domingo, 30 de agosto de 2009

Con secuencias

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Esteban se suspende en el aire mientras explota un estribillo en medio de un recital al aire libre y cuando toca el suelo, todo el gran juego de luces se apaga sin razón.

Miles de personas reclamando con insultos dejan atrás sus ideales de un mundo en comunión y un técnico viendo que ya no hay chances se olvida de su consola y prende un cigarrillo que se consume incomodo.

A no más de treinta kilómetros una camioneta japonesa se desplaza a toda velocidad por el largo de la represa hidroeléctrica que abastece a gran parte del país, llevando a dos operarios y a Daniel, que tiene quemaduras de primer grado en toda su cara.

Un rato antes con el pelo aun sin chamuscar, Daniel decide hacer su caminata habitual para chequear unos cuantos relojes y verificar que todo este en orden.

La semana pasada había llovido mucho en brasil y ahora las compuertas estaban abiertas al tope y las turbinas a todo dar.

El río desemboca violento y Daniel nota que una de las luces que deberían estar en verde esta en rojo. Con su potente linterna sumerge la mitad de su cuerpo en uno de estos grandes tableros alemanes y sin saber aun que andaba mal, roza con su linterna metálica un gran cable sin cobertura y el gran tablero le explota en la cara.

Esteban decepcionado por el apagón no se desanima y organiza rápidamente una cantata en un parque cercano. Hay unas veinte personas alrededor de un fuego improvisado, un par de guitarras y mucho alcohol. Los ideales de comunión resurgían entre los jóvenes.

Daniel moribundo y drogado naturalmente por la adrenalina logro llegar a la sala de mando abriendo las puertas a los gritos, mientras sus compañeros y amigos dejaban sin pensar ese partido de truco y lo metían en la camioneta directo a la sala médica.

En algún momento inoportuno del trayecto Daniel se pudo ver en el espejo retrovisor y el dolor fue acompañado por la bronca y luego el llanto.

A Esteban le pasan una tuca y acepta sin vacilar, fuma tres secas y se recuesta en el piso a sentirlo todo un poco mas, empieza a divagar entre sus pensamientos y sus sentidos ahora agudizados le hacen llegar a conclusiones de perfección.

Esteban siente en lo mas profundo que la tecnología lo aleja de lo esencial de su ser, arroja su celular a la mismísima y empieza a sonreír levemente. Se reincorpora al fogón y se queda escuchando la música con cara de “ahora todo tiene sentido”.

A Daniel lo llevan urgente al hospital de la ciudad, que con un grupo electrógeno puede seguir funcionando y lo vendan de la cintura para arriba, una inyección con anestesia local y ahí queda para el deleite de su inconsciente.

Esteban llega a su casa con el amanecer y ve la nota en la mesa…

- Papa tuvo un accidente en la represa, andate ya para el hospital -

Ahora en el bolsillo de Esteban un celular nuevo y en la represa linternas de caucho.

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Por Martin

viernes, 28 de agosto de 2009

"Del universo al mundo, en cinco letras"

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M, A, R, I, A. Cinco letras que nadie imaginaría que pudieran llegar a condicionar la vida de una persona como Pablo. Y a tal punto llegó el encarcelamiento, que todo, casi todo, lo que hacía o conocía, contenía esas letras.

No importaba que esas letras no tuvieran algún tipo de relación directa con su cotidianeidad, él le encontraría siempre alguna, incluso no importaba que no tuviera ni siquiera relación indirecta, él la inventaría. Estaba destinado a padecerlas, a esas letras que pronunció tan alegremente cuando la llamaba, tan melancólicamente cuando la invocaba en charlas de madrugada con alguna oreja de turno, tan inconscientemente en sus sueños, bajo el aspecto de otras mujeres, incluso de hombres.

Él se creía incapaz de ir en contra de su destino, el cual le decía constantemente que no se podría olvidar de ella ni cuando fuera a la panadería, cuando escuchara un disco, o leyera un libro, donde abundan las Marías que atormentan personajes siempre obsesivos. El caso de Pablo era más bien algo con tintes de locura, de paranoia, más que de obsesión. Iba al videoclub y encontraba películas con nombres de mujeres y lugares, que si bien no eran Maria, contenían las letras, cosa suficiente para que en el aire armara el nombre, terribles anagramas que no lo dejaban en paz, evocando su sentencia hasta en las tramas de los dramas y comedias que miraba con el pretexto de re-encontrar algún sentido a la vida. Ese sentido que no importa para nada cuando se lo tiene, y que se convierte en lo único anhelado cuando no está.

Tampoco tenía explicación, casi nada lo tenía en él, que estuviera tan fijado a ese destino de buscarla y encontrarla en todos los lugares donde no estaba. Porque había sido un encuentro para nada bello, el que había tenido con ella. Desde el principio jugó con él, se aprovechó de su bondad, de sus buenas intenciones, de sus ilusiones, de su amor, y le hizo mucho mal. Receta perfecta para mantener a alguien bajo el imperio de un yo, que sólo demostró crueldad. Receta perfecta para enamorar a un Pablo cualquiera. Para condenarlo a sufrir por todo lo que no le dió.

