, que un piquete se haya dado y haya impedido llegar a tiempo, colmando la ultima oportunidad de hacer algo, dejándolo fuera de cualquier gratificación, frustrando todo, generando la angustia por no poder.

María le dice al muchacho que hace tiempo ha dejado de comportarse como debería. Que antes de seguir así, es mejor que cada uno siga su camino. El muchacho vuelve a su habitación, se acuesta, y mira el techo, por horas.

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Por Chespi

martes, 16 de junio de 2009

Planeamiento y ejecucion de una muerte III (la ejecucion)

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El gordo había hecho ya un buen trabajo, pero había algo, que por no salir en el momento debido, salió después, y como toda cosa que llega tarde, no sirve para nada.

–Por qué te querés matar boludo?-. Preguntó el negro.

Gordo se sintió conmovido, ante tal muestra de afecto. Y le explicó brevemente que no soportaba más el hecho de existir sin ningún sentido. –No tengo propósito- le decía, -además está todo jodido, la gente está cada vez mas loca, y no los aguanto mas. A nadie le importa un carajo que te pasa a vos, son todos unos egoístas, unos forros. Por un peso te pasan por encima-. La crítica social aumentaba, pero no era eso lo que el gordo quería decir. –Si no me mato, voy a matar a alguien, entendés-. Con eso pretendió dejar todo claro. Al negro no había que explicarle mucho las cosas, pero no podía evitar pensar que su amigo era uno más de los tantos reprimidos que se querían suicidar, de esos que abundan en las ciudades grandes y patéticas. Al final, su amigo terminó cayendo en el excedente del sistema. No lo convencía mucho esta justificación del suicidio. Pero parecía coherente, como un grito desesperado por dejar de vivir una farsa, típico, pero coherente.

-Te vas a preparar una nota suicida?- Gordo lo miró descolocado, no sabía qué poner en una nota suicida, no había pensado en ella, como si no quisiera dar a conocer motivos reales. El negro le buscó unos modelos en internet para que vea cómo se hacen. Encontraron algunas memorables, de gente famosa que terminó siendo descarte, como el gordo.

Ya estaba todo listo, el negro le entregó el veneno, se fumaron un faso para despedirse. Rieron, miraron televisión, y comieron una pizza especial. El gordo lo abrazó, y se fue.

Negro quedó sentado en el sofá, mirando la pared, pensó en salir corriendo. Se paraba, se sentaba, caminaba en círculos y en línea recta de ida y vuelta, se sentaba, se paraba, caminaba, fumaba, y comenzó a no poder aguantar el impulso de llorar. Al final de cuentas era un ser humano. –Qué hice? Para qué lo ayudé?- se autoreprochaba, -maté a mi amigo soy un hijo de puta, en lugar de ayudarlo- por un momento, se dio cuenta de lo que en realidad había hecho, sin saberlo, pero eso no era para ellos, que una vez se juraron nunca caer en el pateticismo de querer socorrerse para sacarse del pozo. –Del pozo nadie sale, es mejor quedarse ahí- fueron las palabras del gordo aquella vez. Palabras de un sabio, de un ingenioso mirador de lo que hay mas allá de tres metros a la redonda. Un egoísta que no podía soportar recibir ayuda de alguien más. Un aparente indiferente que se iba a suicidar, tal acto de un ego aumentado a la enésima potencia, que aún así tuvo el generoso gesto de pedir ayuda para su realización. A fin de cuentas, era un ser humano, y en algún punto los otros le requerían algún mínimo de respeto, y él los correspondía.

Gordo llega a su casa y encuentra la familia en el living, mirando el show de medianoche. Casi lo duda, pero se sienta un rato a observar el espectáculo, que no es el de la tele. Va a su cuarto, deja el veneno en el cajón de su mesita de luz, agarra una birome y escribe su nota, con mucha tranquilidad. Decidido a vengarse, derribando todo el propósito de no joder a nadie con su muerte

