martes, 21 de febrero de 2012

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La Bianca era amarilla, sus calles de ripio, las baldosas eran de esas que están hechas con muchas piedritas, las casas todas iguales, simples, con sus techos de tejas naranjas y las paredes ásperas de color crema, los postes de luz eran celestes, el viejo del mercado que contaba chistes verdes que nunca escuche y los perros, los gatos, la gente con sus bolsas, los malos, los buenos, las bicicletas de colores fuertes. Todos se mezclaban en los movimientos de los días y hacían que La Bianca sea amarilla para mi, que era un pibe mas tratando de no aburrirme ante nada.
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M.

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