-Eso es el amor- me dice Juan, mi interlocutor verdadero, que de personaje, pasó a ser coautor de mis estupideces.

No estoy acá con el tema del amor. Lo que sucede es un perseguimiento, de alguien que ha caído víctima de una especie de maldición, verdadero padecimiento de alguien que no puede cortar la cadena que lo ata a esa roca tan pesada. Estamos acá con alguien con los tobillos sangrados Juan.

-Eso es el amor- me dice de nuevo, es muy insistente, lo cual es digno de percatarse, no suele insistir con mentiras.

Entonces, un día Pablo estaba mirando el cielo de noche, tenía un particular interés en la astronomía, pensaba que esas estrellas les dieron a miles de civilizaciones remotas los mensajes para descifrar el universo. Tantas cosas que por mucho tiempo no se quisieron ver, que se negaron con el pretexto de confiar en algún, o algunos cuantos dioses, que se hubieran encargado de todo en algún momento que nadie sabe cuándo, pero que decidieron desatar el infierno, la carrera infinita, la búsqueda eterna de la verdad que nunca hubo de ser encontrada, sino mas bien sólo buscada. Y de todas las constelaciones en el cielo oscuro, Pablo por alguna razón, que ya sabemos que es su condena, buscaba las Tres Marías. Al fin encontradas, les habló, les preguntó, como sus antepasados, pero no por el universo, ese infinito y solitario lugar en el cual estamos sin saber por qué. No, él no se interesaba en eso ahora, sino en María. Les preguntaba, se lo hacía a sí mismo en realidad, pero a través de las estrellas, más fácilmente, buscando respuestas en el cielo, como siempre ha sido que ha hecho el hombre, que por mucho tiempo, y aún hoy, no quiso y no quiere mirar hacia sí. Allí Pablo no esperaba que hubiera algún Dios, o alguna forma geométrica que le develara el sentido. Solamente estaban las Tres Marías, su condena, en tres luces, a más millones de años luz de él de lo que alguien pudiera medir. Tan lejos llegaba su destino, su condena.

Y tan lejos llegó que al cabo de un tiempo, ya no había ni recuerdo mental de la imagen de ella, tan cautivante, ni de su olor envenenante, ni de sus gestos de indiferencia. No había nada que pudiera remitir a un ser humano, como alguna vez fue María para él, sino sólo las cinco letras que abundaban en el mundo por doquier. Flotaban en el aire de la casa, de la calle, en las copas de los árboles, en las copas de vino de madrugadas interminables con alguna oreja de turno. Toda su percepción se limitó a recortar y resaltar las cinco letras. Desarrolló un pensamiento tan paranoico que llegó a concebir la idea de que las Marías eran la estirpe del mundo dedicada a desangrar las pasiones por donde anduviesen. Hasta la virgen María cayó bajo ese rótulo.

Al final, María había perdido todos los atributos de real, convirtiéndose en un conjunto de letras que perseguían a Pablo donde fuera que estuviera y lo que fuera que estuviera haciendo. En algún momento de arte, creó una teoría sobre esas cinco letras, basando el declive de la sociedad moderna en una causa única y elemental: María. Luego la extendió a causasión de otros artes, como la pintura, la música, el cine, la literatura, que él sabía de hace rato tenían una sola causa posible, y era la misma que llevaba al hombre a padecer y ponerle símbolo a todo lo que esas cinco letras producían.

Nadie sabe cómo, pero un día, por algún azar que alguien pueda pensar como casualidad, cosa que a Pablo no le engañaba más, si todo el azar era un terrible destino, se la encontró a María, la real, por la calle. Donde por supuesto ella estuvo siempre. Venía caminando con un hombre, el cual resultó ser su novio, y resultó llamarse Pablo. Hecho que terminó por corroborarle a nuestro Pablo que el destino era aun más grande de lo que él podía forjar. Y aunque fuera su delirio más lindo…

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Por Chespi

sábado, 22 de agosto de 2009

Las noches de rock con superman


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Un tipo bastante drogado y tambaleando abre la puerta de la casa, dejando lucir un aspecto demacrado. Barba desprolija, flaquez, sudor, ropa sucia, olor, pelo largo y despeinado. –Hoy hay festejo- me dice, y yo ya pienso en alguna buena forma de pasar el rato, cantando canciones de rock, con voz mejorada por el vino, fumarse unos buenos cigarros, y ser uno mismo entre millones. El pobre apenas se mantiene parado, hace varios días no come, ni se baña, pero eso no le importa, a él que cuando tiene un objetivo en mente hace que el resto de la realidad se suspenda.

-Te veo a la noche, llevá algo para tomar, hay choripanes- me dice y sale como vino, tambaleándose, subiéndose a las corridas a una bicicleta despintada, ruidosa, como él.

