jueves, 6 de mayo de 2010

Barullo en la cocina


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Desde chico tuve la impresión de que las cosas tienen vida propia, entonces para tratar de agarrarlas in fraganti reaccionaba de forma inesperada, por ejemplo estar acostado en la cama en el medio de la oscuridad y el silencio simulando que dormía cuando de golpe prendía la luz del velador y miraba alrededor para ver si detectaba algún movimiento extraño, pero es claro que el velador cuando sentía mi piel sobre su botón alertaba a todos para que actúen como cosas y todo quedara inmóvil.
De grande uno comprende que esto es imposible, que de hecho están constituidas por átomos en movimiento pero el mismo es imperceptible a nuestros ojos, son objetos en potencia según la filosofía. Sin embargo y por suerte la voz extraña que no hace caso a todo lo aprendido y se comporta de modo independiente me seguía susurrando desde el fondo que las cosas si tienen vida y por esto siempre me mantuve alerta por las dudas.
Hoy pasó lo que tanto esperaba y de alguna manera pude pasar por inadvertido.
Me desperté a la madrugada con la boca seca y me fui a la cocina a buscar un vaso agua, la puerta estaba cerrada porque había dejado la calefacción prendida y quería que se distribuya entre el living comedor y mi pieza. Antes de abrir la puerta, la cual no hizo recaudo de mi presencia ya que estaba muy entretenida con la discusión que se llevaba a cabo del otro lado, me quede paralizado en la oscuridad escuchando todo lo que se decían entre las cosas que estaban en mi cocina.
Al parecer estaban discutiendo quien le hacia mas mal a El que en este caso deduje era yo y la situación no era muy amigable que digamos.
Había un cigarrillo apagado por la mitad que se defendía como podía, era claro que no tenía la ventaja, pero lo que decía era bastante lógico.
-Vos no tenés cara, me decís a mi que lo estoy matando y vos le estas tapando las arterias todos los días-  le decía al botellón de aceite - y no me vengas con lo que te dijeron las escaleras, todos sabemos que no se puede confiar en las escaleras-.
A lo que salta el frasquito de pimienta bien picante como siempre y le dice
 -Loco, vos le vas a dar un cáncer de pulmón, no tenés nada que decirnos-
-Mira pimienta vos reza porque no te agarre el gustito porque lo fulminas con un ataque cardiaco, además no se que te metes si tenés recién dos semanas acá, y vos sal no te hagas la boluda porque no sos ninguna lechuguita, además no te agrandes con eso de que le das gusto a todo porque si seguís así le van hacer cortar con tu saborcito y ahí te quiero ver-.
Viendo que las cosas se estaban poniendo tensas salto la lata abierta de arbejas a querer calmar los ánimos.
-Hey chicos cálmense un toque, acá ninguno tiene la culpa, es El, el que decide consumirnos, ¿porque se van a estar peleando por algo de lo que no tienen la culpa?, no tiene sentido-. Todos se quedaron callados mirándola por un momento pero enseguida salto la pimienta ya bastante alterada.
-Pero callate hippie de mierda, vos porque sos una verdura, a vos te consume por obligación nomás, no te metas en esto que no tenés nada que ver-.
A lo que todos secundaron sin inhibición.
-Pero si callate nomás, anda metete en la heladera que te vas a podrir boluda-.
El zapallo quiso defender a su colega pero ni su nombre ayudaba mucho y se quedo muzarella, cabe aclarar que la muzarella miraba tranquila la situación y no decía nada, creo haber escuchado que le susurro a la heladera que cierre la puerta que le estaba entrando calor pero no logre escuchar bien.
Con un tono bastante canchero empezó a hablar el encendedor.
-Pucho, ¿sabes lo que pasa acá? Nos tienen envidia-.
-Ya salto el amiguito-, se quejo el chuker
El encendedor se ríe bien piola y le dice
-Mira edulcorante vos estas acá solo porque la vieja de El te trajo, así que volvete al fondo de la alacena y seguí esperando tranquilo ¿estamos?-
Exactamente eso es lo que hizo el edulcorante largando un par de gotas manchando al café que lo putio de una, -¡pero mira lo que haces gil!- Y el azúcar lo calma -Hey dejalo tranquilo che, se siente solo pobre-.
El encendedor retoma su explicación con su tono canchero y relajado.
-Nos tienen envidia puchito, ellos saben bien que no están presentes en los mejores momentos como nosotros, después de los momentos de puro nervio ¿Quiénes creen que les hacen el aguante he? nosotro muchacho-
-¿Y después del sexo? ¿Quiénes creen que entran en escena? ¡nosotro muchacho!-
-La vez que conoció a Catalina en la sierras de cordoba ¿Quiénes creen que estaban ahí para acompañarlo? ¡¡ ¡nosotro much- Ahí fue cuando decidí entrar de golpe y parar con la discusión…
-Hey muchachos, yo los quiero a todos por igual, ahora déjense de joder y ¡córtenla con el barullo que no me dejan dormir!-
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Por Martin