A la mañana la escena era típica, el gordo yacía acostado en su cama, con la aguja todavía clavada en el brazo, sobre la mesita de luz, el sobre. La madre gritó toda la mañana en llanto desconsolado, el padre quedó sin reacción, la hermana se desmayó. Pasado el mediodía ya habían preparado todo para el velatorio, y el negro se presentó en la casa, llorando. Fue recibido con gritos e insultos, fue golpeado por la madre, a la que le siguió el resto de la familia en un descargo de bronca. No entendía nada, pensó que el gordo les contó que él lo ayudó a preparar todo para suicidarse. Pero no, el motivo era muy otro, y nunca pensó estar tan desconcertado. Al volver a su departamento encontró entre sus cosas una nota del gordo, parecida a una que vieron en internet, que le decía que lo perdone, le agradecía todo lo hecho, y que había encontrado la mejor manera de que lo ayude. Ya le parecía al negro que la justificación que le dio el gordo no era buena. Su familia estaría muy ocupada odiándolo a él y así se olvidarían del asunto del suicidio enseguida. Además era la única forma de cobrarse el dolor que le había causado, sin darse cuenta, cuando de a poco fue haciendo imposible el hallazgo de algo que el gordo nunca iba a poder tener, y aun así lo buscaba. En eso, el gordo condenó a su amigo a la culpa, y a su familia al odio contra él.

En la nota que dejó en su mesita de luz para los padres decía, en pocas palabras, que su problema era un no ser, ni tener. Dentro del cajón, estaban todas las cartas de amor nunca declarado. Avisos sin importancia cuando nadie los ve. En el departamento ahora el negro yace en el suelo de su living, con una tuca en la mano, y una buena dosis del peor veneno en las venas.

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El destino no puede ser otro (que morirse) cuando no se puede sostener mas el deseo.

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Por Chespi

domingo, 14 de junio de 2009

Planeamiento y ejecucion de una muerte II (y algunos secretos de cajon)

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Al otro día el gordo comenzó la investigación. Y de entrada nomás, se metió en el cuarto de la hermana, y una vez ahí, consiguió que ella supiera que él estuvo metiéndose en sus cosas. Le escucho un par de cds, le leyó unos poemas melosos que tenia en el cajón de la mesita de luz, encontró cartas escritas nunca entregadas para personas que le sorprendió saber quienes eran. Le encontró preservativos entre la ropa –no es ninguna tonta había sido- pensaba mientras hurgaba. A las horas la hermana estalló en odio y se quejo con los padres. Ya estaba todo listo para que él se las agarre con ellos. Y cuando vinieron a recriminarle lo que había hecho, se puso en indiferente, simuló no escucharlos, se rió, y los puteó. Había pasado solo un día y ya estaba desatado el temporal. Pero no era suficiente, a los pocos días se les pasaría a todos, él lo sabía.

-No quería quedarme a comer en casa con el clima que hay- le explicaba al negro mientras que éste armaba uno y lo prendía, cuando la risa lo dejara por un rato. Pensaban cómo seguir, pero el gordo mas pensaba en si mismo, en su propia muerte, que era sin duda algo deseado, pero algo que no lo dejaba tranquilo, porque estaba decidido.

-Ahora tenés que buscar algo en tu vieja, algo fuerte- le decía el negro. Y eso hizo el gordo, entró en el cuarto de sus padres, buscó en los cajones, donde los padres suelen guardar sus puntos débiles. Se sorprendió de hallar cosas que imaginó. Descubrió que su madre tenía un amorío clandestino. Un amor de juventud que nunca fue, y que ahora disimulaba ser en donde no debía. Buscando que lo odien, el gordo comenzó a odiar a sus padres. Pero tenía buen material. Entonces desató la tormenta del siglo, cuando en la cena, tiró sobre la mesa el tema, preguntando quién era Alberto. El padre quedó shockeado, sin duda lo sabia, pero no lo dejaba ver. La madre se indignó fácilmente, y él siguió alimentando el temporal interrogando la moral de un matrimonio que ocultaba su fracaso. La hermana no podía creer que fuera tan cruel.

-Sos sarpado viejo eh-. Le decía el negro en medio de la escena que se repetía todas las noches. Los padres del gordo tenían una buena reputación que el gordo se encargaría de desmoronar, desparramando la verdad del supuesto armonioso matrimonio, no sin antes descubrir donde saciaba su padre el deseo que no le tenía a la madre. Y no estaba en la oficina, ni en las plazas donde las señoritas atienden a cincuenta pesos la hora. Estaba en la casa de la madre del negro, una viuda que se quedó con todo el dinero de su esposo y mandó su hijo a vivir sólo en un depto. Lo meditó por unos días, y decidió contárselo.