Enseguida me preparo, limpio mi guitarra, pienso en todas las mejores canciones que conozco y que quisiera que todos escuchen cantadas por mí. Improviso una selección de mi cancionero, me visto disfrazándome de rocker, tengo el pelo muy largo, eso me ayuda, y salgo a esperar el colectivo, para subir y que me miren raro. Pero soy muy ingenuo, no sé lo que me espera en esa fiesta, ni qué especie de personas más raras y locas son, que lo que yo pueda disimular ser. Viajo y voy cantando mentalmente, tengo todas las gesticulaciones típicas, muevo la cabeza, golpeteo mi pierna con la mano, mi cuerpo entero va con el ritmo en el alma.

Llego y todo parece estar muy tranquilo, sólo hay dos mujeres, y unos cuantos drogados tratando de hacer fuego de un pedazo de tronco. Qué tarados, son ridículos, pero me dan mucha risa, a todos hacen reír con sus torpezas. Yo me hago el loco, pero no tengo ni un gramo de sustancias ilegales en mi cuerpo, entonces me pongo de pie y me hago cargo. Busco ramas secas, las acomodo debajo, con un poco de papel, e inicio una humareda barrial, con lo que me gano el respeto de todos estos drogadictos que me alaban como si hubiera solucionado gran cosa. Luego de unos quince minutos, viene un tipo tambaleando entre la oscuridad del patio, tropieza y cae, golpeando la cara contra un tronco que sirve de asiento. Ni siente el dolor, se para, y ni sabe que tiene la cara ensangrentada, agarra uno de los chorizos con sus manos sucias, y lo parte. –Esto ya está- dice, porque él trabajaba en una parrilla y sabe de eso, él que apenas puede estar parado y no podía ni prender un pucho, él llama a todos a comer. Yo no interfiero, le doy toda la responsabilidad y me miro de reojo con las mujeres que no saben que hacen ahí, pero comen el chorizo crudo como si fuera un manjar, disimulando, para no hacer que los drogadictos se persigan.

Es la hora de comprar vino, yo ya tengo mi guitarra perfectamente afinada, llamo a las mujeres y al único rescatado que todavía no se fue de la realidad para sentarnos a cantar. El tipo que fue a mi casa a la tarde es el organizador de la vaca, tiene como medio kilo de monedas en la mano, agarra su bici destartalada, corre, apoya un pie en un pedal, dándole freno a la playera que tiene freno contra-pedal, sin percatarse, volando como un súper héroe por el patio, pasando por encima de unos escombros, va a aterrizar en la vereda, desde donde nos mira una vez incorporado, enseñando su mano, toda raspada, con todas las monedas. –No se me cayó ninguna loco- y todos festejan, yo sólo puedo reír para disimular estar a gusto. La verdad es que me inspira a decir “esto es cualquiera”, pero sé que la noche recién empieza, y que aún faltan muchas cosas estúpidas y absurdas por pasar. Entonces nos proponemos a cantar y tomar lo que queda de vino hasta que superman vuelva.

Escojo una muy buena canción, muy sentida, con una letra poética, rondando lo exagerado. Pero a nadie parece gustarle, todos quieren rock, y del pesado, me piden que toque algo de eso, de eso que hace ruido, que grita, y que a los drogadictos los hace entender, armar los rompecabezas de sus existencias en completo estado de inconciencia, con mucha bronca en el pecho. Entonces les doy el gusto, la mejor manera de empezar. Cuando el mundo no tiene respuestas, o se vuelve incomprensible, yo sigo acá, insoportablemente vivo. Reza la letra, todos mueven las manos y la cabeza, estamos haciendo un ruido tremendo a puro rock de protesta, y llega superman, con seis vinos bajo el brazo, a la vez que maneja la bicicleta destartalada. Sólo en esos estados es posible hacer terribles hazañas altruistas, en nombre del grupo de tarados que están ahí conmigo cantando que si desde un principio hubieran aprendido a ser unos animales, hoy tendrían instintos nobles, a cambio de sus penas.

La noche sigue así, entre el rock, el vino, las pastillas, los porros, las estupideces que hacen estos individuos, las dos mujeres que parecen estar enamoradas de mis cantos, y superman, que se vuelve a levantar, en busca de alguien, subiéndose a la bici pero esta vez bien, aunque sea solo al irse. Porque al volver trae consigo una mujer embarazada en el caño de la bicicleta destartalada a punto de partirse en dos, tirándose de la bici, dejándola seguir con el impulso y la embarazada en el caño, riéndose de la gran caída que sufre la pobre mujer que le grita que es un tarado desde el piso, con su panza de seis meses, casualmente la cantidad de vinos que se va a tomar, mientras él le dice que se vaya a cagar con la mano, y toma el descartable para hacerle un fondo.

