viernes, 9 de octubre de 2009

Asesinato de Cuchillo

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Domingo pasado el mediodía, y “Cuchillo”, junto con sus amigos llena de vino la sobremesa. Por la avenida ayacucho viene pedaleando José, en su bici de mujer con asientito detrás. Cuchillo siente el mareo, José está decidido, y ya ni siquiera lo piensa.

Hacía unos días la hermana le contó a Cuchillo que José había vuelto borracho y maltrató a uno de los mitahíses, ella quiso pararlo, sólo consiguió que se pusiera peor y la moliera a palos. La ley del hombre todavía ejerce su fuerza por estos lugares, donde las cosas se arreglan a la antigua. José salió del lavadero de autos donde trabaja y gana monedas por día, muy cansado, y se tomó todas las cervezas que pudo en el quiosco de la esquina. Llegó a su casa y explotó, al contemplar una escena cotidiana deprimente, que le causaba impotencia. Propino golpes para todos lados y contra todos, descargando un impulso furioso sin motivo aparente.

Cuchillo manda a comprar mas vino, se saca la remera y deja lucir una cicatriz en la panza hinchada por años de sobremesa. Cicatriz que le valió el sobrenombre, cuando en una trifulca ligó un puntazo y tuvo que dejar internado al que se lo hizo. La hermana lava los platos, atiende a los amigos de su hermano el macho, termina y se va a lo de una amiga a contarle sus dramas personales. Al salir mira la vereda, el pasto, la cuneta con mierda a cielo abierto, el puentecito para pasarla, y se va pedaleando por la calle de tierra, llenándose de polvo los pies.

-Cuchillo te buscan-, le dice un amigo, a él, que sale gritando –Quién lo que viene a hinchar a esta hora!-. Le dicen en voz baja que es su cuñado José. Sale enojado, -Sos un hijo de puta!-. Pasa el portón con bronca, medio tambaleándose, José lo espera en el puentecito que une la calle de tierra con la vereda de pasto, sobre la cuneta.

La mujer de José había ido corriendo y toda golpeada a casa de su hermano para resguardarse. Cuchillo le dejó quedarse, ya vería José lo que era meterse con la familia.

-Quiero hablar con tu hermana-. Le dice José, recto, inexpresivo, sólo dos ojos bien abiertos llenos de frialdad.

-Para qué! Para pegarle de nuevo!... Cobarde de mierda porque no me pegas a mi!-.

José saca un cuchillo de su espalda cual si fuere el traidor en una película y lo atraviesa por el estomago, abriendo la cicatriz que le valió el sobrenombre al macho panzón. Cuchillo cae, José se le sube encima para comenzar a incarlo por todo el cuerpo unas veinte veces sin parar.

Se levanta agotado, mira lo que acaba de hacer. Su hijito menor que lo espera, mirándolo a punto de llorar, sentado en la sillita de atrás de su bici para mujer.

Los vecinos de la cuadra salen a ver que pasa, y ven a José irse con el mitahí en la bici.

–Díganle a todo el mundo que yo lo maté-. Enseñando su mano ensangrentada sosteniendo el cuchillo –Yo lo maté, yo fui-. Y se fue ante la mirada de todos.

La madre de Cuchillo, una señora que vivió demasiado pronto la vida y ya estaba cansada, salió corriendo y gritando desesperadamente a ver a su hijo que estaba tendido en la vereda, con los pies en la zanja llena de mierda, agonizando.

–Voy a estar bien mamá, no te preocupes que voy a estar bien, y lo voy a matar a este- dijo y murió, ajusticiado por su propio significante.

La policía fue a casa de José y como no era de esperar, lo encontraron allí. Estaba cocinándoles a sus hijos, unas marineras. Abrió la puerta y preguntó qué pasaba.

-Podés creer?- le contaba el cabo Ramírez a su sargento, mientras mateaban en la oficina, y José, sentado en la celda, sin ningún tipo de arrepentimiento, miraba la pared. -No me quedaba otra, no lo aguantaba mas- decía José al cabo primero, que chupaba el mate hasta exprimirlo.

Todas las viejas del barrio fueron a llorarle a Cuchillo, que a pesar de cabrón, era querido. Acudieron los vecinos que solían desfilar hacia la capilla los domingos, o sentarse en la vereda a ver lo poquito de vida que había en la calle, en las siestas calientes, llenas de tierra, entre las cuales, un día, José pasaba en su bici de mujer con asientito detrás.

El episodio fue archivado, y olvidado, como es costumbre de la ley oficial, incorporándose a la lista de anécdotas del barrio. La mujer, después de todo, se sentía orgullosa de su hermano que la defendió a muerte, y volvió con José cuando salió de la cárcel, a seguir recibiendo golpes de vez en cuando, los sábados, después de una jornada agotadora por monedas, y de unas buenas rondas de alcohol en el quiosquito de la esquina. Seguiría cocinándoles a ese pobre, y a sus hijos, hasta que un día, por esas cosas de la vida, José moriría y el hijo mayor llegaría con una mujer, igualita a ella pero más joven, con algunos restos de alegría aún. Sería fácilmente reemplazada, y olvidada, iría a llorarle a Cuchillo al cementerio, los domingos a la siesta.

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Por Chespi

6 comentarios:

Rosa dijo...

Que relato más duro. En fín, como la vida, no??.
Un beso.

BeLén dijo...

Repitiendo la historia al final, como sucede en la vida de todos. Historias jodidas, está lleno de esas. Todas esconden algo bueno, más allá de que en algunas se termine en tragedia. Lo importante es que se conozcan, ficticias o no, y puedan pensarse y sensibilizarnos.
Saludos!

Verònica dijo...

Chespi, antes que nada, todavia me queda resonando la idea de los abrazos en la plaza, la interrogante, el significado, me diste ganas de volver sobre eso, asique habrà tiempo...
En cuanto a lo tuyo, què decir??? Me lo leì de un tiròn, està muy buena tu manera de narrar, de decir, de dar esos detallecitos (o no tan detallecitos) que a una le dejan el panorama claro y hasta se siente espectadora... y bueno; al fin y al cabo como dicen por ahi arriba, lo somos (algunos); es decir, sabemos que ahi afuera o ahi al lado pasa y que es moneda corriente y que està jodido.
Ojalà se dè cada vez menos, ojalà se repita con menos frecuencia la historia... como dice un informativista de este lado del charco cada vez que llega el cierre "asi està el mundo amigos"...


ABRAZO,

Vero.

Xaj dijo...

La vida es tan miserable a veces, che. Se nos soltò un patìn, tantas veces.

Saludos loco!.

Welshire dijo...

Esa es la ley primera-

Angus dijo...

Buenísimo texto. Duro... pero lleno de matices. Un caluroso saludo.