domingo, 27 de septiembre de 2009

Los puentes y las represas

.

La vena late, la puede sentir, cada vez que fuma, en su muñeca siente el galopeo. Alfredo sabe que ya es hora de dejarlo.

La aguja mas chica del reloj ha dado casi un cuarto de vuelta después del mediodía. Es hora de recibir a una paciente, que no sabe ni lo que quiere, ni quién es, ni para qué se lo pregunta todo el tiempo.

Se sienta y suspira, Alfredo la mira y levanta las cejas. –Venimos cansados?-.

-No no, es que estoy harta de mi novio-. Alfredo anota. –Ayer discutimos mucho y nos dejamos por un tiempo, decidimos que no iba mas así-.

-Bueno, pero es beneficiosos para los dos-.

-Si que se yo, es como que no podemos mas estar un día entero juntos sin pelearnos. Pero ahora por ejemplo quisiera verlo esta noche. Pero mañana a la mañana se que nos vamos a pelear de nuevo-.

-Tal vez tengan que verse por poco tiempo, unas horas, día de por medio-. Y la muchacha lo mira inmóvil, se queda quieta por unos segundos, provocando el fruncimiento del ceño de su psicólogo.

-Esa es la gran solución!?-.

-Tranquila Guillermina, fue nada más que un comentario al pasar-.

-Si como no! Estoy cansada de sus comentarios al pasar. Chau!- la puerta hizo mucho ruido cuando ella la cerró con rabia.

-Y esa fue una de las terapias mas largas con esa mina?-. Ríe Santiago mientras toma su café.

-Así es, siempre se enoja a los cinco minutos por algo que digo y se va ofendida-.

-Que eficiente es tu terapia-.

-Es verdad-. Y Santiago no entiende.

-Disculpame alfredito, pero ustedes los psicólogos…-

-Estamos todos locos-.

-Por lo menos lo sabes-.

-No lo sé, es lo que dicen todos-.

-Y vos qué decís-.

-Que no, que los locos están encerrados en un manicomio, o en un hospital, o presos, o en su casa delirando. No haciendo terapia a tanto la hora-.

-Claro claro-.

-Ahora, si vas y les preguntas a ellos, los que están encerrados, si están locos, te van a decir que no, que los locos son los que están en el laburo, en la oficina, en la calle, en los autos-.

-Entonces quién está loco?-

-No se, vos?-.

-No, yo no-.

-Si claro, eso dicen todos los locos-. Y ambos ríen, Alfredo siente el latido de su vena mientras fuma, Santiago piensa en una anécdota.

-Te conté alguna vez lo que hizo un amigo de la facultad?-. Y ya no importa lo que diga Alfredo, él va a contar la historia.

-El tipo tenía un problema, no se podía mantener despierto a la noche para estudiar. Entonces hacía mate, y nos sentábamos. Estudiábamos un par de horas, y él se dormía, era increíble como caía. Y yo quedaba desvelado, por el mate pensaba. Pero no, me enteré a los años que el vago le ponía pastillas con efedrina al mate, que tenía tanto sueño acumulado que llegaba a la noche y se desmayaba, pero con un par de mates con efedrina aguantaba al menos un par de horas. Y yo no me podía dormir mas después boludo! Ja ja ja-. Alfredo simula que le causó gracia la anécdota, aunque eso fuera lo único que no le causó.

-Efedrina che?-.

-Si, en aquel entonces ya existía, y era fácil conseguirla para nosotros. Manoteábamos en el laboratorio nomás-.

-Decime Santiago vos sos un puente o una represa?-.

-¿Qué?-

-Claro, un puente es eso que está por encima de las cosas, y las deja pasar por debajo. Una represa es eso que está en el camino, y las detiene. Sos puente o represa?-.

-Qué me querés decir con eso-.

-¿No entendés lo que te pregunto?-.

-Mas o menos… vos me estas diciendo que si soy de dejar pasar las cosas, o si me interpongo para aguantarlas, si hago algo para transformar lo que pasa-.

-Mas que eso, porque dejarlas pasar significa resignarse, dejar que las cosas fluyan es no tener poder sobre ellas. Y cuando te interpones lo que haces es retener su energía, su lo que sea que tenga, y lo usas para otra cosa, para lo que vos quieras, cuando creas necesario-.

-Definitivamente soy una represa-.

-Vos crees?-.

-Claro-.

-Entonces lo crees. Me parece bien-.