Se acerca el amanecer y ya estamos repitiendo el repertorio, ya hay algunos que se durmieron, y otros que se fueron para no volver, yo sigo sobrio, pero no como antes. Me adentro en la casa y me dirijo a una pieza, con el único rescatado y una de las mujeres que seguía detrás de mí. Nos encerramos con un vino, y mientras ellos se fuman un porro les canto una de las mejores canciones del mundo. Justo cuando entra superman, rebotando por las paredes del pasillo, abriendo la puerta de un choque, con dos pasos y un tropiezo queda desplomado y rendido boca abajo en el colchón que está tirado en el suelo. Qué linda imagen de un quiebre. Yo sigo mi canción. Y él, se sienta con la cabeza floja, cual si fuere un pájaro muerto, no puede mantenerla erguida con el cuello, y canta conmigo. Hoy que no hay tiempo que perder, y todo anda a reloj, que se destruye sin razón, y la vida muere en un discurso, y alguien se encarga de encerrarte, y otro prepara el fin del mundo, y tan lejana queda la esencia, que sólo el hecho de encontrarte para mi, le da sentido, le da sentido a mi vida. Canta escupiendo espuma.

Yo se la canto a ella, que estará en algún lugar mas lujoso que el mío, tomando bebidas caras, sonriendo falsamente a gente que va a echar en cara de los demás todo lo que tienen, y no son. Los “hijos de”, que la llevan a pasear por las playas en camionetas, la invitan con tragos, la aturden con el pop y el ruido comercial que explota pibes ruidosos, inadaptados, compulsivos, como estos drogadictos que integran mi escena, mi escena bizarra en la que me rodeo de entes, para cantarle una canción a ella, y sentir que en algún lugar, ella piensa en mí, para saber que nunca vamos a poder compartir nada. Me gusta sentirlo y que nadie lo sepa.

Amanece en la casa de la lujuria, y los pocos que quedan se disponen a terminar de consumir las pastillas y el vino que todavía hay, entre los que está la única mujer que queda, la embarazada, tomando pastillas y vino hasta ahogarse. Pobre bebé, desde la panza condenado a la drogadicción. Superman me llama a los gritos desde el patio, quiere convidarme con el porro que acaba de prender, para mirar el amanecer. Le digo que no, y lo dejo solo, llorando, llorando de verdad. Me acuesto donde puedo, y empiezo a soñar.

Hace mucho calor, el sol acaba de iluminar la casa, el lío que dejó la noche, todos los descartables vacíos, y unos cuantos envases que no se reciclan duermen en los colchones desparramados por el living y la cocina. Agarro mi guitarra, tomo un vaso de leche y salgo caminando, la ciudad parece un horno, lo que ni siquiera hace falta, la gente sola se quema el cerebro cuando puede, sin necesidad del calor. Me siento muy mal, camino rápido para llegar a casa, lejos de todo eso a lo que me prometo nunca mas volver, como otras veces antes de que entrara superman a mi casa ayer.

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Por Chespi

miércoles, 19 de agosto de 2009

La formula de Sebastián

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Un lugar específico en la ciudad de donde Sebastián es oriundo.

Un lugar donde en específicos momentos el se permite ir.

Es en la costanera de su ciudad, que da al ancho Río Uruguay, donde por las noches las luces de la republica oriental dejan descansar los reflejos de sus luces.

Un atardecer de madrugada puede uno llegar a pensar.

Para que este momento se cumpla debe haber ciertas especificaciones en la formula.

Cuando sus amigos deciden ir a hacer la previa a la costanera es en donde se empiezan a entrelazar los elementos.

Para llegar al punto habitual de estadía en estas salidas, hay que atravesar el largo de la costanera. Deben ser unas veinticinco cuadras iluminadas en las que Sebastián solo en estado etílico se dispone en secreto a concluir su escape.

En el asiento trasero de algún auto, se recuesta boca arriba y mientras suena alguna distorsión generosa se dispone a observar las copas de los árboles desde la ventana.

Con leve velocidad el auto se va desplazando por este “cielopiso” formado por las hojas bicompuestas del Ibirá-pitá.

Una vez alejado de la vorágine de las costumbres costa-nocturnas de la juventud puede sentir que ha escapado de la realidad, aunque sea por un momento, es libre y solo con invertir los ángulos de la cotidianeidad de su cuerpo.

Algunas veces tiene suerte y este paisaje poco recorrido se mancha con la luz de alguna sirena policial y la luz artesanalmente colocada de alguna motito kamikaze.

Hacia el final del recorrido las copas se abren y dejan ver las nubes alumbradas. Luego viene la luna blanca, encegueciendo, sin dejar ver sus manchas. Detrás de la luna están los puntos brillosos estelares, quebrando la oscuridad y mas allá… esta Sebastián, acostado en la parte trasera de algún auto en leve movimiento, bordeando su costa, preguntándose lo que cualquier persona se pregunta cuando observa la realidad desde ángulos alternativos.

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Por Martin


sábado, 15 de agosto de 2009

"La imposibilidad de los sentimientos"

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-Escuchá esta canción, te la dedico a vos-.

-Otra vez?- ella, harta, por su incontinencia.

-Si- nunca pudo, y no podrá- porque nunca voy a querer dejar de darte todo, lo que no tengo, y que vos no me das, ni me aceptas-.

-Es que no puedo, así como así. Tenés que provocarme algo más, y no lo haces. No porque no quieras, sé que lo deseas-.

-Y qué hace falta?-

-No sé, que haya química-.

