sábado, 22 de agosto de 2009

Las noches de rock con superman


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Un tipo bastante drogado y tambaleando abre la puerta de la casa, dejando lucir un aspecto demacrado. Barba desprolija, flaquez, sudor, ropa sucia, olor, pelo largo y despeinado. –Hoy hay festejo- me dice, y yo ya pienso en alguna buena forma de pasar el rato, cantando canciones de rock, con voz mejorada por el vino, fumarse unos buenos cigarros, y ser uno mismo entre millones. El pobre apenas se mantiene parado, hace varios días no come, ni se baña, pero eso no le importa, a él que cuando tiene un objetivo en mente hace que el resto de la realidad se suspenda.

-Te veo a la noche, llevá algo para tomar, hay choripanes- me dice y sale como vino, tambaleándose, subiéndose a las corridas a una bicicleta despintada, ruidosa, como él.

Enseguida me preparo, limpio mi guitarra, pienso en todas las mejores canciones que conozco y que quisiera que todos escuchen cantadas por mí. Improviso una selección de mi cancionero, me visto disfrazándome de rocker, tengo el pelo muy largo, eso me ayuda, y salgo a esperar el colectivo, para subir y que me miren raro. Pero soy muy ingenuo, no sé lo que me espera en esa fiesta, ni qué especie de personas más raras y locas son, que lo que yo pueda disimular ser. Viajo y voy cantando mentalmente, tengo todas las gesticulaciones típicas, muevo la cabeza, golpeteo mi pierna con la mano, mi cuerpo entero va con el ritmo en el alma.

Llego y todo parece estar muy tranquilo, sólo hay dos mujeres, y unos cuantos drogados tratando de hacer fuego de un pedazo de tronco. Qué tarados, son ridículos, pero me dan mucha risa, a todos hacen reír con sus torpezas. Yo me hago el loco, pero no tengo ni un gramo de sustancias ilegales en mi cuerpo, entonces me pongo de pie y me hago cargo. Busco ramas secas, las acomodo debajo, con un poco de papel, e inicio una humareda barrial, con lo que me gano el respeto de todos estos drogadictos que me alaban como si hubiera solucionado gran cosa. Luego de unos quince minutos, viene un tipo tambaleando entre la oscuridad del patio, tropieza y cae, golpeando la cara contra un tronco que sirve de asiento. Ni siente el dolor, se para, y ni sabe que tiene la cara ensangrentada, agarra uno de los chorizos con sus manos sucias, y lo parte. –Esto ya está- dice, porque él trabajaba en una parrilla y sabe de eso, él que apenas puede estar parado y no podía ni prender un pucho, él llama a todos a comer. Yo no interfiero, le doy toda la responsabilidad y me miro de reojo con las mujeres que no saben que hacen ahí, pero comen el chorizo crudo como si fuera un manjar, disimulando, para no hacer que los drogadictos se persigan.

Es la hora de comprar vino, yo ya tengo mi guitarra perfectamente afinada, llamo a las mujeres y al único rescatado que todavía no se fue de la realidad para sentarnos a cantar. El tipo que fue a mi casa a la tarde es el organizador de la vaca, tiene como medio kilo de monedas en la mano, agarra su bici destartalada, corre, apoya un pie en un pedal, dándole freno a la playera que tiene freno contra-pedal, sin percatarse, volando como un súper héroe por el patio, pasando por encima de unos escombros, va a aterrizar en la vereda, desde donde nos mira una vez incorporado, enseñando su mano, toda raspada, con todas las monedas. –No se me cayó ninguna loco- y todos festejan, yo sólo puedo reír para disimular estar a gusto. La verdad es que me inspira a decir “esto es cualquiera”, pero sé que la noche recién empieza, y que aún faltan muchas cosas estúpidas y absurdas por pasar. Entonces nos proponemos a cantar y tomar lo que queda de vino hasta que superman vuelva.

Escojo una muy buena canción, muy sentida, con una letra poética, rondando lo exagerado. Pero a nadie parece gustarle, todos quieren rock, y del pesado, me piden que toque algo de eso, de eso que hace ruido, que grita, y que a los drogadictos los hace entender, armar los rompecabezas de sus existencias en completo estado de inconciencia, con mucha bronca en el pecho. Entonces les doy el gusto, la mejor manera de empezar. Cuando el mundo no tiene respuestas, o se vuelve incomprensible, yo sigo acá, insoportablemente vivo. Reza la letra, todos mueven las manos y la cabeza, estamos haciendo un ruido tremendo a puro rock de protesta, y llega superman, con seis vinos bajo el brazo, a la vez que maneja la bicicleta destartalada. Sólo en esos estados es posible hacer terribles hazañas altruistas, en nombre del grupo de tarados que están ahí conmigo cantando que si desde un principio hubieran aprendido a ser unos animales, hoy tendrían instintos nobles, a cambio de sus penas.

La noche sigue así, entre el rock, el vino, las pastillas, los porros, las estupideces que hacen estos individuos, las dos mujeres que parecen estar enamoradas de mis cantos, y superman, que se vuelve a levantar, en busca de alguien, subiéndose a la bici pero esta vez bien, aunque sea solo al irse. Porque al volver trae consigo una mujer embarazada en el caño de la bicicleta destartalada a punto de partirse en dos, tirándose de la bici, dejándola seguir con el impulso y la embarazada en el caño, riéndose de la gran caída que sufre la pobre mujer que le grita que es un tarado desde el piso, con su panza de seis meses, casualmente la cantidad de vinos que se va a tomar, mientras él le dice que se vaya a cagar con la mano, y toma el descartable para hacerle un fondo.