-A qué viene este planteamiento?-.

-Porque las personas en verdad creen que pueden hacer algo para cambiar las cosas. Por lo que parece es así, pero las cosas siguen pasando sin importar lo que alguien haga. Miralos a los pobres de greenpeace- señalando el diario- siguen y siguen y la matanza del planeta no para; los seudo-comunistas, socialistas, “seudo-todo”, en las mesitas repartiendo folletos y los políticos que siguen robando, la derecha siempre gana como sea, aun cuando parece perder; la policía, y cada vez mas inseguridad; los padres, que nada pueden hacer por sus hijos cuando caen en la basura, y puedo seguir y seguir. Mirame a mi! Todo parece hecho para intervenir en algo, todas las organizaciones, instituciones, todo, pero al parecer no logran lo que quieren, solo lo consiguen pero a medias, o mal. Todo lo que se hace se hace más o menos, o mal-.

-Y es así nomás viejo, que le vamos a hacer-.

-Ves? Ese es el resignamiento de los puentes, tendríamos que acostumbrarnos a que somos puentes, y nada más-.

-Epa che, que pesimista-.

-Si, soy el “tesoro de los pesimistas” pero vos sos peor que decís “así nomás es”, sus un puente grandísimo y antiguo-.

-Bueno pero para cambiar algo hay que empezar por uno mismo ¿no?-.

-¡Que romántico!- con increíble sarcasmo- ¡Es una boludez eso! Está bien, es un principio, para que se haga algo a nivel colectivo, pero, es arrogancia a la vez, creer que con que uno cambie el resto va a hacer lo mismo. Sin embargo muchas veces pasa eso, con lo que se dice “sentido común”. Pero el sentido común no sirve de nada amigo, hay que hacerlo con las cosas que sirven, sino nos vamos a terminar jodiendo siempre, como venimos haciendo hace largo rato-.

-¿No te parece que ya estamos bastante jodidos?-.

-A veces quisiera tener ese sentido común que te hace olvidarte de todo, y pensar que la vida “es así”-.

Afuera, a unos metros, un hombre de gorra, con campera de jean, observa una mujer que va por la vereda con su cartera en el hombro, la tiene agarrada con ambas manos. Al instante está forcejeando. El hombre está tirando con fuerza, cubriéndose la parte inferior echando su cuerpo para atrás. Al instante siguiente, la mujer llora, el hombre corre, la gente pasa.

.

Por Chespi

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Caminando

.
Desde el colectivo se pueden observar todos los caminos que se dibujan por la ciudad. Los hechos a propósito, y los que se hicieron por el sólo andar de las gentes.

Uno se adentra en las ciudades y empieza a recorrerlos, casi sin darse cuenta, al menos conscientemente. Va al almacén, y pasa por la plaza acortando camino por un sendero donde no hay pasto, ahorrando tiempo tal vez, pero mayormente, por la percepción de que ahí hay un camino dispuesto a ser transitado. Si uno anda por las veredas del centro nota que el transito es pesado, y tal vez tenga la necesidad de evitarlo, desviándose por donde andan los mas antiguos, o los mas segregados del centro. Lo que más llaman la atención son esos grandes senderos de piedras en los parques, delimitados en su frontera por varios árboles de la misma especie, perfectamente colocados y alineados. En otoño son el paisaje más solitario de la ciudad, pero necesitan de una persona, o de una pareja, que pasen por ahí, para expresarse.

.


.

-Por esos caminos la gente anda, y se cruza, como anda y se cruza en la vida con las otras personas- piensa Pablo, mientras va en el colectivo rumbo a su casa.

-Qué hacen los caminos, aparte de servir de medio para llegar a algún lado?- sigue reflexionando mientras pasa por una iglesia, ve gente salir, mucha gente, que anda por el camino de Dios, el que lleva directo al cielo, pase lo que pase. A unos veinte metros, hay tres pibes de unos diez a trece años, con escurridores en sus manos, y algunas monedas en el bolsillo. Piensa cruzar a la otra vereda, desviar su camino, pero se anima, y sigue. –Una monedita señor? Pa´ comer- le denuncia el guacho. –Tomá pibe, pero comprá comida eh- lo reta Pablo, que sabe que esos andan por muy otros caminos que los de la iglesia a veces. Esos que llevan directo al abuso de sustancias, y terminan en la muerte sin pena ni gloria. –Los llevará al cielo, a pesar de todo, ese camino?- sigue con la reflexión y va llegando a casa, por el propio camino, despacio, como le gusta recorrerlo, los días grises de otoño, que son especiales para caminar.