-Pff, la química te hace tener hambre, o te hace transpirar. Lo que yo quiero es conquistar tu alma, y está mucho más allá de eso-.

-Te equivocas, la química hace latir fuerte al corazón. Y eso me falta-.

El solía meter todo tipo de sustancias a su cuerpo, mientras trataba de que su corazón no le diese los avisos de que algo andaba atropellándolo. Ignorarlos, era lo que él quería. Se vistió, y salió a caminar, a ver si encontraba algo por la calle. Qué andaba buscando, él no lo sabía, pero de que algo encontraría, estaba seguro.

-Esto te hace volar- le dijo el hombre parado en la plaza. Y ya que venía así, no le vendría mal. Entonces voló… aterrizó en un sofá, con mucha sed.

Sobrepasando las barreras de sonidos e imágenes, en un eterno segundo.

-Dejame que te diga lo que pasa cuando escucho esa canción. Siento que la canto yo, tan perfectamente como lo hacen esos músicos. Y pienso que estamos en un lugar muy solitario, y que lo único que hay es esa canción, y vos ahí escuchándola, y yo cantándola, tan perfectamente como lo hacen esos músicos. Cada nota y frase, es como si vos las entendieras, y sintieras lo mismo que yo. Pero no es así no? Se que no es así, pero me gusta fantasear con que sea así-.

-No sigas, me haces querer quererte cada vez más, y es cada vez más la angustia que me da no poder hacerlo-.

-Por qué no podés hacerlo. Ah ya sé, la química no? Si no fuera por ella, tu alma sería mía-.

-Creeme, no necesitas problemas como yo, no me necesitas como crees-.

-Pero, y eso que pasó? Qué fue?-.

-No se, ni yo se qué quiero, como hacértelo saber a vos?-

-Qué tortura-.

Tírenle una soga que ya se está sintiendo solo, muéstrenle la ventana que no encuentra por donde mirar. Síganlo por dentro y van a ver que no hay. Empujenlo que no puede caminar. Ayúdenlo que ya se esta sintiendo como un ahogado… tírenle una soga ya… díganle algo que no sabe mas que pensar…

-No entiendo para qué te haces tanto drama, si al final de cuentas somos una historia más, de las que abundan. Un cuentito mas, en donde la persona perfecta para vos, no puede quererte. Donde nuestro autor, quiere que seamos infelices, insatisfechos, pero interesantes-. El no entendió. Cómo era posible. Y si fuera así, cómo ella se daba cuenta de eso. Le acababa de dar un gesto que lo conmovió.

-Pero eso es algo sobrenatural, o algo por el estilo, cómo puede ser?-

-Ya nada es natural desde que estamos acá-.

El estaba dispuesto a aceptarlo, a asumir que todo lo que siempre creyó ser tan real como el amor que sentía, no era tan así como lo pensaba. Pero a costa de una condición, -Está bien, yo ahora voy a crear mi propia realidad- le dijo.

Extrajo fragmentos de canciones, cuadros, películas y de libros, todo cuanto se puede decir del mundo y su realidad. Todo repetía por debajo, como si se deslizara constantemente y en paralelo a lo que él creaba, un conjunto de letras.

-Mirá, mirá que lindo es esto ahora. Ahora no importa tu química, ahora tu alma reboza en todas las cosas que nos rodean, todo, todo porque yo lo quiero así-. Ella enseguida advirtió que había algo ahí, en ese mundo descrito por él, que era inevitablemente querible.

Es algo que persigue siempre adentro, como una patrulla interior… amenaza siempre… todo el tiempo, todo el día, todos los días.

Todos los días él se encargaba de seguir aggiornándolo, a ese mundo, retoño de su alma, que pretendía unirse con ella. Y para eso inventó un lago, el más tranquilo y hermoso lago que un mundo pueda tener, como punto de encuentro. Buscó frases en las hojas, para soltarlas por el aire calido que portaba aroma de tierra, de agua, y de naturaleza muda, testigo de lo sobrenatural.

Ella no fue. Y él convirtió la escena en una triste tarde melancólica, se sirvió de los mismos atributos que hubiera tenido la tarde celestial, donde se hubiera cumplido su ilusión, esa que nunca dejó de ser nada más que eso para el mundo real, que necesita de la química, de la materia, de la carne, de la sensación, del tacto, para hacer posibles las cosas.

-Vos podés tener todas esas cosas, hermosas por cierto, pero en algún momento te vas a dar cuenta. El amor, la ensoñación, tus palabras, tu deseo, sin un cuerpo para abrazar, para tocar, para hablarle, para mirarlo, no son nada-.

-Pero es verdadero-

-Ya lo sé, pero ese amor verdadero -que no admite realidad- es una ilusión, que engaña con promesas, que nunca son hechas, por quienes no son lo que querrías que fueran. Esa gran ilusión es la que te persigue siempre adentro- a todo intento de hacerse valer en un rapto efímero de realidad. Pero ella gana, porque si algún día no estuviera, no habría mundo posible. Al final, sin eso, de qué valdría el cuerpo.