Se acerca el amanecer y ya estamos repitiendo el repertorio, ya hay algunos que se durmieron, y otros que se fueron para no volver, yo sigo sobrio, pero no como antes. Me adentro en la casa y me dirijo a una pieza, con el único rescatado y una de las mujeres que seguía detrás de mí. Nos encerramos con un vino, y mientras ellos se fuman un porro les canto una de las mejores canciones del mundo. Justo cuando entra superman, rebotando por las paredes del pasillo, abriendo la puerta de un choque, con dos pasos y un tropiezo queda desplomado y rendido boca abajo en el colchón que está tirado en el suelo. Qué linda imagen de un quiebre. Yo sigo mi canción. Y él, se sienta con la cabeza floja, cual si fuere un pájaro muerto, no puede mantenerla erguida con el cuello, y canta conmigo. Hoy que no hay tiempo que perder, y todo anda a reloj, que se destruye sin razón, y la vida muere en un discurso, y alguien se encarga de encerrarte, y otro prepara el fin del mundo, y tan lejana queda la esencia, que sólo el hecho de encontrarte para mi, le da sentido, le da sentido a mi vida. Canta escupiendo espuma.

Yo se la canto a ella, que estará en algún lugar mas lujoso que el mío, tomando bebidas caras, sonriendo falsamente a gente que va a echar en cara de los demás todo lo que tienen, y no son. Los “hijos de”, que la llevan a pasear por las playas en camionetas, la invitan con tragos, la aturden con el pop y el ruido comercial que explota pibes ruidosos, inadaptados, compulsivos, como estos drogadictos que integran mi escena, mi escena bizarra en la que me rodeo de entes, para cantarle una canción a ella, y sentir que en algún lugar, ella piensa en mí, para saber que nunca vamos a poder compartir nada. Me gusta sentirlo y que nadie lo sepa.

Amanece en la casa de la lujuria, y los pocos que quedan se disponen a terminar de consumir las pastillas y el vino que todavía hay, entre los que está la única mujer que queda, la embarazada, tomando pastillas y vino hasta ahogarse. Pobre bebé, desde la panza condenado a la drogadicción. Superman me llama a los gritos desde el patio, quiere convidarme con el porro que acaba de prender, para mirar el amanecer. Le digo que no, y lo dejo solo, llorando, llorando de verdad. Me acuesto donde puedo, y empiezo a soñar.

Hace mucho calor, el sol acaba de iluminar la casa, el lío que dejó la noche, todos los descartables vacíos, y unos cuantos envases que no se reciclan duermen en los colchones desparramados por el living y la cocina. Agarro mi guitarra, tomo un vaso de leche y salgo caminando, la ciudad parece un horno, lo que ni siquiera hace falta, la gente sola se quema el cerebro cuando puede, sin necesidad del calor. Me siento muy mal, camino rápido para llegar a casa, lejos de todo eso a lo que me prometo nunca mas volver, como otras veces antes de que entrara superman a mi casa ayer.

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Por Chespi

9 comentarios:

Verònica dijo...

Chespi!
Esos encuentros para mi son necesarios, irme un rato sin irme del todo viendo como los demas se van un poco màs que yo y al dia siguiente pensar que ya fue suficiente y unas noches despues repetir la escena...Poner un pie en ese lugar intangible donde las cosas se perciben de otra manera pero sin cruzar del todo la frontera respecto a lo de todos los dias... en fin no sè si me explico pero al final todo forma parte de lo mismo. A veces se siente bien agudizar los sentidos y salirse de la rutina un rato, de la conciencia màs precaria y encontrar otras partes del mundo cotidiano en el que estamos inmersos...

besotesss!


Vero.

M a i t dijo...

Algo tarde mi comentario, pero en fin...presente.
Una obsesion muy arraigada, firme y para mal, impaciente (pero creo que eso tiene que ver más con mis forma de ser, algo que debería cambiar).
Já, que estés muy bien, felicidá.
Salú', Mait

Basurero Usurero dijo...

¡Viva el Perú, carajo! Suerte.

Rocío dijo...

Chespi una vez mas describis situaciones casi ficcionales, seran?.
Me mata cuando te disfrazas de rocker y vas a encontrarte con gente muy tarada, el ritmo en el alma en los colectivos.. Es lo mejor

Un beso grande, y gracias por compartir tus escritos..

Xaj dijo...

Siempre ella, va a quedarse en un lugar más lujoso que el nuestro. Por suerte, porque uno le desea lo mejor.

Saludos che.

Patchouly dijo...

Hola Chespi!!!
Y yo que pensaba que mis post eran largos!! ^^
Pero me encantan, y los encuentros tb. A menudo son necesarios.

UN beso. Patchouly.

Patchouly dijo...

Hola Chespi!!!
Y yo que pensaba que mis post eran largos!! ^^
Pero me encantan, y los encuentros tb. A menudo son necesarios.

UN beso. Patchouly.

C a r o l i n a dijo...

me recuerda a matias, el del libro MALA ONDA y me quedo con tus canciones y ese secreto querer de alguien que no sabe de tu pelo largo y las letras de lo que cantas.
"tan lejana queda la esencia, que sólo el hecho de encontrarte para mi, le da sentido.."
destacable, entre pastillas y el vino, el mismo sentimiento asoma.

Sil dijo...

Parece que tendemos a repetir esas escenas bizarras donde en realidad "somos", entre drogas, efectos de una forma de vida, de una sociedad, o como se llame...

Igual es rescatable el rock, esa manera de decir las cosas que tenés, es impecable... Por eso tal vez las repetimos...

Saludos Sr.