Lo espera ella, a quien conociera cuando comenzaba a transitar por la senda de la universidad, el estudio, la carrera, eso que según parece, lleva al hombre a conseguir sus medios, incluso lo haría poseer algún tipo de conocimiento, bajo la forma de una verdad, que editaría su realidad, donde ahora hay caminos que se presentan como enigmas para recorrer.

Ella seguramente ya habría llegado después de su recorrido diario, unas horas antes que él, y estaría repasando lo hecho y por hacer para el día de mañana. También andaba por la senda que él, pero en otra rama. Después de un conjunto de azares, habría terminado yendo a estudiar a esa ciudad, donde fue él, que casi no puede por no conseguir casa. Una pensión fue todo lo que pudo conseguir y costear para iniciarse en su vida universitaria. La misma pensión a la que ella iba a ir a vivir, más premeditadamente que él, pero el mismo lugar al fin de cuentas.

Entra al departamento que ahora, unos años después, alquila, y ella ya tiene la comida casi lista. Lo cierto es que él nunca pensó en encontrarla cuando se iniciaba en esa carrera, en esa ciudad, en ese país, en ese momento de su vida. No buscaba precisamente eso, cuando lo encontró.

-Los caminos, unen azares, y los hacen destinos- pensó mientras la abrazaba y le daba un beso.

.

Por Chespi

jueves, 17 de septiembre de 2009

Dos locos y una pregunta


.

-Qué carajo pasa acá, donde está la ventana-. Este sujeto, siempre eufórico, trata de encontrar alguna abertura, porque no puede, sentirse encerrado. Es uno de esos tipos que le preguntan todo a todo el mundo. Pregunta datos sin importancia, pregunta qué hacer, dónde ir, cómo gastar su dinero, qué elegir. Su historia lo llevó a ser muy inseguro, al punto de que necesita la corroboración de cualquier otro para realizar cualquier acción, para dar cualquier paso. Ahora está parado en una habitación rara, a donde no sabe ni por qué fue, pero él está ahí, porque alguien le habrá dicho que entre. Completamente solo, no sabe qué hacer, pues no hay nadie que se lo diga.

Se abre una puerta y se siente aliviado, ante la inminente presencia de alguien más, en este caso, un sujeto que va encontrando paredes, y cuando esta por chocarse contra ellas, se desvanecen, miles de veces. Se dice a sí mismo que vive al límite, como excusa, para no tener límite alguno. No tiene pared para reventar su cabeza. Y ahora está encerrado entre cuatro de ellas, con un tipo que le pregunta.

-Qué hago yo acá- Insistentemente.

-Viniste a practicar una introspección celestial, para encontrar la metafísica- Agarrándolo para la joda el muy bueno y seguro de sí, se aprovecharía de este pobre sujeto.

-Para qué me sirve eso?-

-Para salir de acá- y se hace carrera y corre directamente contra la pared, la choca y cae al suelo. –Ves? no podés salir por medios físicos-

-Pero vos estás loco cómo vas a hacer eso. Para qué quiero salir yo de acá- No había forma de darle buena justificación a alguien como él.

-Para ser libre, porque estos hijos de puta te encierran acá creyendo que así te van a controlar. Pero son boludeces, en realidad te tienen acá para que no molestes. Sos muy molesto, sabes?- el otro lo mira, desconfiado, casi, porque le cree.

-Vos podés enseñarme a hacer eso para salir de acá? Cómo se hace-

-Es difícil para los débiles mentales como vos. Pero vamos a probar- se sienta, apoya la cabeza contra la pared, y cierra los ojos.

-Qué hago- le pregunta el otro.

-Copiame-

Ambos están sentados, con sus cabezas contra la pared, los ojos cerrados, y el que pregunta todo no sabe en qué pensar. –Pensá en el afuera- le dice, y se quedan callados.

-Nada che, no me sale, sigo acá. Y vos por qué estás acá, sos muy molesto también?-

El otro no responde, entonces insiste. Pero nada. Parece que el otro en realidad se fue de la habitación, y de nuevo, él se queda sin hacer nada.

En eso entra alguien más, -a comer- pronuncia la voz autoritaria, justo lo que le hacía falta al inseguro. El otro vuelve a abrir los ojos, y se levanta.

