martes, 30 de marzo de 2010

Del malinche es la maldicion

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-Ya no quiero sentir miedo- expresó un alma, a los escrupulosos enjambres de amaneceres tardíos.
Pelié con ochenta seres de mi condición, a fin de no entregar el fruto, el efecto, de un engordar tres kilos. Me ví vacío, necesitado, en fin, atado, no siendo libre, no prestando atención a las mesetas.
Escuché muchos gritos, quise saber qué, pero cuando supe un llanto, sentí terror.
Y no fui por tierra, mucho menos por aire, pero hubiera querido nadar. Me fue imposible, no supe en qué tipo de materia me desplazaba, en qué elemento podía yo caber. Empero me fue fácil advertir: no hay lugares dispuestos a ser ocupados, para quienes vienen entre correntadas de ruidos, a querer ser causa de existencia, de algo que no tiene por qué ser.
Y el alarido, ese llanto desesperado, me era insoportable, pensaba que era yo el hijo de puta que rompía zonas, que moretonaba pieles, que quebrantaba almas. Estaba asimilado a la perversión, y quería solamente dejar de pensar en eso.
Justo ahí fue que me encontró, con enorme suerte, y gran sorpresa para mí, una mano, que nunca supe, y ahora me reprocho tal imprudencia, debió ser mi mejor historia.
Pero a fin de cuentas, sólo resultó ser una mano, nunca aislada de todo un cuerpo, un brazo, una cabeza, un seno, un ombligo, unas piernas, una boca, que si bien fueron lo develado después de cierto ardor, nunca dejaron de ser lo que acompañaba aquella mano.
Cierta mirada detrás del flequillo, cierta caricia de esa mano, cierta sangre en mi hombro, elementos materiales con que se construyen grandes edificios laberínticos, hermosas perdiciones.
Nunca fue habitable para mí ese pequeño seno de indiferencia. Cómo hubiera querido que eso se dirigiera a mí! Esa indiferencia que hace a uno partícipe del odio, ese que viene como lava de volcán, al ser más despreciable en relación a un ideal.
Tantos truenos, tantas tramas, chocolates, alcohol, rayos, líquidos abrazos, que me hicieron dudar de mi cobardía, pues bien: jamás pude destruirla, a esa cobardía que me mantenía cerca, y por otro lado, como el imposible de aquella vida, que se iba a otro continente, mundo, galaxia, universo, y sin saber qué está más allá, incluso más allá de eso.
-Decime qué es, hijo de puta- quiso sacarme un secreto, pero fiel a mi cobardía dije un “no sé”, la mejor forma de terminar ciertas discusiones.
Maldigo tu conciencia, maldigo tu cuerpo, maldigo todo lo que en vos deseo, por ser el mapa mejor dibujado de las fronteras en que ando, y que no animo a atravesar. Maldigo también ese cariño, esa devoción por mi persona, que no se acompañan de deseo, de carne, de sexo, ni de beso. Maldigo todo lo que es, por estar en lugar de lo que no es, y que deseo que sea. Maldigo mi cobardía, mi buena voluntad de no amarte en quilombos ni armarlos, mi querer que estés bien, mi concienzuda forma de estar cerca tuyo anhelando estúpidamente estar dentro, o lejos, tal vez mejormente ignorante de todo cuanto escape a mi reconocimiento de eso que sin ahuyentar, despojo de mis posibilidades. Maldigo el destino. Maldigo mi cordura y la tuya, que no nos dejan adentrar en lo que los roces invitan a pasar: Venid y disfrutad, este es el reino del placer, el prohibido, el mejor, el único.
Maldigo finalmente esos artificios que se cruzaron en nuestros caminos, haciéndonos creer que estábamos bien, cuando realmente nos alejábamos, hacia imaginarios encuentros, días en compañía, noches de conversaciones tranquilizantes, cuales si fueran grandes dosis de clonasepanes, silenciamientos de esas tardes en la vereda, en el patio, esas noches en la calle, en los bares, que nos enseñaron cómo deberíamos marchar, y que enojaron al vernos aflojar, fieles a nuestra cobardía (si, también pienso que la cobardía no fue sólo mía), yéndonos a otros continentes, otros mundos, para metaforizar el verdadero sentir.
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Por Chespi

4 comentarios:

Xaj dijo...

Uno se la pasa maldiciendo todo eso que no quiere, jamás, volver a ser. Aunque incluso lo seas, al momento de abrir el pico.

Saludos locos.

Jacqueline dijo...

el ultimo parrafo me dio piel de gallina..

Maldigo finalmente esos artificios que se cruzaron en nuestros caminos, haciéndonos creer que estábamos bien, cuando realmente nos alejábamos..

me encanto chespi! hacia bastante que no pasaba.. genial como siempre
un beso gigante

marichuy dijo...

Hermoso, duro; certero. Yo he maldecido tantas cosas, he gritado que ya no deseo sentir más miedo ante los amaneceres tardíos (y solitarios). Y quizá entretenida en esto, me olvidé de ver lo principal.

Saludos

taly gugliotta dijo...

sin palabras!