-Que loca mi vieja boludo!- Negro se sorprendió mucho, pero no hizo alboroto, para él su madre era una buena persona, libre, o “liberal”, como les gusta autoproclamarse a los padres que no saben como controlar sus retoños. –Así que somos como medio hermanos- reían los dos.

Gordo lo encaró al padre, que estaba indefenso en medio de un partido de fútbol de viernes a la noche, con picada y cerveza. La discusión fue terrible, y el padre le advirtió que le sacaría todos los gustos. A la noche, en la habitación el matrimonio debatiría sobre el tema, como un arroyo con cause predeterminado, desembocarían en la idea de un psicólogo para adolescentes.

-Ya está, todos me odian- Gordo repetía todos los días las peleas en la casa para acrecentar el odio. -Pero me pasa que ahora yo los odio más, y en lugar de matarme, quiero que se mueran ellos-.

-Bueno pero ese es otro plan, que nosotros no podemos llevar a cabo, porque no somos asesinos gordo-. Lo calmaba un poco el negro, que ya tenia casi todo resuelto.

(Ya casi)

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Por Chespi

sábado, 13 de junio de 2009

Planeamiento y ejecucion de una muerte (I)







Gordo pasó las últimas noches examinando detenidamente la opción. La conclusión era que no le quedaba otra, pero cómo hacerlo. Tal vez ellos, los otros, se horroricen al principio, y con el paso del tiempo se vayan olvidando. Pero cómo hacer para evitar el desastre.

Va a casa del negro, no su mejor amigo, sino el único. Lo encuentra armando uno, -hijo de puta parece que lo olés de lejos- lo recibe el negro.

-No seas boludo y ayudame-, dice el gordo, sacándole de la mano el armado, prendiéndolo, mirándolo fijo a los ojos, -me voy a matar- y le da una seca grande. Negro no sabe que decir, -vos no fumas mas-, como un padre a un hijo, y lo arrebata.

-Enserio boludo, pero me tenés que ayudar a que no se arme un lío, que mi familia no quede destrozada-. Negro no lo toma muy enserio, acaso porque no le gusta al hombre ser conciente de que va hacia la muerte, tarde o temprano, por azar o por determinación propia. Pero agarra la propuesta, y decide ayudar al gordo, como si fuera un juego, a preparar todo para su muerte.

No hay porqués, ni motivos, ni delirios sobre el tema, porque no hay pregunta. Eso los demoraría en algo sin importancia, y tienen trabajo que hacer. Primero elegir la forma de morir. Tiene que ser una forma rápida, tranquila, y sin hacer mucho lío. No tiene que quedar una imagen horrenda en la escena. Nadie tiene que darse cuenta enseguida. Y hay que elegir un día especial, que pueda disimular un poco el hecho.

-Vamos a conseguir algún veneno fuerte, que sea rápido, yo tengo un amigo que me lo puede conseguir-. Le dice el negro, que ya está pensando cómo hacer para que la familia del gordo no se desmorone cuando se muera. –Quedate tranquilo que yo me ocupo de todo. Pero tiene que ser serio esto, nada de boludear porque con los sentimientos de las personas no se jode-. Negro pasa el faso, y a comunicarle las ideas. Tiene que hacer que todos empiecen a pensar en la ausencia del gordo –a ver cómo reaccionan-. Primero lo mas fácil, la hermana, que es muy apegada a la familia. Ella puede ser un punto determinante, porque puede ser el centro de soporte. Hay que hacer que vea lo bueno que es el gordo. Que vaya rememorando las buenas acciones, desde el haber nacido, para ocupar la atención de los padres y desviarlos hacia otra cosa que no sea hacer de su hija la princesa del mundo. –Pero ojo que eso puede jugar en contra, porque si no estas mas, la atención vuelve a centrarse en ella, y puede volverla loca. Así se la pasaría el resto de su vida pensando en por qué no estas mas-. Pero es una opción, empezar por ella, a ver que pasa. –Cuanto tiempo tenemos?- le pregunta al gordo que está abstraído en otras cosas. Tienen poco tiempo, y es mejor, así las cosas tienen que ser más eficaces y bruscas, como todo buen y real cambio.