-Eh, volviste, adónde te fuiste, por qué volviste- aceleradamente.

-Para comer volví, tengo hambre, y afuera estaba aburrido. La gente no es nada interesante-. Va hacia los platos llevándose por delante al pobre sujeto, que además es muy débil.

-Vos qué decís que coma primero, el arroz, o la carne? Cuál es la mejor parte, así la dejo para el final-

-Yo me como todo de un solo saque- y se manda el plato entero, con pan y todo, en unos segundos. El sujeto, que es muy inseguro, ni lo duda, le hace caso, y se termina atragantando.

-Sos muy tonto, si no tenés la capacidad para hacerlo, no lo hagas, te podés lastimar-

-Vos decís que practique?- Sigue molestando con sus preguntas, que no tienen importancia para el otro, que es muy capacitado como para perder el tiempo contestando a todas las cosas sin importancia. Al menos eso creía él, que se inmiscuía en cuestiones más difíciles y elementales, para conseguir el estado puro de la metafísica.

-Para qué querés esa cosa de la metafísica- sigue preguntando.

-Para que nada ni nadie me pueda parar. Cuando alcance mi estado puro de existencia, voy a ser imposible de vencer. Un ser supremo-. Como si fuera el relato de un megalómano en proceso.

-Y para qué vivís entonces?- preguntó automática e inocentemente el sujeto, que no tenía idea de lo que acababa de desatar, pensando tal vez en que la vida sería un constante fracaso, o competencia entre iguales.

Lo cierto es que esa frase tan corta, que apuntaba a una respuesta como todo lo que el pobre sujeto enunciaba, hizo que emergiera un terrible silencio, uno muy espeso que nace y se presenta como insoportable, como la barrera a toda posibilidad de hacer o decir algo. El otro quedó catatónico, duro, como si las paredes de un laberinto se acabaran de cerrar sobre él. Todas las paredes que nunca lo detuvieron, se impusieron con toda la revancha y fuerza de un ejército milenario que esperaba al acecho escondido en los senderos entre las montañas, en las oscuridades de los bosques, detrás de los médanos de los desiertos mas tramposos, de los muros más frágiles, de las evitaciones con mas consecuencias, para todo aquel que pretenda ir más allá de las paredes, esas que se caen cuando se desestabiliza sus bases, cuando se toca al ser, con una pregunta simple y devastadora.

.

Por Chespi

viernes, 11 de septiembre de 2009

Los delirios de Juan... (el globo pinchado)

.

-A qué venís acá, después de tanto tiempo- me dice Juan, se siente un poco de lado, pero sabe bien que no está extinguido. –Al menos estás dispuesto a escucharme?- qué vanidoso, como si yo buscara tanto. La verdad es que solamente vengo a tratar de alinear letras.

-Así que estás confundido- me pregunta en una acepción, es mucho alarde para un pretendido simplista. No es que esté confundido, sino que hay muchas cosas que son repiqueteantes e insoportables.

-Ya te dije que todo esto es por culpa de ustedes, que son ciegos por decisión propia- ya lo sé Juan, no me lo repitas más, no es necesario. Lo que pasa es que hay muchos hablando de un supuesto vacío, una supuesta cosa que no tiene nombre, que según dicen, es lo que esta “pre” a todo, y no hay forma de saberlo, no hay forma de darle estatuto a eso que no es sino nada. Las múltiples cosmogonías se van extinguiendo en ese punto, y se hace cada vez más evidente que no hay cómo llegarle.

-Así que ese es el tema. Estás con la maldita pregunta de todos los que tienen tiempo para ponerse a pensar. Ya te he dicho, que esa pregunta no sirve para nada, porque no tiene respuesta- Puede ser Juan, sabés que trato de no ser de los que andan porque sí por ahí. A mí me gusta complicarla antes de averiguar que es muy simple, como andar en bicicleta.

Juan sabe bien que yo le voy a discutir hasta el color de las nubes, con tal de que me diga la verdad. Y aunque él sabe que yo sé, que nada de lo que pueda aseverarme es verdad, sino sólo verosímil, se dispone siempre a contarme su versión.

