sábado, 13 de febrero de 2010

Las cuerdas equivocadas

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Estuvo diez minutos sentado en ese cordón con los pies en la tierra mientras el cigarrillo se consumía lento, siempre mirando hacia esa casa vieja. Le gustan las casas viejas, dentro de ellas uno puede vivir mejor. Esas que tienen un patio interior y en el medio una mesa redonda con un par de sillas simples, se podría tomar unos mates y hablar despacio de mañana o tarde y seguramente seria mejor vivir en un lugar así.

Pensaba en eso cuando se dio cuenta de que esa casa vieja era una compraventa. Una compraventa en medio de este pueblo debe tener algo interesante, en realidad siempre pensaba eso cuando veía uno de estos lugares, pero muy pocas veces se metía a investigar. Se levanto, su amigo estaba mirando como el mecánico arreglaba la camioneta, y se fue directo a la gran puerta de madera. Las calles estaban desiertas y el sol rajante, entro. No había ningún patio interior, todo lo contrario, era un gran lugar lleno de cosas ocultas en la oscura humedad. Desde que cerró la puerta y sus ojos se acostumbraron al ambiente, sintió que ahí dentro habitaba en cada rincón de esa geografía uniforme, una personalidad única, ese lugar era como un mundo olvidado, como una gran caja de fotos viejas almacenada en el fondo de un sótano. Eso le gusto y mientras observaba una imponente araña con sus velas amarillentas, hacia sonar sus palmas para verificar si había alguien allí. Nadie contesto, el estaba solo dentro de ese mundo acustizado por curiosidades.

Luego de recorrer en silencio el lugar, luego de reflejarse en los espejos de muebles antiguos con sacos y sombreros de época, luego de abrir libros y hacer pasar sus paginas rápidamente para oler ese olor a viejo, el la vio. Escondida en una esquina detrás de una radio gigantesca había una guitarra, una guitarra oscurecida por el tiempo y curtida por quien sabe cuantas noches de recios acordes. Sin pensarlo la tomo, la afino rápidamente e improviso un tímido folclore. Fue el sonido mas sincero que haya escuchado salir de un instrumento. La tomo y apurado se fue al frente, había decidido comprarla aunque se quede sin dinero, golpeo las palmas con fuerza esta vez, pero nadie se acerco. Miro por la ventana y no vio el pueblo ni el taller ni a su amigo, lo único que vio fue un interminable campo seco. Se desespero y salio afuera con la guitarra en mano y cuando dio el primer paso en la tierra se hundió en lo que parecía un lago oscuro con una superficie de tierra. Se hundió lentamente observando como se alejaba de los cimientos de la casa, que ahora no era mas esa gran casa antigua, era un simple rancho con un joven ombú a un costado. A eso de los quince metros su espalda y la guitarra golpearon con el fondo del lago, lo único que se veía era el rancho y el árbol en la superficie. No lograba comprender lo que estaba pasando, estaba tieso, recostado en el fondo y podía respirar. Empezó a escuchar el galope de un caballo que se acercaba con fuerza, miro hacia el costado desde donde venia el sonido y vio al caballo blanco y un gaucho bien curtido arriba. Se dio cuenta en seguida, el gaucho sabia que su guitarra había sido robada y estaba encrespado con el facon en mano listo para liquidar. Mudo en el fondo estaba el con su guitarra, mientras se daba cuenta con terror que el caballo blanco lo estaba mirando fijo. El gaucho se dio cuenta que su caballo miraba fijo hacia abajo, y se quedaron mirando los dos hacia donde estaba el acobardado en el fondo. El gaucho se bajo con calma de su caballo, se dirigió hacia el árbol, clavo su facon en el tronco y miro hacia abajo, lo miro directamente a los ojos por unos segundos, monto su caballo y se alejo al galope con calma. Cuando no lo vio mas empezó a nadar hacia la superficie y cuando salio, piso la tierra firme y ahí estaba el pueblo, ahí estaba la camioneta y su amigo charlando con el mecánico. Miro hacia el costado, ahí estaba el gran ombú y en su tronco el viejo facon enterrado. Volvió dubitativo al taller con el facon en su cintura y la guitarra en sus manos.

Su amigo lo vio llegar con la guitarra y le pregunto de donde la había sacado. El solo contesto que la había conseguido en una compraventa.

Cuando la Dodge arranco no tardaron en salir del pueblo, estar de nuevo en la ruta era el aire fresco. Las rutas verdes del interior se dejaban pasar con tranquilidad pero también había que tener mucha paciencia, para este par de ociosos no había ningún problema con eso, lo que importaba era conseguir dinero para la comida y el gasoil, todo lo demás era bienvenido.

Se metían en donde se les antojaba, a veces no estaban de acuerdo en meterse en tal lugar o ciudad pero se llevaban muy bien y enseguida llagaban a un acuerdo.