Después hay que pasar al padre, tipo jodido, la ley de la casa. Él tiene que empezar a pensar en como reacomodar la familia cuado le falte un integrante. Puede que ayude, si ve los beneficios de no tener que mantenerlo más al gordo. –“Una boca menos” dice siempre que te vas a comer a otro lado- lo jode, para traerlo de vuelta a la tierra.

Después la mamá, la mas difícil sin duda. Es una señora en su casa, sabe todo sobre todos, y está demasiado encariñada con el gordo. -Sería mas fácil si la que se muere es Andrea, que no se lleva tan bien con ella- dice el negro provocándole risa al gordo, que esta triadísimo en el piso mirando el cielo razzo.

-Ahí está! Tenemos que hacer que te odien. Conviene más, porque así van a desear tu muerte, como tu mamá desea a veces la muerte de Andrea-.

-Ya me odian, más o menos, dependerá de cada uno, pero ya me odian, lo siento en sus miradas, en sus palabras, cuando me hablan-.

-No seas gil, todo el mundo se odia, tu familia no es la excepción. El tema es hacer que deseen tu muerte en serio-.

Entonces ya tenían el material para conseguirlo. Ahora faltaba saber la forma, y ante las múltiples opciones, lo mejor sería, que el gordo empiece a investigar qué puntos personales de cada uno se podrían tocar para generar el odio mortífero. Prendieron el televisor y se olvidaron por un rato del asunto, había en la pantalla un espectáculo imposible de ignorar.

(De hecho, todavía no termina...)

Por Chespi

lunes, 8 de junio de 2009

Ciertos movimientos

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Últimamente no viajaba tan a menudo en colectivo. Entró, pasó la tarjeta con dificultad y se sentó en el medio contra la ventana como siempre. Si no encontraba el lugar que el quería no le importaba, el movimiento dentro de lo inmóvil seguía estando ahí.

Todo es tan naranja en la noche de la ciudad. Una ciudad en otoño, con sus hojas envueltas en esa pasta de las caidas, en un charco casi congelado que tanto le entretienen en el transcurso. En donde se imagina cayendo, inconsciente, en uno de esos charcos pastosos a causa de una buena borrachera, mezclada con alguna especie de infortunio. Típico de ciertas noches de movimiento, noches que no comprende mucho, pero sin basilar se entrega a ellas con decisión.

Encontró uno de esos charcos pastosos cuando paso por el parque, un parque frío con pocas luces, pero el colectivo iba más rápido que nunca y solo logro observarlo por unos segundos. Cuando la vista volvió a ser ciudad y casas, se quedo en el parque.

Mirando desde lejos esa gran estatua del león negro, repercutido por el tiempo. El tiempo de una ciudad que lo ignora completamente.

Se quedo observando fijamente su cara desde un plano oscuro, de lejos se escuchaban algunas bocinas casi imperceptibles, como si hubiera una especie de filtro sonoro y se hubiera colocado micrófonos para captar el silencio. Ese silencio de parque nocturno que es más fuerte que todo, pero muy difícil de captar.

Ahí estaba ese gran león negro, oxidado, olvidado e imponente. El lo observaba desde lejos cuando empezó a notar que se estaba desprendiendo de su base.

El gran león cayó fuerte contra las baldosas del parque y se quedo ahí, inmóvil.

Se asusto con el impacto, aunque lo había visto caer cuadro por cuadro, lentamente.

Miro hacia los costados, lejos iba una pareja caminando, bordeando el parque y no muy lejos de ahí pasaba un hombre en bicicleta con una campera tan grande que parecía que solo viajaba la campera.

Nadie se inmuto de lo que había sucedido, la ignorancia lo abarcaba todo.

El silencio volvió a sonar y el león quedo con su cara entre las baldosas, mientras las hojas ya se estaban apilando a su alrededor pareciendo ser las únicas que cobijan ciertos hechos de la noche.

Vuelve, alcanza a distinguir la zapatería y se dirige al fondo, toca el botón, se baja y enreda su cuello con una bufanda.

En casa habían preparado sopa, con eso el viaje terminaba.

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Por: Martin