-Necesito un cuerpo que sienta- pensó y volvió a la calle, para ver si podía, y sí que pudo, que antes de darse cuenta, su cuerpo temblaba, compulsivamente, por estar desnudo. –Qué hace esto- le preguntó al hombre que lo acompañaba. Y cuando esperaba alguna respuesta sobre algún efecto de la química, el hombre en cambio le dió una verdad grávida, - te llena el vacío- le dijo mirándolo en una mezcla de compasión y lástima. La conjunción perfecta de sensaciones para una resignación, a un vuelo que no tiene donde terminar. Esa imposibilidad era la causa de su mundo.

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Por Chespi

domingo, 9 de agosto de 2009

Accidentes


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Ruido constante en el ambiente, ecosistema evolutivo, sobrecargado, millones de elementos materiales, inmateriales, ruido de maquinas, motores, el lenguaje hablado, los pasos de cientos de personas, y la naturaleza invadida que se expresa en el ruido de las hojas de los árboles que crepitan, y los pájaros que aun albergan allí, en la plaza donde están algunos árboles, y están Pablo y el psicólogo, debajo de ellos, en un banco, sentados.

-El otro día estaba llegando a la sala de ensayo, cuando sale María, y me cruza sin hablarme, como queriendo esquivarme a mi y a mi mirada, la tomo del brazo, y se sacude, me dice de todo mientras se va-.

-Qué te dice?-

-No puedo creer que seas tan egoísta-. Pablo prende un cigarro.

-Los actos y sus consecuencias- le dice el otro. -Mirá Pablo, cuando uno hace algo, está haciendo mucho mas que eso que hace, está desatando una serie de eventos en cadena que van a tener no uno, sino varios efectos, en las demás personas, porque, vivimos conectados, de alguna forma. Así que decime, qué fue lo que hiciste para que ella te diga eso-. El psicólogo no puede dejar de hablar técnicamente ni aun cuando esta con un amigo en una plaza

-Nada, simplemente me encargué de hacer las ediciones del repertorio para el show, y creo que se enojó porque puse su obra en el medio, y no al principio, como ella había querido. Pero lo hice pensando en la estética del show, no en mí, porque ni siquiera puse de introducción una obra mía, sino una de Felipe-.

-Eso francamente no importa, porque ella ya tiene una idea en la cabeza de que vos serás un egoísta, o por lo menos más de la cuenta, más que las otras personas. Las cosas suceden por accidente Pablo, no porque ella quiera, o porque vos seas deliberadamente un egoísta. Ella debe tener una serie de accidentes en su memoria, que le hacen formatear los sucesos actuales de acuerdo a la serie que está en su cabeza-.

-Accidentes?-.

-Claro, dos o más cosas que colisionan en algún punto, en cualquier plano de la realidad-.

-Qué es eso, una teoría?-.

-Si, la mía-.

-La tuya?-.

-Sí. Mejor dicho, mi forma de pensar las cosas. Es decir, si vos no hubieras sufrido una serie de accidentes, no hubieras terminado siendo músico, ni siendo Pablo, ni conociendo a María, ni hablando conmigo. Ni siquiera hubieras nacido si no hubiera sido por un accidente. Me entendés?-.

-Claro-.

-Toda esta gente a nuestro alrededor es efecto de una gran accidente, que si lo llevas a sus ultimas causas, terminas en el infinito, e imposible de resolver, problema de la existencia, el mas grande accidente de todos los tiempos-.

-Habría que retroceder muchos años para ver la serie de accidentes que dieron por resultado, por ejemplo, mi vida-.

-Exacto, los accidentes, que son las causas, y sus efectos, que siguen siendo causa de otros efectos posteriores de accidentes, por siglos y siglos. Vos y María ahora podrían ser un accidente, que tendrá por resultado, dentro de un par de generaciones, o mas, cosas que no te podés imaginar-.

-Es re loco. Tuve un sueño el otro día-. Y el psicólogo lo interrumpe con la mano, haciéndole “stop”, mientras prende un cigarro.

-Pará, primero vayamos a lo actual, contame más-.

-No hay mas, ahí quedó todo, y desde ese día no aparece a ensayar, ni me contesta el teléfono-.

-Bueno, pero vos estás tratando de hacerte cargo de la cuestión-.

-No, o sea, capaz que si, pero, no se. Quiero decir, está bien, que uno se tenga que hacer cargo de sus actos y las consecuencias, pero por qué tengo que hacerme cargo de los actos de otros? Eso me molesta mucho, porque, si a ella sus experiencias le hicieron pensar, que uno al cambiar una programación está siendo egoísta, por qué tengo que sufrir yo las consecuencias? Eso está mal, obviamente, no va-.

-Ese es el problema con la encadenación de sucesos. Los resultados son largos, duraderos, y el resto de los accidentes tienen que soportar esa causa. Cuando vos naciste, tuviste que soportar todos los accidentes que sufrieron tus viejos en su vida, así como ellos lo de sus familias, y así sucesivamente. No es fácil, pero tenés que encontrar la forma de que pase algo, otra cosa, para que se vuelvan a encontrar-.