Lo que hacían en cada lugar donde caían era tocar, un cajón peruano y una guitarra acústica era lo que usaban para hacer sus canciones, algo así como una mezcla bastante agitada entre el rock, el funk y el folklore. Pero ahora con la nueva guitarra sonaban diferente, había un groove que se intercalaba en sus canciones como una enredadera de pegamento, con esto las cosas empezaron a cambiar, con esto la calle quedo en segunda y los bares y las casas de cultura quedaron al frente.

El no podía evitarlo, y aunque le molestara, siempre, en algún momento de la tocada, se le venia la imagen del facon, que estaba guardado en la guantera de la Dodge.

Tierra negra, tierra colorada, yuyos cortos y largos, calor, mucho calor, olor a lluvia, viento fresco, oscuridad, monte, luces solitarias en el medio del bosque, santuarios, ofrendas, hoteles baratos, heladerías artesanales, carros con caballos, cervezas, mas cervezas, humo, gente humilde, gente asquerosa, gente tonta, personas que ninguno de los dos trataría de olvidar, mujeres imposibles, mujeres irrepetibles, invitaciones de las mejores, decisiones pelotudas, mediodías imposibles, el perro bruno, mate en cualquier sombra, viejas en las veredas, pibes en bicicletas, baños de estaciones de servicio, puentes que metían miedo, arroyitos, la Dodge empantanada, la Dodge a 150, el techo de la Dodge y las fractales nubes gigantes de los sábados, el mejor viaje en cualquier parte del interior.

Una noche bastante fresca y llena de nubes se deslizaban por una ruta bastante rustica cuando de golpe empiezan a ver a lo lejos lo que parecía ser una casilla y un patrullero al costado de la ruta, el inspector de transito con su campera fluorescente les hizo señas para que se detengan, como no era la policía no tuvieron problemas.

Era muy joven y tenia aspecto de ser de la zona, tenia pinta de ser alguien tranquilo, de pueblito, pero dada su profesión debía ser bastante firme con su actitud.

- Permiso para conducir por favor –

- Sírvase – después de entregarle el permiso se dio vuelta y miro a su amigo, los dos se rieron disimuladamente.

- Cedula verde - Pregunto con ganas de que no existiera.

- Está en la guantera, espere un segundo - Se inclino para abrirla y cuando apretó el botón se abrió bruscamente la puertecilla y se pudo ver el facón iluminado por la luz de la guantera. El que manejaba miro a su amigo como preguntando ¿Qué mierda es eso? Pero no alcanzaron a decir nada que el joven inspector irrumpió el momento.

- ¡¿Que hacen ustedes con eso?! -

Se lo veía muy nervioso y con miedo, el que manejaba no entendía nada y el otro solo estaba en silencio.

- Váyanse de acá, ¡desaparezcan! -

Les tiro el carné por la ventana dio media vuelta y se fue directo a la casilla.

La Dodge puso primera y arranco lentamente, hicieron casi dos kilómetros en silencio mientras el que manejaba iba pensando porque no se habían metido en problemas y porque el zorro se había asustado tanto al ver ese facón. Tomo aire para preguntarle ¿de donde había salido eso? Pero antes que pronunciara algo su amigo le grita.

- ¡¡Cuidado!! -

Adelante, en el comienzo de un puente estaba parado un caballo blanco que los miraba fijo y se mantenía inmóvil, venían muy rápido como para frenar y el que manejaba pego el volantazo para esquivarlo, la van empezó a coletear, se fue contra la baranda y cayeron en un rió hondo. La Dodge, luego de estrellarse contra el agua, se dio vuelta y se empezó a hundir lentamente, los dos se habían puesto los cinturones de seguridad antes de que el inspector los parara, pero estaban en shock por el gran golpe y no reaccionaban, solo estaban inmóviles en sus asientos que apuntaban hacia arriba y por el parabrisas se podía ver un extremo del puente, las barandas rotas y las nubes.

Los dos estaban ya bajo el agua y lo último que alcanzaron a ver fue un gaucho parado en el borde del puente, que observaba como los ladrones se hundían en el fondo del río.
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Por: Martin

5 comentarios:

Josefina dijo...

Que lindo saber de vos y que sea de la mano de estas lineas, me encantaron. Ya se extrañaba entrar a Cosmogonias y quedarse leyendo.

Que sea rock!

Xaj dijo...

Un guión para una película argenta, bien podría ser, che.

Abrazo loco!

BeLén dijo...

Coincido con el comentario de Xaj... al principio pensé que podía tratarse de un sueño, después de alguna crónica de un viaje pero concluyo sin intentar definirlo. Hermoso, verdaderamente.
Saludos, Martin!

Anónimo dijo...

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tank girl dijo...

yo pienso que eran jovenes hippies con muchos hongos en los bolsillos jajajaja :P

cuak