-Qué ha pasado con tus personajes, que están tan perdidos, entre los laberintos placenteros de las drogas, entre las superficialidades de lo que ustedes llaman realidad. Qué les pasa que no saben más ni como manejar un desencuentro, o un dolor de cabeza sin andarse con boludeces, con evitaciones, rodeos tontos, que los terminan mareando en medio de un living vacío de objetos interesantes. Qué pasa con sus necesidades mas vulgares y bajas, que no pueden renunciarlas a veces cuando es necesario, ni siquiera en pos de un deseo más, no sé, altruista, como los viejos y buenos protagonistas, esos que hacían hazañas macro, enormes, rompiendo cristales de paradigmas, pisando cabezas de utopías, teniendo agarrado de la cola al escapista por excelencia que es el destino para ustedes-.

No sé Juan, supongo que así están las cosas ahora. Igual te digo, que con toda esa malvisión que tenés sobre nuestra realidad, no pretendas hacerme sentir mal, no me quieras hacer pesimista, porque vos sólo tenés noticia de algo, porque me conoces en las letras. No te me quieras hacer el que sabe todo, si nunca has estado en esta realidad.

-Ya te dije que no necesito de ella. Para qué vendarme los ojos, con banalidades, dejá, prefiero vivir entre los universos que dicen, y son, antes de padecer el no tener, o no ser, que los lleva a cometer suicidio o asesinato, incluso sabiendo que pueden también amar. Para mí Hamlet es una comedia, sabés, me gusta, se le arma terrible kilombo por el sólo hecho de no querer sucumbir a la tentación. Qué inútil, no sirve para nada ese tipo, más que para hacer una pregunta mala- El supuesto deseo de no desear, qué mentira Juan.

Es muy grosero, pero tal vez sea más sincero que grosero, o tal vez ser sincero signifique serlo, un hijo de puta, con las ilusiones de los reales. Y yo todavía pretendo hacerlo funcionar con los engranajes de nuestro sistema. De nada sirve, él está siempre donde tiene que estar, en el único lugar donde nadie que viviera quisiera estar. En la maldecida frontera.

-Hacé una cosa, ya que sabes- me supone sabedor -que ustedes son todos unos globos de aire, pincha alguno que esté mojado, y vas a ver cómo, cuando el aire se expande, las gotas de agua forman la capa y se expanden con el aire que sale del encierro. Es de adentro hacia fuera, aunque no lo creas y te empecines en ir de afuera hacia adentro. Porque esa es su condena, pretenden ir hacia adentro, ignorando que el camino es hacia fuera, hacia los más lejanos espacios, muy allá donde tal vez algún día encuentren nueva frontera si van, nuevas ilusiones les vendrán, de finiteces y clausuras de sus supuestos infinitos en dónde creían estar, y alguien desde afuera, tonto, como ustedes, les pinche el globo, pretendiendo ir hacia adentro-.

Qué fantabuloso sos Juan, el universo es un escapista.

.

Por Chespi

jueves, 3 de septiembre de 2009

Rio invisible

.

Que si no hubiéramos terminado como terminamos, no te veríamos tan majestuoso.

Y no te vemos si no es porque arrastras y dibujas líneas. Río invisible que me cortas la cara, desensibilizando mis manos, haciendo mi cuerpo temblar, en busca de calor.

Me haces acordar que estoy absolutamente solo, en el lugar más solitario del universo.

Cómo vengo a terminar así, y por qué.

Todo lo que te llevas, y traes. Hace mucho tiempo que nada es igual. Desde que depositaste cosas lejanas en mi suelo, que trato de acomodarme. Hubiera sido mejor que me lleves con los míos, y no que me dejes solo, con novedades que no se qué hacer con ellas.

Sos ineludible porque sos el tiempo, eso que no hace otra cosa que cambiarme, sin ser consciente de que la metamorfosis, es un paso mas, y quizá el ultimo.

Le diste la forma a lo que no te pudiste llevar, y le has dado el alma a todo lo que se puede mover. Yo sólo puedo nadar, en tu inmenso despliegue, y pensar que si voy contra corriente, tal vez supere algún propósito de ser, y de no ser, ese que se deja llevar.

Largo tiempo no te vi, pero ahora no me engaño más, estás ahí colmándome el paisaje, río invisible qué importancia tiene que esté acá.

Si no puedo hacer más que percibir tus olas, por las cosas que pasan.

Qué gran pena, que todo tenga que pasar.

Admito que pensé, que tendrías piedad, pero te comprendo. Yo soy río, lo que me has hecho ser. ¡Tuve que nacer sumergido en vos!

Y solamente con vos puedo hablar.

Que bueno que haya norte… y me pueda escapar.

.

Por Chespi