-Cómo hago?-. y el psicólogo se levanta del banco, ante la mirada desesperada de Pablo, pasa saludar al médico, que está pasando por la plaza y los ve.

-Qué hacen muchachos!-. Saluda el médico, y Pablo vuelve a la realidad para darle un abrazo y un beso. Conversan sobre cotidianidades, como qué hacían por ahí, adonde iba el médico, de dónde venía, qué hacía, cómo le iba.

-Se dieron una reunión en secreto eh!- Bromea el médico –interrumpo la sesión de terapia? Ja ja ja-.

-No, nos encontramos en el bar, por accidente, en el almuerzo- lo mira a Pablo al pronunciar la palabra “accidente” -y vinimos para acá a pasar el tiempo-. Aclara el psicólogo.

-Bue che, los dejo porque ando a las corridas-. Y se vuelve a perder entre la gente. El psicólogo y el músico se sientan de nuevo, y se abre un “dos puntos” con la expresión del psicólogo que está por decir algo.

-El jueves nos van a cargar porque él nos vió acá, y va a ser motivo de risa, y de broma indirecta, sólo porque su rutina lo llevó a pasar por donde estamos sentados. Accidentes Pablo, ACCIDENTES-.

Ambos quedan mirando, pensativos en nada, y sin observar, el inmenso espectáculo que sucede en la calle, en la plaza, los pájaros, las damas, las suculentas tierras lejanas que pasan por la vereda y se llevan una masa de daños colaterales de sus accidentales desamores y desencuentros, los viejos nostálgicos y enojados, los oficinistas apurados mirando sus relojes sin que se les afloje la corbata ni se les manche el saco, los niños hipnotizados por las vidrieras, las adolescentes idolatrando al icono de turno, los edificios, los obreros levantando mas edificios, y un auto chocando contra otro.

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Por Chespi

sábado, 1 de agosto de 2009

Sexo, amor y muerte... entre tabaco y café


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Otro día cualquiera, emergió del montón, este grupo individuos, para sentarse, en Mendoza y Roca, con olor a café y papas fritas en el pelo, la ropa, las manos.

-Ahh, el olor de la ciudad-. Dice el psicólogo después de saludar a todos. –Pablito venía caminando por Mendoza, re perdido, extraviado parecía-.

-Ese tipo no se como hace para funcionar, siempre tarde a todo-. Y el médico así hace reír.

Un cortado, un agua sin gas, dos gaseosas dietéticas.

-Para Pablo?- pregunta el medico

-Cerveeeza!- dicen al unísono.

Dos ceniceros.

-Aunque no lo creas tiene una lucidez increíble. Pero pasa que con las cosas automáticas, no anda bien, porque las piensa demasiado. Viste que nunca se equivoca? Además, todos sabemos que está perdido en su sublimación, que por lo demás es hermosa-. Aclara el psicólogo.

-Es un loco lindo, se podría decir?-

-Pero claaaro, no jode a nadie! Además no está loco-.

-Vos estas loco eh- acusa el comerciante con su sentido común –con todas esas cosas raras de las que hablas. Qué era lo que me contabas la otra vez? Que decía Lacan sobre el amor-.

-Que es un suicidio- sonríe el psicólogo, revolviendo su café.

-Eso ves!, es una locura-. Terco el comerciante

-Si entendieras a qué se refiere no-.

-Y a qué se refiere-.

-A que uno cuando se enamora sacrifica su propia “personalidad” por decir así fácilmente, para con la otra persona. Se somete a condiciones, se debilita por cumplirlas, resigna sus propios intereses. Lo cual está bien que pase, porque sino fuera así no estaríamos ni aquí hablando. Eso que uno mata es algo que se llama, el “Narcisismo”-.

-Nazisismo?- ya lo miraba con cara de preocupado el comerciante, pensando en qué sabe qué tendencias racistas que tendría la psicología.

-No, Narcisismo- ríe -viene del mito de Narciso, que se enamora de si mismo, y se muere. En el amor, uno se enamora de la imagen de otro, que es en realidad la imagen de uno mismo, y entonces el Narciso en cada uno de nosotros, se muere-.

-Cómo que es la imagen de uno mismo?-.

-Porque se elige a la persona que se ama, por una identificación, con uno mismo-.

-Qué loco-. Y da por terminado el tema el comerciante.

Llega pablo, y no los encuentra, hasta que ve una mano extendida. Ve un signo. Al acercarse y saludar escucha –En el sexo por ejemplo, se experimenta como una suerte de muerte, porque es un ir directo hacia la muerte de nuestros espermatozoides, que quieren vivir, ser un humano mas!. Incluso hay animales que al reproducirse se mueren- Y abre los ojos como una lechuza, -A la mieeeeerrr!-. Exclama, todos ríen.

-Vení sentate Pablito, estamos hablando de morirse cogiendo-.

-Ehh, para tanto?. Que están tomando? Ja ja ja-.

-Ahí está tu cerveza-.

-Cómo sabían que tenia muchas ganas de tomar una cerveza?-.

-Siempre tenés ganas de tomar una cerveza-.

-Che pero siempre se puede coger sin amor, lo que nos salvaría de morirnos-. Dice el médico, que habría quedado ahondado en la cuestión del suicidio amoroso.

-Que hijo de puta sos-. Le dice el comerciante, que es muy religioso.

-Por qué? Es la pura verdad. Nosotros los hombres estamos hechos para coger también, no solo para enamorarnos-.

-Yo nunca me enamoré-. Dice el músico, y por supuesto, todos ríen a carcajadas.

-Díganme si el sexo no es algo magistral. Es como no se qué, que qué se yo-. Y todos lo miran con cara de no saber de qué habla al ingeniero, que se acaba de desatar.

-Vieron? Es eso sobre lo que no se puede “decir”. Eso imposible de explicar, como con la muerte-. Prosigue en su explicación el psicólogo, que está ensalzado.

-Puede ser -dice el medico- pero nada como el buen sexo. Es algo saludable aparte, te ejercita, libera sustancias químicas que relajan-.

-Pero claro- responde enseguida el psicólogo- lo malo es hacerse problema por el tipo de amor que puede haber con la persona con la que se tiene sexo-.

-Y si no hay amor?-. se intriga el músico.

-Pues no hay sexo-. Sentencia la verdad el psicólogo –siempre hay en juego algún tipo de amor, con alguien mas tal vez, no con la persona que te estás cogiendo capaz, aunque sea para con uno mismo, al momento del sexo, y de cualquier tipo eh!-.

-A mi me gusta el oral-. Como sin sonrojarse el músico.

-Nuestro primer amor fue el oral!- aclara siempre el psicólogo, poniéndole nombre a todo lo que se dice y pasa en los otros..

-Pablito parece que nunca pudo dejar el biberón-. Le dice en chiste el comerciante al músico. Todos fuman desaforadamente, y afuera hace calor. Hay mucho bullicio, mas de lo normal. En el televisor del bar, hay un hombre encadenado al mástil de la plaza. El dueño del bar tira el diario sobre la barra y hecha por el aire su bronca -Hay que meterlos presos a todos los locos esos que andan dando vueltas, molestan nomá! Mirá, éstas si son cosas dignas, una marcha pidiendo justicia por el asesinato de…- (un tipo bueno con mala suerte), agarrando nuevamente su diario, se apaga.

-El tipo quiere que le devuelvan su tiempo?-. Pregunta el comerciante, indignado, contagiado del viejo que leía el diario, queriendo ignorar algo que no compartía para nada.

-Es un reclamo justo-. Dice el médico dispuesto a discutir con quien sea.

-Más bien justificado-. Aclara el psicólogo.

-Vos deberías encadenarte a la estatua de San Martín y reclamar amor Pablito-. Ahora el verdugo era el psicólogo, y la víctima de turno, seguía siendo el músico, que sin prestar atención a los comentarios en su contra, relata.

-El otro día una mina me esperó a la salida del teatro donde tocábamos con la banda, me la llevé a casa. Tuvimos tan buen sexo que no lo podía creer. Estaba endemoniada la mina, se movía tan fuerte que la cama se arrastraba, y yo abajo soportando con todas mis fuerzas la batalla, dando pelea, pero hasta ahí nomás. Parecía que se iba a partir al medio la cama! Cuando se me vino abajo casi me muero como si fuera una caníbal se comió mi pedazo de humanidad- alrededor de ellos, varios solitarios, o pares de individuos, sienten algo de asco, pero no pueden evitar querer oír lo que sobre las suciedades de la relación sexual dicen estos tipos ahí sentados.

-Otro café por favor!-.

-Y toda esa agresividad, no me excitaba para nada. Me estaba rindiendo ya, cuando se me vino para atrás y me lambeteó el culo-. Las caras de sus amigos estaban desfiguradas, garabateando unas sonrisas exageradas. Los oídos de los del entorno, estaban conmovidos, y sus mentes, algo perversas. Una mujer de oficina, fuma con ganas, el psicólogo la mira, pensando en el sexo oral.

-No no no, fue increíble, porque ahí me puse como un faro, y la destrocé-.

-Y la cama no se rompió?-.

-Hace un ruido terrible ahora. Pero lo mejor de todo fue cuando terminamos, y acostados en la pobre camita, nos acariciamos un poco, los dos temblábamos, no podíamos meter el pucho en la boca por el temblequeo-.

-Se quedó a dormir?-.

-Sí, y mirá que a mi la mayoría de las veces me dan ganas de que se conviertan en pizza automáticamente las minas. Pero esta vez no sé, era como si mi mano no pudiera dejar de acariciarla, y por cada centímetro que recorría mi dedo se erizaba la piel como una reacción alérgica.

-Eso es amor Rodolfo?- pregunta el ingeniero, y el psicólogo, levantando las cejas –eso es amor creciente. La volviste a ver?-.

-No, tengo miedo de enamorarme-. Risa general.

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Por Chespi